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¿Peligran las marcas de nuestros vinos?

16 septiembre, 2021

David Blay

Si por algo han destacado, e hiper evolucionado, las bodegas patrias en los últimos años es por haber incorporado especialistas en áreas que tradicionalmente estaban descuidadas. No solo se han profesionalizado las partes enológicas, por ejemplo, sino también algunas como los departamentos de exportación o hasta los de diseño y marketing.

Sin embargo, existen muchos aspectos alrededor de la comercialización de un vino que siguen realizándose de manera interna, lo que en algunos casos deriva en problemáticas importantes que podrían haberse evitado no solo acudiendo a la persona adecuada sino también realizando un desembolso ligeramente mayor. Que, por cierto, compensaría los problemas futuros, tanto en quebraderos de cabeza como en la parte económica.

Carolina Sánchez Margareto, abogada especializada en patentes y marcas dentro del sector de la propiedad industrial, ha trabajado en muchos de estos casos. Y no solo alerta de los peligros de no realizar correctamente el proceso, sino también explica qué pasos habitualmente no contemplados por los productores pueden ahorrarles quebrantos inesperados.

Por ejemplo, comenzar por registrar las botellas y las etiquetas como diseños industriales si estas son singulares y fácilmente reconocibles. Una combinación perfecta junto al registro del nombre del vino como marca denominativa. Ventajas de registrar un diseño: Primero, el proceso de registro para diseños es menos costoso. Y segundo, tardan en concederse tan solo una semana aproximadamente en contraprestación a los seis meses mínimos que deben transcurrir para que la marca sea concedida. Todo ventajas para comercializar las botellas atractivas tanto para el consumidor como para muchas bodegas!

Hay que tener en cuenta la sobresaturación actual del mercado en cualquiera de los canales de venta, lo que hace que los consumidores recuerden en la mayoría de las ocasiones mucho más el aspecto visual que el naming. De ahí la importancia del registro como diseños de botellas que tengan carácter singular.

A ello hay que añadirle la inscripción para operar en territorio español, europeo o mundial en el caso de que vaya a destinarse una parte de la producción a la exportación. Cabe recordar que los diseños se renuevan de cinco en cinco años hasta un máximo de 25.

¿Cuáles son los principales errores detectados en los últimos años? Por ejemplo, realizar un registro de marca en la Clase 33 (dedicado a bebidas espirituosas) sin especificar si el vino es rosado, espumoso o tinto, lo que puede llevar a que una firma por ejemplo de cerveza se apropie de la denominación.

También ocurre que quien dispone de su propia web para ejercer la compraventa online no proteja la marca en la Clase 35, lo que implica que cualquier otra persona podría apropiarse la distribución a través de este canal.

E incluso el desconocimiento casi general de la Clase 41, epígrafe destinado a quien organiza eventos para realizar catas.

Es este un tiempo donde la ciberseguridad cada vez está más comprometida. Donde los hackers buscan monetizar desde paralizar los servicios de un hospital hasta comprar dominios no registrados. Y donde el mundo del vino es uno de los menos profesionalizados en este aspecto.

Todavía estamos a tiempo de que el esfuerzo de mucha gente no se vea comprometido. O, al menos de que dispongan de toda la información posible para ello.

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