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Axel Pitarch nos descubre un riesling: Forstmeister Geltz Zilliken Saarburger Alte Reben 2011 – Saar (Mosel)

6 septiembre, 2016

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Después de unas merecidas vacaciones, en Plaerdemavida hemos vuelto a ponernos manos a la obra. Llega septiembre y vuelve la rutina y cómo no, con ella llega la nota de cata semanal en 5 barricas. Retomamos la actividad con un riesling que recomendamos encarecidamente a todos los amantes del vino. ¡Salud!

Alte Reben 2011 es un riesling trocken de la bodega Forstmeister Geltz Zilliken, enclavada en la ribera del Saar, un afluente del Mosela, en la región alemana conocida como Mosel-Saar-Ruwer, una denominación de origen cuyo nombre oficial a partir de 2007 pasó a ser simplemente «Mosel». Pese a ello, cabe especificar que hablamos de un vino perteneciente a la zona de Saar, pues no conviene homegeneizar las tres zonas, Mosel, Saar y Ruwer, ya que sus diferencias climatográficas dan vinos de estilos igualmente diferentes.

La palabra «trocken» hace referencia al azúcar residual del vino y literalmente significa «seco», lo cual no quiere decir que el vino no contenga nada de azúcar, sino que la legislación acota hasta un máximo de nueve gramos de azúcar por litro. Alte Reben 2011 tiene nueve gramos, por lo que está en el límite para poder catalogarse como trocken.

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Forstmeister Geltz Zilliken Saarburger Alte Reben 2011 es un fantástico riesling de color amarillo pálido, de baja intensidad colorante, con el ribete acerado salpicado de algunas reminiscencias verdosas y quizá difícil para consumidores principiantes, pero sin duda sublime para aquellos iniciados que sabrán apreciar su complejidad.

En primera instancia presenta los clásicos aromas primarios del riesling alemán. La piña madura y la goma negra o caucho se descubren sin complejos en un vino de alta intensidad aromática, penetrante y ligeramente picante en la punta de la nariz. Al agitar la copa se muestra rabioso, intenso, con alguna nota de hidrocarburos y un toque mineral de piedra blanca no demasiado evidentes, pero aún se guarda sus cartas.

Después se calma en la copa y, reposado, nos muestra su verdadero tesoro. Afloran aromas a mantequilla y bollería, cuanto menos sorprendentes en un riesling, con una sutileza y un equilibrio más propios de algunos Champagnes que de vinos blancos criados sobre lías y sometidos al battonage. Ninguno de los dos es su caso. Pero no para ahí su evolución, si somos pacientes y dejamos que repose un poco más, esa mantequilla va tornándose en una suerte de tostada caliente, de toffee y termina por llevarnos a nuestra infancia al revivir aquellos caramelos Werther’s que son una fiel antesala de su boca, untuosa, cremosa, amable. Nos lleva a la reflexión, pues no engaña, es un riesling en todo momento, sin duda, pero a veces nos da un paseo por algunas regiones francesas gracias a esa untuosidad y esa mantequilla.

En boca se descubre como un gran riesling, con una acidez notable y bien integrada, que no deja recuerdo en los dientes después de tragarlo, contenida y relajada gracias a una cremosidad que contribuye inestimablemente a un fantástico equilibrio al alza, eso es, con mucho de todo. Se muestra así fresco y muy amable, con un peso y una carnosidad considerables y un toque umami de flor eléctrica.

En el retrogusto completa su paleta aromática con algunos matices que se habían mantenido tímidos o escondidos en su fase olfativa, en forma de pomelo, limón e incluso manzanilla seca. Al tragar el vino permanecen los cítricos en un final entre amargo y umami, con un punto ácido que estimula la salivación una vez tragado, antes de dar paso a un postgusto largo, de mantequilla tostada, de toffee, para mostrarse fiel a sí mismo hasta el último suspiro.

Un Alte Reben 2011 servido a 12 grados en una copa con un cáliz ancho y una boca un poco cerrada no necesita nada más. Al menos hasta que se pruebe con algunos platos. No es el caso de un acérrimo defensor de beber vino solo, por placer.

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