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La ilusión por vivir de unas tierras llenas de sentimientos hecha realidad con La Zafra

24 marzo, 2021

Mar Lafuente
Un día eres un niño y al siguiente dejas tu casa para estudiar fuera. Acabas tus estudios y regresas. Pero en un abrir y cerrar de ojos estás en una ciudad diferente por trabajo. Pero vuelves, al final siempre vuelves a casa. Así es el ciclo de la vida de muchos y también el de la vida de Mar Cabanes. Ella es de Monóvar, pero ha estado 20 años lejos de su casa, estudió en Girona, estuvo una temporada en Valencia, un año y medio en Guatemala y, finalmente, trabajando como técnica de agroecología en Ciudad Real. En medio de cada uno de estos “cambios de vida”, como ha definido ella, siempre pasaba por su casa, volvía a conectar con sus raíces, con sus bancales y con su tierra para poder empezar otra etapa. Aunque siempre había tenido en mente volver para quedarse. Y así fue. Mar cambió el proyecto de su vida para asentarse e iniciar una aventura arraigada a un paraje muy especial para ella: La Zafra.

La ilusión de volver a casa para quedarse se hizo realidad cuando Mar y su compañero Ignacio Mancebo, con quien trabajaba en proyectos agroecológicos, vieron en las viñas de su familia la posibilidad de vivir del viñedo. Las tierras las cuidaba su padre y, tras su fallecimiento, se quedaban vacías, así que cogió el relevo su tío hasta que Mar y sus hermanas decidieron dar el salto de hacerse cargo de las viñas.

Decididos a apostar por el proyecto y con la mirada puesta en el futuro hicieron una planificación de una pequeña bodega para poder elaborar el vino que sacaban, ya que no era viable vivir solo de la producción. Así nace La Zafra, una microbodega en la que se elaboran vinos naturales que nacen de las tierras que habían sido cultivadas por cinco generaciones.

“Lo que más especial hace a estas tierras es que son de mi familia, por la carga emocional y sentimental que conlleva”, ha resaltado Mar Cabanes. Es lo más importante para ella, pero el territorio tiene unas características que le convierten en un lugar idóneo para el cultivo de la vid, entre ellas la baja humedad en primavera y la escasa pluviometría. Sin duda “una zona muy privilegiada para la viña y para tener uva de mucha calidad”, ha añadido la bodeguera. Unas características que les permite hacer vinos naturales, ya que por el sol y por la aireación no hace necesario tratar mucho la uva para evitar los hongos.

Apostar por la elaboración de vinos naturales es algo que tenían claro desde el principio. Desde la visión de la agroecología, trabajar de la forma más respetuosa posible con el medioambiente es algo fundamental y la producción del vino tenía que ser acorde a esta filosofía. Según Mar “no tiene sentido hacer unas uvas de calidad y luego maquillarlas de alguna forma”. En casa siempre habían hecho vino para la familia y a ella no le gustaba ponerle nada, “hacía mi vino sin añadirle sulfuroso y yo sabía que ese vino salía bien y que incluso estaba mejor. Tenía otros matices, estaba vivo”.

Fue un poco más tarde cuando conocieron que había una Asociación de Productores de Vinos Naturales y que había un movimiento de vinos naturales, con los que se sentían totalmente afines a lo que decían y cómo hacían el vino. Mar ha aclarado que “se confunde mucho a los vinos naturales con los vinos ecológicos y en realidad no tienen nada que ver. Nosotros en la viña tratamos solo con azufre, haciendo mucho trabajo manual en la viña para evitar los tratamientos de hongos. Y luego en la bodega no le ponemos nada al vino, por eso es muy importante que la uva sea de calidad”.

Otra de las peculiaridades de los vinos naturales es que tienen que venir de bodegas pequeñas, en las que sean las mismas personas que elaboran los vinos los que trabajan las tierras. Este tipo de vino “es toda una filosofía y un arraigo a la tierra, por eso tiene sentido cuando es la persona que cuida la tierra la que hace el vino y la que intenta que el resultado sea todo lo sincero y honesto posible con todo el trabajo realizado en el campo”, afirma Mar Cabanes.

Actualmente cuentan con dos hectáreas que pertenecían a la familia, otras dos de unas primas de la bodeguera que están recuperando y algunas más alquiladas. En ellas trabajan variedades tradicionales y fuertes que se adaptan muy bien al entorno. Pero empezaron con Cantalá, una parcela con muchas piedras, piedras calizas y blancas que reflejan el sol y hacen de cubierta que mantiene la humedad y le da una particularidad muy especial al vino.

Para conseguir un vino de calidad es necesaria una uva de calidad. Es por eso que han apostado por variedades autóctonas, la Monastrell y la Merseguera. Las hectáreas de su familia son de Monastrell, la variedad principal de la zona, pero decidieron ampliarlas porque les hacía falta blanco. Su familia antiguamente también contaba con hectáreas de Merseguera, pero las arrancaron cuando se promovió poner las nuevas plantaciones. También trabajan con la variedad antigua y prácticamente extinguida Valensí, la cual compran en ecológico.

Unas variedades que les permiten crear una gama de vinos diferentes. Cuentan con una línea bajo el nombre ‘NU’ que viene de desnudo, ya que son los vinos que no llevan barrica. También cuentan con un rosado, un vino brisado de merseguera, el ‘NU VA’ elaborado con Valensí y el ‘Madara’ que se elabora con barrica. La añada 2017 de este último lo van a sacar próximamente al mercado, un vino que ha tardado más en salir porque tenía más acidez. Y no es el único que tienen pendiente sacar, ya que tienen otro en marcha que es una mezcla de monastrell y valensí, el primer vino que no es monovarietal de La Zafra.

Este es el resultado de mucho esfuerzo y la apuesta por una bodega pequeña que trae muchos beneficios a nivel personal. Para Mar “es algo en lo que trabajas mucho, tienes miedo e incertidumbre, pero muy bonito. Al final lo haces para mantener las tierras y el trabajo de tu familia, eso no tiene precio”. Un proyecto en el que siguen invirtiendo con la compra de una bodega antigua que está al lado de las viñas y que al ver las escrituras descubrieron que era de su tatarabuelo. Para la trabajadora de La Zafra “enterarte que le estás volviendo a dar vida a una bodega que era de tu familia y que hicieron con mucho cariño y mucho esfuerzo alimenta que siga luchando por este proyecto”, a pesar del cansancio y los temas económicos que supone tener una bodega pequeña.

Un paraje que para Mar Cabanes tiene un significado muy especial y donde cerca de sus terrenos, en viñedos antiguos de Monóvar, están solicitando poner placas fotovoltaicas. Ante lo que se ha pronunciado defendiendo que “es una pena que porque la agricultura de secano no sea viable, se vea como una salida económica poner placas fotovoltaicas que destruirían los paisajes. Creo que tendría que hacernos reflexionar cómo se está gestionando esto porque obviamente las energías renovables son el futuro y hay que apoyarlas, pero sin destrozar entornos rurales que ya han sufrido mucho. Lo que hay que hacer es buscar un futuro sostenible en el campo y que las futuras generaciones se interesen en cultivar y trabajar en el campo, que es una profesión muy bonita”.

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Un comentario en La ilusión por vivir de unas tierras llenas de sentimientos hecha realidad con La Zafra

Nos han hecho un artículo precioso en 5barricas!! - La Zafra el 21 junio, 2021 a las 1:26 pm:

[…] La ilusión por vivir de unas tierras llenas de sentimientos hecha realidad con La Zafra […]

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