14 mayo, 2021
¿Puede un nombre, la forma de una botella o una sola etiqueta contarnos una historia que se forme en nuestro pensamiento y nos incite a escoger algo desconocido?
Podría pensarse que es algo secundario, primando la calidad, el origen y hasta el color del caldo. Pero muchas personas ignoran que detrás de este camino deben cruzarse perfiles de marketing, psicología, comunicación y diseño.
Para ello es necesario visitar el lugar de origen del producto. Conocer sus historias, su metodología y qué les hace especiales entre miles de opciones. Incluso en pandemia. Lo presencial determina cómo se trasladará a quien quiera consumirte por alguna razón concreta.
La dificultad, además, se acrecienta cuando se trata de dotar de personalidad a una familia completa de productos, donde debe decidirse qué mensaje común les une y cómo hacerlo saber cuando no es un solo el que se planta en el escaparate.
Un ejemplo creado por el estudio de diseño valenciano Brandsummit es el de Naipes Wines, cuatro vinos cien por cien españoles donde la baraja autóctona lidera el hilo conductor de su historia.
Las figuras de la sota, caballo y rey y los palos de oros, copas, espadas y bastos se mezclan para unificar una sola idea: rendir tributo a juegos clásicos como la Brisca, el Mus, el Tute o el Guiñote. Y hacerlo para llevar la cultura española al mercado americano.
De este modo, no solamente se exportan tradiciones propias a nuevos países, sino que al tiempo se crea marca España en ellos y se transmite alrededor de una apuesta muy determinada por el estilo de vida unido al vino mediterráneo.
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