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Celler Mar de Vins, el «proyecto de vida» de dos apasionados del mundo del vino

10 noviembre, 2022

Mar Lafuente

Alicante esconde proyectos que enganchan y Celler Mar de Vins es uno de ellos. Un proyecto con alma que camina de la mano del respeto y la pasión por los viñedos; que busca enriquecer las tierras y sacar de ellas, con mucho cariño, auténticos tesoros. Es una bodega artesanal de garaje que se ha convertido en el “proyecto de vida” de dos apasionados del mundo del vino que tienen el objetivo de dar vida a variedades autóctonas y transformarlas en vinos únicos, genuinos y con carácter para que la gente pueda alzar sus copas, brindar y, sobre todo, disfrutar. 

Celler Mar de Vins ve la luz a raíz de una ilusión, la de Celeste Fernández y Kiko Ripoll de poner en marcha un proyecto propio, y de una pasión, la que ambos tienen por el mundo del vino. Celeste estudió Química en Valencia, pero la afición que ella veía en su padre por el vino le empezó a picar el gusanillo, tanto que quedó encandilada y decidió estudiar enología. Kiko tampoco encaminó su vida hacia el mundo del vino, él es músico, pero bastó que Celeste le propusiera lanzarse a esta nueva aventura para querer formar parte de ella. 

Desde que les empezó a rondar la idea por sus cabezas lo tenían claro, querían elaborar vinos con variedades autóctonas, ecológicos, de forma artesanal y trabajarlos bajo la mínima intervención. Y así lo han conseguido. Decidieron comprar unos viñedos situados en el municipio valenciano de Turís y darle forma de bodega a un pequeño local situado en La Nucía, Alicante, muy cerca de Altea, tierra natal de los dos. Y así es como comenzó la vida de este joven proyecto. “Empezamos en 2019 como bodega y pretendemos que sea un proyecto de vida en el que ir replantando y creciendo en volumen, pero sin perder de vista la artesanía y la ecología”, ha afirmado Celeste. 

A pesar de que los inicios siempre son complicados y que tuvieron que hacer frente a algunos obstáculos, como la pandemia provocada por la Covid-19 en su primera salida al mercado y una primera vendimia complicada por la Dana de ese año, no había nada que pudiera frenar la ilusión de sacar el proyecto adelante. 

Y así Celler Mar de Vins es, a día de hoy, una bodega artesanal que trabaja respetando al máximo la uva y el viñedo y que elabora vinos de poca intervención que nacen de variedades autóctonas. Con Kiko a manos de la viticultura y Celeste más enfocada al tema de la enología en bodega, consiguen el resultado que esperaban: vinos con aromas donde la uva es protagonista, vinos francos que son reflejo de la naturaleza y el entorno. 

A unos 400 metros sobre el nivel del mar, en Alborache (muy cerca de Turís), se encuentran los viñedos de viñas viejas de más de 50 años con los que trabaja la bodega. Unas viñas que gracias a Mar de Vins han tenido una segunda oportunidad como ha explicado Celeste, porque “es un viñedo que iba a ser arrancado, tuvimos la suerte de encontrarlo y poder empezar a trabajarlo”. Son viñedos con suelos arcillo-limosos, de tierra muy fresca y con una gran influencia del mediterráneo. De las dos hectáreas que tienen, un 70% es malvasía y el resto tempranillo. Aunque ahora también han empezado a trabajar con la giró de la Marina Alta. 

Es en estas tierras donde empieza a nacer todo, donde nacen estas uvas autóctonas y locales con las que, tras un proceso de elaboración artesanal, nacen unos vinos muy particulares que se alejan a los más “industrializados”, como ha aclarado la enóloga. “La gente nos dice que son vinos diferentes a lo que están acostumbrados, pero sin perder esa calidad que buscamos”, ha añadido, y es que cada vez nos estamos alejando más de ese prejuicio que siempre ha habido de que los vinos artesanos son de peor calidad. 

Tres blancos y dos tintos: Alguer, Els Fustals, Ermità, Illeta y L’illot. Estos nombres completan un catálogo de cinco vinos que comparten la frescura del mediterráneo, “vinos agradables, vinos para que la gente disfrute”, así los ha definido Celeste. 

Los blancos son de malvasía, pero con diferentes elaboraciones. Alguer hace mención a la posidonia oceánica y es el de mayor volumen de producción. Els Fustals nace de la partida del viñedo al que hace referencia su nombre, este realiza una crianza en barrica de roble francés durante 6 meses. El último blanco, Ermità, es un brisado que fermenta con la piel y lo dejan en torno a 50 días más con la piel, su nombre hace referencia al cangrejo ermitaño. 

Los dos tintos Illeta, elaborado con tempranillo, y L’Illot, un vino que saldrá pronto al mercado elaborado con Giró, hacen la pareja de las dos islas que ven Celeste y Kiko desde su casa cada día, en la zona de La Olla en las afueras de Altea, unas islas muy icónicas en la zona. 

En definitiva, vinos que tienen sentido, que están enfocados al mar, al origen, al viñedo y cada uno con un significado para ellos. Así nos lo contaba Celeste, “el proyecto es muy personal y queremos que tenga todo sentido”. De hecho, el proyecto tiene tanta conexión con el mar, con su entorno, que les surgió la oportunidad de envejecer algunos de sus vinos bajo el mar y no lo dudaron ni un segundo. Decidieron meter 72 botellas para ver cómo evolucionaban, el resultado fueron vinos muy elegantes, finos y suaves. Una experiencia que sin duda volverán a repetir. 

Un proyecto diferente, que lucha por la plantación, que respeta el entorno y que quiere enriquecer las tierras, nuestras tierras, para ofrecernos productos con los que podamos disfrutar. Además, se puede visitar y conocer en persona gracias a sus visitas enoturísticas. Sin duda, la honestidad y el cuidado de las tierras es lo que prima. Una bodega joven con un objetivo claro: nos gustaría replantar en esta zona, poder elaborar como máximo 20.000 botellas porque no queremos perder de vista lo artesano y los valores por los que nos metimos en esto. Ir creciendo poco a apoco pero siempre con los pies en la tierra y alcanzando una cantidad de botellas, nosotros lo que queremos es disfrutar haciendo lo que más nos gusta”.

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