Se advierte al usuario del uso de cookies propias y de terceros de personalización y de análisis al navegar por esta página web para mejorar nuestros servicios y recopilar información estrictamente estadística de la navegación en nuestro sitio web. Política de cookies · Acepto · No acepto

Déjate seducir por el mundo del vino

Menú

“Si cierra el comercio de barrio Valencia se quedará a oscuras”

Un vino con... EDUARDO MESTRES bodeguero

15 mayo, 2020

Jaime Nicolau / Isabel Cremades
Rebelde con causa. Si hay alguien que sabe hablarnos del comercio de barrio y de proximidad es Eduardo Mestres. Este empresario nació en el pueblo de la libertad, como él llama a Vilanova i la Geltrú. Explica con orgullo cómo se fundó el pueblo más liberal de España. Un señor feudal de la Geltrú tenía derecho de pernada y decidió llevarse a una joven. Su novio se negó, saltó al otro lado del río con ella y construyó una casa (quizás un antepasado del rebelde Eduardo). Otros mozos le siguieron. Así nació Vilanova, que después sumó i la Geltrú, y esa tradición liberal es un mandamiento de obligado cumplimiento en el pueblo.

Llegó a Valencia con 27 años, con dos maletas de cartón llenas de ganas de trabajar y mucha ilusión (él siempre lo recuerda comparándose con el más puro estilo Paco Martínez Soria). Venía de Madrid hasta donde le llevó su trabajo en Pirelli. Allí era un peso pesado y uno de los cabecillas de las revueltas de los trabajadores, qué raro. De una vitalidad envidiable que deja en evidencia a su carné de identidad, Eduardo pregona su secreto para seguir cada día al pie del cañón: “No he pisado un médico, ni he tomado una aspirina en mi vida, y bebo medio litro de vino al día” (unas cuatro copas repartidas en las comidas si hacen cuentas). Abanderó la causa del vino valenciano en una época complicada. Creó la asociación de Els Bodeguers y de ahí nació La Mostra de Vins.

Lleva medio siglo sobreviviendo en una batalla de David contra Goliat, con tiendas de barrio especializadas en el mundo del vino, actualmente cinco, en una película en la que el bueno ya ha ganado. Enamorado, por tanto, del vino pero también de los productos del campo y de Valencia, su paraíso terrenal. Sus tiendas de barrio venden vinos prestando una sonrisa, una atención personalizada, un gran asesoramiento y mucha profesionalidad. Su proyecto ha sabido promover como nadie los vinos valencianos durante más de 50 años y dar visibilidad a productores de todo tipo… No se corta en meter en su maleta seis botellas cada vez que viaja. Se presenta con ellas en restaurantes de alta alcurnia, y allí que las deja para que el sumiller pueda catarlas y vea lo que son capaces de hacer las bodegas valencianas. Genio y figura…

Tomamos un vino virtual, o dos porque va a ser largo, con Eduardo Mestres Mataró.

5barricas.- En 1973 creaste el primer escaparate de vino valenciano y conseguiste reunir 16 referencias. Lo tuyo te costó… ¿Cómo fue esa primera experiencia?

Eduardo Mestres.- Yo llevaba cuatro años en Valencia y tres con el primer comercio abierto en la avenida de la Malvarrosa. Visto que cuando hablaba a los clientes del vino de su tierra ponían cara de extrañeza, pues se me ocurrió hacer un escaparate con 16 vinos valencianos. Hablé con la asociación de los cinco importadores de la comunidad, con las cooperativas… hasta poder reunir esos 16 vinos. Recuerdo Castillo de Llíria, de Bodegas Gandía, que será a la que más le debemos el momento actual del vino valenciano; Vall de Sant Jaume, de Cherubino Valsangiacomo; había vinos de Murviedro, que en aquel entonces era Shenck; tenía vinos de Egli, que son los actuales Casa Lo Alto; Las Torres de Serranos, un vino de los Mompó (después Vinival); de la Cooperativa de El Villar; de las dos cooperativas de Requena, Vinícola Requenense y Coviñas; también de Turís, de Cheste… prácticamente son los mismos que después estuvieron en la primera Mostra de Vins.

5barricas.- En 1984 conseguiste fundar Els Bodeguers, Asociación de Bodegueros y Licoristas de Valencia. Tres años más tarde esa iniciativa toma forma y se convierte en una importante feria gastronómica: La Mostra. Cuéntanos cómo nace…

E. M.- En aquellos momentos en Valencia había muchas bodegas que vendían a granel, embotellado, licores… Seríamos más de 100 y si cogíamos el área metropolitana unos 200… ahora quedamos muy pocos. Unos porque las nuevas generaciones han tomado otros caminos, otros, por la dureza de este negocio… Intenté hacer la asociación muchas veces, pero en aquel entonces yo tenía muy poco volumen y no era capaz de movilizar esos caracteres un tanto individualistas. No dábamos con la clave de ser lo suficientemente solidarios. Al final, consigo crearla con ocho y vamos caminando juntos hasta 1987 año en que realizamos la primera Mostra de Vins.

