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Chera-Sot de Chera: el paisaje como álbum familiar del planeta

29 julio, 2022

El Parque Natural de Chera-Sot de Chera contiene las fuerzas de la naturaleza a flor de piel. Acompañados del X2 de BMW ENGASA, visitamos el único Parque Geológico de la Comunitat Valenciana junto a una de las bodegas más selectas de España: Hispano Suizas.

Texto: Rubén López Foto y vídeo: Vicent Escrivà y Fernando Murad

Si el paisaje es memoria, este territorio guarda el álbum familiar del planeta. Un presente aparentemente inmóvil, porque las páginas geológicas no pasan a la misma velocidad que las del hombre. Lo que el visitante observa aquí es el tira y afloja de las fuerzas de la naturaleza, teniendo como campo de batalla la corteza terrestre. Una superficie que se arruga, pliega y fractura, manipulada como si fuera blanda plastilina, pudiéndola ver con los ojos y tocar con las manos. Estar ante ‘El Anticlinal’ de Sot de Chera es asistir a una clase de ciencias al aire libre. Es una de las joyas de la corona, aunque esta tierra está salpicada de rincones de una genuina belleza, como le avisan al viajero las técnicas en Educación Medioambiental del parque Paula Poveda e Irene Llorenç.

No solo de las que te dejan de piedra, valga el símil, sino de las que te arrullan al oído, a cau d’orella. Chorreros, ríos y manantiales se convierten en un hilo musical continuo. Se estiman 152 fuentes permanentes en Chera y 85 en Sot. Ya sea en el Valle de la Alegría o visitando las Cuevas de la Garita o Las Toscas, el agua es fiel compañera. El paraje de Las Toscas parece salido de la pluma de Julio Verne en Viaje al Centro de la Tierra. Una surgencia que no brota a causa de la lluvia, sino por repentinas bajadas de presión atmosférica. Se las llama fuentes vauclasianas y solo hay un puñado de ellas en el mundo. Y una está aquí, bajo un retablo de piedra tosca o travertino que parece obra de la imaginación más desaforada.

Naturaleza encantada
Una imaginación que interpreta el horizonte. Como desde el castillo árabe de Chera, desde donde se denomina el Salto de la Mora, y que los cheranos conocen como pico del rinoceronte. Este es otro de los grandes atractivos de una región que parece vivir en un mundo aparte.  Como si estuviera bajo el influjo de un hechizo que dura millones de años. Un tiempo que ha quedado fosilizado sobre unas montañas que atesoran huellas de dinosaurios, pequeños nautilus o amonites, cuevas y grutas plagadas de estalactitas y estalagmitas. Y una vida que tapiza su roca viva de bosques relictos como las tejedas. No en vano, el parque cuenta con dos Microrreservas de flora, y junto a la Oficina de información de Chera se guarda un banco clonal de este árbol de longevidad milenaria.

Y qué decir de los cielos. Esos azules líquidos del verano, que no parecen tener principio ni fin. Levantar la vista e impregnarse del espíritu alado de las águilas que los dominan. O echar a andar desde ‘El Anticlinal’ siguiendo el curso risueño del río Sot, por uno de los valles más felices del mundo. Cruzándolo varias veces, mojándonos los pies, dejando que sean los sentidos quienes tomen las riendas del camino. Una experiencia que nos hará crecer como los árboles, a base de anillos. Como los de la sección del tronco del Pi de la Bassa que custodia la oficina de Sot. Al viajero le gustaría contarles quién fue ese árbol varias veces centenario pero, como suele decirse, esa es otra historia. Ahora toca contarles otra igual de enriquecedora.

Bodegas Hispano Suizas
A medio camino entre los parques naturales Chera-Sot de Chera y Hoces del Cabriel se encuentra la aldea del Pontón, en plena meseta requenense. Arropada de un viñedo de sutil acento francés se encuentra la “Finca Casa La Borracha”, sede de una de las mejores bodegas españolas de la década (2011-2022), según la Asociación Española de Escritores y Periodistas del Vino, y del año (2018), por la Guía Wine Up. Por citar dos de la larga lista de galardones que ha jalonado una aventura que comenzó en 2006, concebida por el viticultor Rafael Navarro y el enólogo Pablo Ossorio. Cuerpo y alma de un proyecto que nació con la vocación de convertirse en un lugar de referencia, de peregrinación, no solo de la prensa especializada, sino de una legión de winelovers. Y lo han conseguido en todos los frentes, tanto en los vinos tintos como en los blancos y espumosos, y bajo tres denominaciones de origen: DOP Valencia, DO Utiel-Requena y DO Cava.

Sus vinos y cavas ocupan la primera línea en las tiendas gourmet y se sirven en los restaurantes con estrella. Una exclusividad que nace, como no podía ser de otro modo, en el suelo y clima que envuelve la finca, a sus texturas calizo-arcillosas, a sus notables gradientes térmicos, a los vientos que llegan de levante y poniente, a las montañas que contienen este mar de viñas proceloso y el cielo no se casa con nadie, logrando crear un portafolio de autor. Una galería de obras que cotizan sin techo conocido salvo uno: el de los 100 puntos que se ha llevado recientemente el Tantum Ergo Exclusive, como ‘Magnífico Espumoso 2022’ por la guía Vivir el Vino.

Sin embargo, el vino, como la única obra de arte que puede ser bebida y compartida, se aprecia mejor in situ. De ahí que Rafael y Pablo se hayan autoimpuesto, como una labor más del campo, el cuidado de eso que se ha venido en llamar enoturismo. Esto es, crear una experiencia que, teniendo la ‘Finca Casa La Borracha’ como epicentro, permita a las personas que se acerquen hasta aquí una vuelta de horizonte memorable. No en vano, han emplazado una especie de ‘banco del beso’, aunque aquí será un balancín encarado hacia el viñedo, para que los visitantes se conviertan, una vez visitada la bodega, catados sus vinos, e incluso hayan hecho noche en su exclusivo hotel ubicado en su planta noble, en embajadores, prescriptores incluso, móvil en mano, de una forma de vivir y sentir el mundo del vino.

Algunos pensarán que será puro postureo y tal vez no les faltará razón. Pero que una cosa vaya por delante, en esta finca, lugar donde nació uno de los vinos que convirtió a la variedad autóctona bobal en una uva alegre, agradecida, noble y amable al paladar, el Bobos, nada es  impostura, todo es de verdad, como ese corrillo de pinos centenarios que entoldan la bodega y que les permitirá, ante una panorámica dilatada, no ponerse la mano de visera, y contemplar una obra de arte eternamente inconclusa, porque cada añada es una partitura distinta, única y exclusiva, como la misma naturaleza que la rodea y envuelve.

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