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Oficial y caballero

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José Antonio López
Me ha llamado mi amigo Manué (con acento en la é). Somos amigos desde que las pirámides eran, tan sólo, un proyecto. Está preocupao, como él dice.

Les he hablado de él en alguna ocasión. A partir de ahora, será compañero de viaje.

Resulta, que Manué (con acento en la é) se ha dedicado a la hostelería desde antes de que existiera la profesión.

Por razones que no vienen al caso… o sí que vienen, y es por culpa de todos esos aparatos electrónicos que lo resuelven todo, el pobre hombre se ha quedado sin trabajo. Eso ya es malo, pero lo peor es que se ha quedado sin la oportunidad de afaná esos durillos del bote que le permitían fumar Lucky al tiempo que se “caía er chupitoguiski de la botella gujereá que levanta el ánimo”.

Arte.

Que le han dicho que lo van a reciclápara que tenga una oportunidad de volver al mundo laboral. Ya ves, como dice él, con la edad que tengo, con lo castigao questoy, con la gente que hay en er paro y empeñaos en que yo siga. Pos ná. A lo nuestro”.

A Manué (…) le han mandado una carta en la que le explican que, las autoridades competentes, se han dado cuenta del potencial turístico del país (España, supongo) y la necesidad de preparar al personal que es imagen del mismo, de forma y manera que, la people que venga a partir de ahora, se lleve una impresión magnífica de lo que somos y de lo que podemos hacer.

Por lo cual, se le convoca a que comience su reciclaje en pos de un mejor futuro tanto para él mismo como para la empresa que representa. (Representaba porque ahora está en el paro).

Con todo, Don Manuel (que para estas citas oficiales es don con din y din sin don) debe asistir a una serie de cursos donde se le enseñarán o recordarán, idiomas básicos como son el inglés y el francés con posibilidades de aprender chino y ruso. (La propuesta del chino fue antes del follón de la depreciación de la moneda, pero no iban a cambiar el impreso. Se cambian los nombres de las calles, pero los impresos no). Sigamos. Además, aprenderá trato personal, atención al cliente, poder de convocatoria y balanza de posición adecuada a los intereses empresariales. Influencia en grupos en decisiones claves (será si quieren café con leche o cortado) además de la gestión adecuada de protocolo culinario, léxico gastronómico, tiempos de control de producto y presentación del mismo y poder de influencia en sus receptores para conseguir el objetivo más claro y rotundo que le lleve al éxito total. Además, ha de estudiar historia, geografía, naturaleza y costumbres del lugar que representa. (De los nardos apoyaos en la cadera no dice nada. Esto lo añade un servidor).

Toma yá.

Menos mal que no han empleado palabras en inglés. (Miento como un bellaco, las han puesto, pero no se las he traducido a Manué (…) porque le da un pasmo y ya tiene bastante con lo que tiene).

Tres manzanillas, y no de escapulario, se ha tomado Manué. Le queda más de una botella por delante. La noche, el día, el año… es largo, tanto como la ignorancia.

No la de él.

Manué, con acento en la é, me ha dicho que no quiere volver a ser camarero. Que va a echar mucho de menos los buenos ratos que pasaba con los clientes. Las mejores propinas que le daba el “mesié” y el “lor”. La sonrisa de la “dame” a la que no entendía, pero que servía a la perfección. Que…

“Que con to lo que me piden, chavá, me presento a ministro o pa presidente. Pa ganá millones y disfrutá. Co…o. Si yo supiera hasé lo que me piden ¿estaría trabajando veinte horas diarias de pie y jodío por un puñetero sueldo con pocos días libres que no son ni sábados ni domingos?”. (Este comentario es excepcional, pero no por ello menos válido).

De seguir así, tendremos que sustituir a los camareros por importantes cargos en las empresas. De ser así, nuestros camareros estarán mucho mejor preparados que muchos ejecutivos. De seguir así, los camareros seguiremos siendo camareros con el orgullo y pasión por nuestra profesión que nos engrandece, dignifica y permite que hagamos felices a los demás.

Oficiales y caballeros.

Sencillamente.

Un comentario en Oficial y caballero

PAPIDORO el 24 septiembre, 2015 a las 7:12 pm:

Los Camareros de este País ( me refiero a los profesionales de verdad) han sacado de apuros a más de un señorito y algun que otro adinerado, hemos sido confesores de importantes nombres del País, pero siempre se nos ha tenido como gente poco culta.En mi época de camarero, en cierta ocasión un señorito después de alguna palabra, me dijo Ud. sabe quien soy yo, a lo que yo le conteste, si, el problema es que es Ud. quien no sabe quien soy yo.

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