5b.- Nos has contado muchas veces cómo pasaste días sin dormir, teléfono en mano, convenciendo a las bodegas para que acudieran a esa primera Mostra de Vins en la Plaza del Ayuntamiento… Recuérdanos esa época.

E. M.- Fue muy duro pero mis compañeros de Els Bodeguers me apoyaron muchísimo y no me dejaron solo, especialmente Vicent Seguí, en paz descanse. Quedaban seis días y solo teníamos seis bodegas inscritas, una de ellas Cherubino Valsangiacomo, con Arnoldo padre dándonos un apoyo que nunca he olvidado. Ahora lo veo con otros ojos y hasta sonrío, pero tuve que recurrir a todas las fórmulas. En esa fecha yo ya había ganado volumen de negocio y tenía más fuerza. A algunos les prometí comprarles 50 cajas si venían, a otros les prometí lo contrario si no venían (ríe)… Al final, me apoyaron muchísimo con todo y logramos reunir 16 bodegas. Como mi primer escaparate. Es un número que marcó mi vida aquella época. Soy un hombre de fe y no me rindo nunca.

5b.- Emprendiste con tu primera tienda en la avenida de la Malvarrosa en 1970. ¿En qué difieren tus establecimientos? ¿Trabajas con diferentes bodegas o con un mismo catálogo?

E.M. Han sido tiendas del pueblo y para el pueblo. Han tenido hueco para todos los proyectos por humildes que fueran y no me ha importado ‘pasar’ de todo un Vega Sicilia u otras marcas de renombre. He ido más a las empresas pequeñas y, sobre todo, a los productos valencianos. Llego a las 16.500 referencias, que no es poco (ríe)… casi 9000 vinos.

5b.- ¿Por qué decides coger la bandera de los vinos valencianos con ese punto incluso de beligerancia?

E. M.- Yo creo que el hombre propone y la naturaleza dispone. Me he criado, en mi Vilanova i la Geltrú, en el campo y entre masías. Una de las cosas que más me gustan desde niño es comerme la uva en la viña, a la temperatura que esté. Y me he dado cuenta de que en la Comunitat, con sus diferentes zonas productoras y sus climas, tenemos una gran riqueza de variedades autóctonas que se adaptan perfectamente a sus condiciones, que nos garantizan las mejores uvas del mundo. Y me pueden decir misa. Tenemos la mejores uvas del mundo, que es la materia prima, que son de nuestras cepas, y estas de nuestra tierra y del esfuerzo de nuestros agricultores. Cuando yo era niño recuerdo que en el Penedès o el Garraf, se tenían que hacer cada año hasta cuatro sulfatadas y, sin embargo, aquí hay años que no es necesario ningún tratamiento porque nuestro clima hace que nuestras uvas nunca se pongan enfermas, salvo años de lluvias excepcionales. Es decir, tenemos viñedos prácticamente ecológicos sin hacer un esfuerzo extraordinario por las condiciones que nos da la naturaleza. Eso es una gran ventaja de materia prima. Nuestras cepas sufren, les falta agua, sus raíces llegan a profundidades impensables… y esa cepa que ha sufrido da los mejores racimos. Si a esto añades el sol, pues la naturaleza nos está dando una fórmula mágica. Si tenemos las mejores uvas tenemos que tener los mejores vinos, y lo demás son ‘hostias’ (ríe). Y que no me vengan con que si huele a plátano, con toques ahumados, minerales y otras cien mil tonterías… el vino es uva y hay que encontrar esa uva en el vino. La fruta.

5b.- ¿Adaptas la oferta de las tiendas en función de los barrios: Malvarrosa, El Cabanyal, Blasco Ibáñez, El Carmen, L’Eixample?

E. M.- Son las mismas referencias, pero en función de los barrios se consumen unas cosas u otras. El cliente de cada una de las tiendas no tiene el mismo perfil. Se consumen cosas diferentes, pero siempre muy enfocadas al vino valenciano. Si no hubiera apostado por el vino valenciano como lo hice, hoy no tendría las tiendas abiertas, como le ha pasado a muchos. El 75% de lo que vendo son valencianos. En mis tiendas hay cercanía y profesionalidad. Se recomienda y asesora mucho al cliente. Y no es fácil. No nos sirve un dependiente cualquiera. Nuestros trabajadores tienen que amar lo que hacen. En mi empresa no hay reloj, nadie lo mira. Ni hay lujos ni decoraciones que no sean botellas. No vendo lámparas, vendo botellas (ríe).

