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Viver: un bello pueblo y una viña que cobra vida cautivan al enoturista

8 octubre, 2021

Jaime Nicolau – Vídeo y Fotos: Fernando Murad / José Cuéllar / Vicente Escrivá

Viver es uno de los bellos municipios que se esconden en la comarca castellonse del Alto Palancia. De un tiempo a esta parte su Cooperativa ha sido capaz de llamar a gritos la atención de los valencianos principalmente con el enorme trabajo realizado con sus aceites, mención especial para Lágrima rey en la alta gastronomía. De su mano ha convertido el agroturismo en un reclamo que cada vez atrae más visitantes hasta la población. Ahora ha llegado el momento  de que ese imán tenga dos polos. El segundo es el vino con el que ya llevan algún tiempo trabajando, pues la Cooperativa se ha marcado el objetivo de recuperar el esplendor que la viña tuvo en Viver históricamente. Es una historia fascinante que son capaces de hacer llegar a los enoturistas de una manera excepcional. Porque Viver y la viña tienen miles de años de historia común. Esa historia es la que cuenta Videns, la viña que la artista urbana La Nena Wapa ha creado para la bodega. Y es Videns a través de un precioso vídeomapping la que cuenta toda esa riqueza patrimonial a los visitantes, pero no es la única sorpresa de una experiencia con mayúsculas, que comienza en el viñedo, la parte fundamental del proyecto que capitanean Fernando Marco (Director General) y Cati Corell (Directora de Producto y Agroturismo).

La apuesta por el Agroturismo de la Cooperativa de Viver es contundente y fundamental para contar en primera persona todo el trabajo que desarrollan. No es fácil convertir en destino turístico una población del interior, pero con mucho esfuerzo y trabajo el equipo que dirige Marco ha conseguido unos enormes resultados. «Estamos muy satisfechos con la aceptación que el público ha tenido y sigue teniendo de nuestras experiencias», señala.

Y es con ellos, Fernando y Cati, con los que vamos al espectacular viñedo de maravillosas terrazas en un entorno mágico. Allí nos cuentan el proyecto que han puesto en marcha con los vinos de la Cooperativa y con el que quieren recuperar variedades casi extintas. Para eso han comenzado un proyecto de recuperaración de tres variedades que vivieron en el Alto Palancia antes de la filoxera: Mondragón, Pampolat de Sagunt y Morenillo. Se emocionan en cada paso, cada vez que se detienen delante de la viña… «El viñedo es una de las paradas que más recuerdan todos los amigos que nos visitan», señala Fernando Marco. Y es que según la época del año y las condiciones climáticas, la experiencia puede albergar desde un almuerzo hasta la vendimia.

Regresamos a la bodega. En el camino los olivos nos susurran al oído que ellos son el otro pilar del proyecto. «Nos gusta decir que la visita es atípica y sorprendente. Somos pequeños pero hemos echado el resto con mucha imaginación para que se lleven un recuerdo inolvidable» señala Cati Corell. Tras un paso por los depósitos para conocer cómo se elaboran los vinos de Viver, al más puro estilo alquimista, la siguiente parada es la sala de barricas «La Piel de la Vid». Es en estos dos escenarios en los que nos cuentan el proceso de elaboración en una coqueta bodega que desde hace unos meses trabajan Pepe Mendoza y Maloles Blázquez (Uva Destino), dos enólogos que sienten pasión por las cosas con verdad, por defender lo excepcional de un territorio, de sus viticultores, de sus tradiciones y de sus gentes. Porque de esa verdad hacen su bandera, convencidos de que su apuesta puede dar a las gentes de Viver una vida mejor, al tiempo que su conciencia perdurará tranquila por trabajar por algo en lo que creen, sin cartón-piedra. Esta parada es el preámbulo que nos llevará hasta «La Perdición».

Así se llama la sala más experiencial de toda la visita. Aquí el visitante «es invitado a perderse para encontrase», explica Cati Corell. Lo primero que se encuentra es un juego de aromas para entrenar un poco el olfato de una manera divertida. Un pequeño examen tipo test evaluará nuestros conocimientos antes de ver dos vídeos como antesala de la cata de tres vinos, normalmente acompañados de un almuerzo. Aquí es imporante añadir que en Viver también han pensado en los niños, creando material para que ellos también se diviertan y la experiencia sea apta para todas las familias.

Para cerrar, otra sorpresa. Un juego de luces y sonido que atrapa, sorprende y redondea una experiencia mágica. El entorno, las aguas y la belleza de un pueblo como Viver se unen a Videns, la viña que cobra vida, para ser un motor turístico de la comarca.

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