18 diciembre, 2025


Nacido entre las provincias de Teruel y Cuenca, sobresale en la comarca de Utiel-Requena la localidad de Sinarcas. Una localización que, en base al predominio del sector vitivinícola, ha apoyado históricamente su desarrollo en torno a los viñedos. Unos cultivos que han sido esenciales no solo como motor socioeconómico, sino también a nivel cultural e histórico.
Situada en el contexto de la llamada “España vaciada”, esta localidad valenciana ha sabido consolidar su estabilidad gracias al aprovechamiento de la actividad agrícola y ganadera, con un papel destacado de la vid y del sector avícola, especialmente vinculado a la producción de huevos. Un buen ejemplo de la relevancia de este ámbito es la feria HUE-VIN, un encuentro gastro-enológico que se celebra en el municipio y que en 2025 alcanzó su cuarta edición, poniendo en valor los productos locales y el trabajo del territorio.
Este modelo de desarrollo se enmarca, además, dentro del proyecto turístico comarcal de Tierra Bobal, un destino que, en palabras de la alcaldesa de Sinarcas, María José Clemente Ramírez, “tiene un valor único, con paisajes naturales impresionantes, ideales para la actividad al aire libre, entre valles, montañas, ríos, senderos y rutas de bicicleta”. A ello se suma “una cultura y una historia rica, eventos tradicionales y otros más innovadores, una gastronomía local auténtica y, sobre todo, algo que hoy se valora mucho: la tranquilidad y la relajación para escapar del estrés de la rutina diaria”.
La presencia de bodegas en Sinarcas y de sus parcelas resulta imprescindible para dibujar el paisaje local, en el que gran parte de la población participa con su trabajo y cuidado de los terrenos. Estas firmas forman parte de un sentimiento de orgullo por un legado conocido desde tiempos íberos, siendo sus vinos reflejo del respeto por el territorio y relatores de una identidad profundamente arraigada. Como apunta Clemente, “Tierra Bobal consigue con toda esta oferta acariciar el alma de quienes nos visitan; es un lugar que quien lo conoce y lo ha vivido, lo sabe”.
Junto al vino, otro de los productos que ha acompañado históricamente a Sinarcas es la harina, con la posibilidad de visitar las instalaciones de su antigua fábrica restaurada. Uno de los mayores ejemplos del compromiso con el pasado y la forma de vida es el Ecomuseo del Hábitat Rural, un espacio donde se conservan aperos, herramientas, muebles y utensilios de época.
A nivel arquitectónico destacan cinco estructuras: la iglesia de Santiago Apóstol, construida en el siglo XVII, y las cuatro ermitas de la localidad —San Marcos, San Roque, San Cristóbal y Santa Catalina—, un conjunto de construcciones que explican la historia y dan forma al presente del municipio.
El entorno natural es otro de los grandes atractivos de Sinarcas, con rutas para explorar a pie y en bicicleta, caminos que conducen al barranco de El Regajo o a sus pozas naturales, abriendo la puerta a los amantes del senderismo y la naturaleza. Todo ello se integra en un paisaje limpio y luminoso que define al municipio. “Sinarcas es una tierra limpia, con mucha luz, muy bien comunicada, donde se encuentran todas las bonanzas de la comarca”, señala su alcaldesa.
La gastronomía sinarqueña constituye otro de sus principales valores, con una oferta variada que va desde el pan y los embutidos tradicionales hasta platos como la caldereta, el gazpacho de monte o las patatas en caldo, sin olvidar los dulces típicos, como los burruecos.
A esta oferta se suma el carácter cercano y hospitalario de Sinarcas, un rasgo que define la vida cotidiana del municipio y que el visitante percibe desde el primer momento. “Aquí hay autenticidad, identidad, tradiciones y costumbres que hemos mantenido a lo largo del tiempo; una tranquilidad que te reconforta”, explica Clemente, quien destaca también una creciente tendencia a revalorizar el medio rural y la voluntad de volver a vivir en los pueblos.
Además, la tranquilidad del entorno y la baja densidad de población convierten a Sinarcas en un destino ideal para quienes buscan desconectar del ritmo urbano y reconectar con una forma de vida pausada, ligada a la tierra y al aprovechamiento sostenible de los recursos. Un equilibrio entre pasado y presente que se refleja tanto en sus paisajes como en la manera en que el municipio ha sabido preservar su identidad sin renunciar a nuevas oportunidades de desarrollo.
En este sentido, el turismo rural se presenta como una herramienta clave frente a la despoblación. “El turismo puede ser una herramienta poderosa para frenar el despoblamiento o, como a mí me gusta decir, para avanzar en el poblamiento, porque crea empleo, pone en valor nuestro patrimonio y mejora la calidad de vida en los pueblos”, afirma la alcaldesa, firme defensora de un modelo turístico sostenible, comarcal y profundamente respetuoso con el medio rural.
En definitiva, aunque en Sinarcas uno de los principales proyectores de identidad sean los vinos elaborados por las bodegas, la localidad cuenta con una gran variedad de opciones, tanto gastronómica con sus huevos o sus platos típicos, hasta arquitectónicamente con su iglesia y ermitas, pasando por su gran repertorio natural que completan la esencia de este municipio del interior valenciano.
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