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¡Y ahí estaba mi bar: Juan, Demi, Luis… qué ganas tenía de volver!

27 marzo, 2021

Demi, Juan y Luis Marín Sillero, junto con su compañero Juan Manuel Pedrajas, en una imagen de archivo anterior a la pandema.

Jaime Nicolau

Le llamo bar porque no me cabe restaurante en el titular, pero realmente da igual. Le llamo como quiero porque me siento en mi casa. Han pasado muchos días, muchas semanas, muchos meses… pero muchos menos de los que me han parecido. Se me ha hecho eterno. Ha sido ver el cartel de El Rincón de Adriana y su persiana levantada y la alegría se ha apoderado de mi. Dice mi buen amigo Manuel Espinar, presidente de los hosteleros valencianos, que los bares y restaurantes son la luz para la sociedad valenciana. Sin ellos todo sería gris, y lo ha sido. Veros abiertos es como un halo de esperanza al que agarrarnos. Es ver la luz al final del túnel. De un túnel larguísimo. Ha pasado un año. ¿Quién nos lo iba a decir amigos?. Ha sido cruzar la puerta y volver a ver la sonrisa de Demi o las bromas de Juan, incluso por debajo de las mascarillas, porque nos hemos hecho expertos en leer las miradas. Luis saluda desde la cocina, también le brillan los ojos. Esa frase hecha de que hay restaurantes y bares que nos hacen sentir como en casa nunca la hemos pensado tanto como ahora. Ójala hayamos aprendido para siempre a disfrutar los pequeños momentos de la vida. A vivir más despacio. A saber que lo importante siempre tiene que estar por delante de lo urgente. Qué pérdida de tiempo todos estos años. Qué innecesario es vivir sin disfrutar cada minuto. Y miras a los lados, y ves a los tuyos sonreir… y te das cuenta de los momentos de felicidad que todos los bares y restaurantes son capaces de darnos.

Y aquí dejamos las penas y se tornan alegrías. Y empieza el desfile de platos. Hoy nadie pide. Hoy Juan y Demi son nuestros guías. Nos dejamos hacer porque compinchados con Luis nos van a tratar de lujo. Llevan muchos años con una clientela convertida en auténticos devotos y conocen a cada comensal. Se acuerdan si te gusta un vermú antes, o si tu hijo quiere una refresco sin hielo. Y eso es profesionalidad y sacrificio, y cuidar a la parroquia. Por eso necesitábamos tanto que volvierais. Y esta lección es para siempre. Nunca os vamos a fallar. La sociedad valenciana está con vosotros. Hablo de El Rincón de Adriana porque es el primer sitio al que regreso. Pero vaya este artículo por todos los profesionales de la hostelería. Vaya por l@s cociner@s, camarer@s, chefs… va por todos.

Y aparece Demi con unas bravas tradicionales, sin alardes, que saben a gloria y con una sepia de playa a la plancha. Y llegan las croquetas de sobrasada o cabrales y la ensaladilla… Estando dónde están, en el corazón del barrio de la Malvarrosa, el género es de nota, no podía ser de otra manera. Puedes acompañarlo con vinos excepcionales, pues trabajan con bodegas interesantísimas con mucha presencia de vinos valencianos, o con una cerveza de barril, por qué no, tirada con la maestría de quien ha crecido detrás de una barra. Seguimos, que esto no ha acabado. Allá van los caracoles con cigalitas, que te arranca hasta una lágrima o el rabo de toro, que deja entrever las raíces de los progenitores. Y como son culo inquieto, pues en cada confinamiento han hecho una reforma, hasta dejar el local niquelado.

Y llegan unos «aros de cebolla» que casi acaban en una mesa para levantar el vuelo a la de al lado. Los comensales miran a Juan sorprendidos. «Hemos pedido calamares», le espetan. Son calamares, pero la broma no falla por repetida y por más que la sepas.

Da gusto ver al ritmo que trabajan y la pasión que le ponen. Siempre con la sonrisa dibujada en la cara… hoy tras la mascarilla. Da gusto ver cola en la puerta para recoger casi una veintena de arroces que van para casa. El Delivery lo inventaron ellos hace muchos años.

¡Juan, Demi, Luis… qué largo se nos ha hecho! Mucha fuerza amigos.

 

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