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¿Qué vino elegirías para cenar en una casa de París?

25 noviembre, 2020

David Blay

No es solo la pandemia lo que nos ha llevado a replantearnos nuestras vidas. Es un tiempo donde todo va rápido. Algo que no es necesariamente malo, porque permite vivir varias vidas en una. Al fin y al cabo, nuestros padres y nuestros abuelos se pasaron la existencia haciendo casi siempre lo mismo. Y, en demasiados casos, no era precisamente lo que les apasionaba. O si lo era, no tenía por qué mantenerse la llama durante 40 años.

Por pasión, necesidad o simplemente curiosidad, seremos muchas personas distintas (también en el ámbito profesional) a lo largo de las próximas décadas. Y eso podría hacernos felices, por el simple hecho de encontrar nuevos retos que generen estímulos distintos en nuestro día a día.

Sebastien Parraud es una de esas personas. Parisino con madre y abuela valencianas, se ha criado en Francia pero habla español, pasó algunos años de su infancia en la capital del Turia y solo contempla una fideuà mirando al mar cuando visita su segunda patria. Pero, mientras habita la Ciudad de la Luz, ha sido ya muchos perfiles diferentes. Periodista de deportes en L’Équipe, realizador en Eurosport y productor de documentales para diferentes plataformas.

Sin embargo, precisamente justo antes de iniciarse el confinamiento (aunque la idea en su cabeza había anidado hace años) se planteó quedarse un restaurante en el barrio de Batignolles, al lado de su casa. Y en vista de los exorbitantes costes que suponía únicamente levantar una persiana decidió ponerse a cocinar por su cuenta.

Un día, unos amigos invitaron a la familia (él, su mujer y su hijo) a pasar un fin de semana en un chalet de las afueras de la capital gala a cambio de que Seb les preparara la comida. Y, mientras tomaba la cocina, su anfitriona fue haciendo fotos del proceso. Lo normal en nuestra era totalmente digital.

Sería cuando se sentaron a comer el momento en que ella misma le dijo si no pensaba contestar a los mensajes. «¿Qué mensajes?», dijo él mientras se daba cuenta de repente de que había más de 200 solicitudes para repetir la liturgia en otras tantas casas. Instagram había vuelto a hacer magia.

Desde entonces, con el parón por el confinamiento, ha pasado por pisos del oeste de París para los que no tiene una calificación que pueda acercarse a su grandiosidad. Ha participado de conversaciones con muchos de los poderes fácticos de la ciudad, convirtiéndose además en una persona de enorme confianza para unos círculos habitualmente herméticos. Y ya está siendo contratado para proveer de catering a sesiones de foto y vídeo para 20 personas de marcas nacionales e internacionales.

Y mientras, una pregunta siempre le ronda la cabeza. ¿Con qué vino debería combinar la propuesta de hoy? Acompañada de otras, como si un menú determinado tendría que basarse solo en maridajes con champagne o incluso si debería informarse antes de la clase de bodega (inimaginable, en algunos casos) de que disponen sus distintos anfitriones.

Lo que subyace, pese a todo, son dos conclusiones claras: que seguiremos queriendo reunirnos con amigos para hacer comidas especiales, independientemente del espacio que elijamos para ello. Y que Sebastien ya ha iniciado su segunda vida.

Y, cuando lo ves, ha vuelto a sonreír.

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