5b.- ¿Todavía hay vinos que te sorprenden? ¿Cómo crees que se está trabajando actualmente?

E.M.- Hay vinos que me sorprenden, pero casi todos son jóvenes o vinos con mucha fruta. A mí ya nadie me sorprende con reservas y crianzas. Me llevo cada día un vino a mi casa para catarlo con mi mujer (lleva la tienda de la calle Burriana) y hacemos nuestro departamento de calidad particular. Si nos la acabamos: fabuloso; si faltan 3/4, bueno; si hay media: no tan buen; y por debajo, no podemos servirlo a un cliente. Eso lo hago también con clientes de confianza para que me den su opinión. Si no repiten, no te calientes la cabeza ni con marketing ni ofertas… no hay nada que hacer. En los últimos años me estoy enamorando cada vez más de los blancos y los rosados también. Pero a mi edad ya lo que busco es mucha fruta. A mí los vinos con mucha crianza ya no me atraen, creo que es para otro tipo de público más joven. Creo que todos evolucionamos según la edad hacia un tipo de vinos. A los vinos con una exagerada crianza en madera, propios de algunas zonas españolas, yo les llamo ‘vinos de cementerio’. En mi opinión son vinos ‘fúnebres’ que ya no tienen potencia de fruta. Y yo disfruto mucho cuando le encuentro la fruta.

5b.- ¿Y para la gente joven?

E.M.- Especialmente vinos fáciles con los que acercar a la gente joven al vino. Esos vinos de baja graduación, con burbuja… les recuerda a sus refrescos y ese paso es así más fácil y, poco a poco, ya irán subiendo en la escala dentro del mundo del vino.

5b.- ¿Ha llegado el esnobismo también a los clientes?

E.M.- En nuestro caso saben a lo que vienen y normalmente se dejan asesorar. Hace años yo quería poner un cartel que rezaba: “En esta tienda no queremos clientes entendidos en vino”, pero mi mujer no me dejó (ríe). Cuando entra un entendido lo tienes media hora paseando en silencio, cogiendo botellas, te mueve media tienda… y después termina que cuando le dices el precio la mayoría de veces se marcha, parece que pretenda que por ser especialista en vino se lo regales. Como mis clientes me conocen y saben que digo lo que pienso, pues casi todos ellos vienen sin reloj y estamos un buen rato razonando. Comentamos y disfrutamos mucho. Soy feliz vendiendo una botella de vino. Cuando voy fuera de Valencia me llevo botellas en la maleta. He estado en restaurantes de mucha categoría y he entregado esas botellas al sumiller para que sepa lo que se hace en Valencia y después he pedido un vino de la carta para comer. Se quedan muy sorprendidos y yo con la satisfacción del deber cumplido.

5b.- Tu lema es Espirit de Vi. Espíritu de amor al vino, a la amistad, al trabajo a los agricultores…

E.M.- Desde pequeño en mi casa siempre reinaba ese espíritu de vino. En mi tierra tiene mucho arraigo. En Valencia lo utilicé y caló. Ahora estoy preparando una tienda online que tendremos lista la semana que viene. Tengo un avance en la Mostra En Casa de Proava, que ojalá triunfe como la Mostra y el Celler.

5b.- Hablas emocionado de La Mostra y el Celler de Proava…

E.M.– Cómo no me voy a emocionar si los considero hijos míos. Ya hemos hablado de la Mostra, pero anda que no di patadas para conseguir lo del Celler del s. XIII de Proava. Con el Ayuntamiento, con el Instituto de la Vivienda… me decían que eso no existía y allá que me iba a ver al entonces teniente de alcalde, Novo, que lo conozco de toda la vida. Di mil patadas con el equipo de Proava. Pude demostrarles a todos que existía. Y me ayudó mucho Marta Valsangiacomo, que era directora general y Maritina Hernández que era consellera. Un día Maritina y Marta citaron en lo que hoy es el Celler a Novo y, cuando lo vio, llamó rápidamente a la registradora del Ayuntamiento y vino a registrar una propiedad que hasta ese momento no sabían que era de ellos. Era un bien para todos.

5b.- Vamos un poco a la actualidad. A ti que te duele mucho el comercio de barrio, ¿qué sientes cuando sales a la puerta de tus tiendas y ves negocios cerrados que quizás no vuelvan a levantar la persiana?

