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Nico y los vinos naturales: rosados para tiempos de esperanza

15 abril, 2021

David Blay
El aire del cercano mar ha vuelto a colarse por las paredes de la Bodega Anyora, ante la mejora de datos de la pandemia en la Comunitat y la posibilidad de apertura para locales que se acercan a los 100 años de historia.

Con él llega, además, la esperanza de mirar hacia un verano donde la vacunación y la conciencia colectiva nos acerque a la mayor normalidad posible. Celebrando que seguimos aquí, que estamos juntos y que podemos pedir vino para levantar las copas a la salud de todos los que nos rodean.

Sostiene Nicola Sacchetta que estamos en una tierra que debería acompañar el sabor del Mediterráneo en los vinos que pide. Pero bajo un planteamiento de libranza de la dicotomía clásica. O lo que es lo mismo, apostando por el rosado para este nuevo tiempo. Y es que el mundo de los rosados es apasionante. Tanto que hay países como Francia en los que son venerados. La Comunitat es tierra con tradición de rosados en lo que a producción se refiere, pero no en cuanto a consumo, y es una contradicción en sí misma. Tanto por respeto a esos productores, como por el clima que gozamos, pues una copa de rosado se lleva a las mil maravillas con nuestra gastronomía y nuestro sol.

Argumenta Nicola que sus taninos sirven para acompañar carnes y pescados grasos, pero también generan la frescura suficiente para las elecciones gastronómicas más ligeras propias de la época estival.

De hecho, apunta hacia nombres como Pepe Mendoza o Celler del Roure. De quienes asegura que han dejado dado la vuelta a la historia y trabajan desde la viña este tipo de vinos con uvas nacidas y criadas pensando en productos con nombre propio y color reconocible.

Pero aún va más allá en sus afirmaciones. Puesto que, en el caso de quienes sigan renegando de los rosés (incluso de los espumosos, tremendamente sencillos como método de iniciación) asevera que deberían decantar su balanza hacia frescos… pero tintos.

El monastrell de La Zafra ejemplifica el nuevo escenario de cartas como las de Anyora: con variedades autóctonas pero elaboraciones innovadoras, que consiguen llevar incluso a los incrédulos a cruzar fronteras hasta hace poco prohibidas por los puristas.

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