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Viver y Pepe Mendoza: unidos por la pasión a los vinos con mucha verdad

3 junio, 2021

Jaime Nicolau

Hablaba el botánico Cavanilles allá por el siglo XVIII de los viñedos en las tierras fértiles del Alto Palancia y los del Vinalopó. Unía de un plumazo Castellón y Alicante. Aquel dibujo trazado letra a letra cobra hoy un brillo especial, el que tienen los ojos de Fernando Marco y Cati Corell (Director y Responsable de Producto de la Cooperativa de Viver) al anunciar la llegada de Pepe Mendoza y Maloles Blázquez (Uva Destino) al proyecto enológico de esta cooperativa valenciana. Pasión es el ingrediente secreto que los cuatro llevan en la mochila, bien escudados por el conocimiento que Paco Ribelles, técnico de la cooperativa y hombre de confianza absoluta para todos, tiene de las tierras de Viver y alrededores. Pasión por las cosas con verdad, por defender lo excepcional de un territorio, de sus viticultores, de sus tradiciones y de sus gentes. Porque de esa verdad hacen su bandera, convencidos de que su apuesta puede dar a las gentes de Viver una vida mejor, al tiempo que su conciencia perdurará tranquila por trabajar por algo en lo que creen, sin cartón-piedra.

Viver ha logrado posicionarse como ejemplo del modelo cooperativo en el que el arrimar el hombro y la suma de fuerzas convive con intereses particulares y el cortoplacismo instalado en el mundo agrícola. El proyecto del AOVE Lágrima es quizás la cima de una montaña construida sobre sólidos pilares con la variedad autóctona serrana llevando la voz cantante. Su masiva presencia en la alta gastronomía valenciana no hace sino dar fe de la brillantez de un proyecto próximo a cumplir dos décadas.

Creciendo como la espuma en agroturismo, ahora Viver ha decidido que ha llegado el momento de dar un impulso a su gama de vinos, que llevan algunos años elaborando. Y ese momento ha llegado porque han comenzado un proyecto de recuperaración de tres variedades que vivieron en el Alto Palancia antes de la filoxera: Mondragón, Pampolat de Sagunt y Morenillo. Para ello acudieron al centro de Sanidad Vegetal de Silla, en el que se encontraban referenciadas, al tiempo que están llevando a cabo un estudio genético con la Universidad Politécnica de Valencia.

Y he aquí la clave para el desembarco de Pepe Mendoza y Maloles Blázquez en estas 16 hectáreas de viñedo de montaña, que llega hasta los 700 metros de altitud, con suelos de rodeno y un clima fresco y continental, con influencia mediterránea. El enólogo alicantino es un enamorado de embotellar el origen, el destino, el lugar. Maloles es desde hace años su mano derecha y hoy viven aventuras cargadas de pasión en Uva Destino. Y he aquí donde se han mirado en un espejo, el de Fernando y Cati Corell, para hacer vinos necesarios, sin prisa y que reflejen la personalidad del Alto Palancia. «Creíamos que era un proyecto en el que necesitábamos la magia de Pepe y el sentido común de Maloles. Es un libro en blanco que ahora queremos escribir», señalaba Fernando Marco en el acto de presentación oficial de este «matrimonio perfecto».

Pepe y Maloles, por su parte, recogen el guante con sumo gusto. Han visto un potencial enorme en el viñedo, que al final es la clave de todo en su manera de entender el mundo del vino. Reconocen el enorme trabajo de Paco, y esperan divertirse en la pequeña bodega de elaboración. «Queremos que los vinos reflejen el carácter del Alto Palancia con vinos sin maquillaje, que se expresen con la máxima pureza».

Y el caso es que ya hemos podido ver cositas. Un primer trabajo de un rosado muy peculiar de mondragón del que únicamente han hecho 50 botellas como si de un juego de alquimistas se tratara. Y el resultado, con toda la cautela y los matices necesarios claro que sí, apunta maneras y tiene una personalidad infinita que te lleva directamente a su origen, al tiempo que no se parece a nada porque no tiene que parecerse. Los rostros del equipo de Viver, y los de Pepe y Maloles, sonríen de emoción. No lo ocultan, porque como los vinos que quieren elaborar, transmiten verdad… «y si no es así más vale que nos dediquemos a otra cosa», sentencian casi al unísono.

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