E.M.- Cuántas veces he llorado. Cada vez que cierra un comercio de proximidad en mis ojos salta alguna lágrima. He intentado ayudar a muchos de ellos, pero es el consumidor el que tiene que concienciarse. Hemos visto colas en grandes superficies y los grandes profesionales vacíos. He luchado mucho estos días y no dejaré de hacerlo nunca. Me hace gracia cuando me dicen que compran en grandes superficies porque es 20 céntimos más barato. Yo les recuerdo que han cogido su coche, han tenido que andar 200 metros por el parking, han comprado sin que les atienda o aconseje nadie y han vuelto a casa. Y pretenden regatearte esos 15 o 20 céntimos. Eso es no apreciar la profesionalidad del comercio de barrio, al mejor profesional. Cuando Valencia no tenga comercio de barrio las calles estarán oscuras. Esa relación de confianza, vecindad y amabilidad con el tendero de barrio es impagable. Y ahora, encima, tenemos que sumar otra ‘cabronada’ que es recoger los paquetes de Amazon del vecino de la puerta 7, que son amigos y no puedo decir que no, porque el vecino no está en casa. Lo que faltaba (ríe). Hay días de 15 paquetes… los tenderos tradicionales somos masoquistas y tenemos tanto respeto por nuestros clientes que también lo hacemos. Pero yo no he pisado una gran superficie en mi vida. Me abastezco del comercio de barrio. No he pisado una gran superficie en Valencia, no quiero que me vean mis clientes allí. Cuando quiero ver lo que hacen para estar al día, lo hago cuando voy a Madrid o Barcelona.

5b.- ¿Qué podemos hacer para que la gente valore lo nuestro y a esos profesionales del comercio de proximidad?

E.M.- Pues tenemos que lograr que la gente comprenda que ese comercio tradicional le da un plus de profesionalidad. El consumidor tiene que entender esa atención y valorarla. A los comercios tradicionales va la gente de caché, como el que va al mejor médico. El comercio de proximidad es el de tu amigo, el de tu vecino… el que nunca te va a engañar. Yo para mis clientes quiero lo mejor, lo que querría para mí.

5b.- Para acabar Eduardo, háblanos de tu premio Eduardo Mestres que este año has otorgado a Sierra Norte, aunque no lo has podido entregar todavía por la suspensión de La Mostra.

E.M.- Ese premio ha salido de mi corazón y está en el corazón de Sierra Norte. Ya haremos la entrega. Es un premio que mucha gente no sabe lo que me lo trabajo. Cada día tomo una anotación. Voy a ver la bodega sin que lo sepan, paseo por el viñedo, hablo con sus empleados y sus comerciales… y hasta el día antes de hacerlo público no lo sabe nadie, ni mi mujer, y paso nervios pensando si he sido justo. Y cuando lo doy, se me agranda el corazón pensando que sí, que he sido justo.

Pues con esta pasión se come a bocados Eduardo Mestres la vida. Dirige cinco tiendas de vino de esas que tienen empaque y se rifaría cualquier casco antiguo de la capital más bella que puedan imaginarse, pero él ama Valencia. Bouquet, en la calle Burriana; Celler Bouquet, en la calle Baja; Superbotella, en la Avenida Malvarrosa; Bodega Cabañal, en Blasco Ibáñez y Bouquet Cabañal, en el mercado de ese emblemático barrio. La conversación ha durado dos horas. El vino virtual se ha alargado casi al medio litro que Eduardo recomienda. Contamos las veces que hemos utilizado ‘Eduardo ríe’ en esta entrevista y son muchas. Y también las lágrimas. Porque así de intensamente vive Eduardo cada día. La conversación nos reafirma, Eduardo Mestres es un enorme referente para el sector del vino valenciano (que así lo reconoce) y también para el comercio de barrio. Pasión, rebeldía y profesionalidad infinita. Es un orgullo todo lo que hemos vivido contigo… y lo que nos queda amigo Eduardo.

¡Salud!

200429-valsan-vermu-800x200px

Artículos en imágenes

2 comentarios en “Si cierra el comercio de barrio Valencia se quedará a oscuras”

Valsan1831 el 15 mayo, 2020 a las 10:32 am:

Eduardo incansable al desaliento, una lección para todos, gran artículo Jaime, muchos Eduardos nos hacen falta hoy!

Pepe Mendoza el 22 mayo, 2020 a las 9:37 am:

Eduardo Mestres.
Visionario del vino Valenciano…en los momentos que ni nosotros creíamos en nosotros.
Gracias a él …..se empezó a crear nuestra imagen global y el asentamiento en nuestra sociedad como vinos y viñas de calidad.
Bravo por él.
Te debemos tanto.
Pepe Mendoza.

Deja tu comentario

Tu e-mail no será visible.

* Requerido

* Requerido

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.