22 julio, 2026

Mar Lafuente
La historia del vino de Alicante está llena de episodios que han marcado el carácter de la provincia. Muchos miran hacia el puerto de Alicante y al mítico fondillón que cruzaba Europa, pero existen otras historias menos conocidas que también forman parte del patrimonio vitivinícola alicantino. Una de ellas es la estrecha relación que durante décadas unió Monóvar con la ciudad internacional de Tánger. Ahora, Bodegas Ortigosa rescata ese vínculo con el lanzamiento de Tangerian, un nuevo vino que se presentó el pasado mes de mayo en la Casa Mediterráneo de Alicante.
Con esta nueva referencia, la bodega monovera vuelve a mirar a su pasado para construir un vino con personalidad propia. No es la primera vez que lo hace. Si con Modernitxen rindió homenaje al amor por la tierra alicantina, ahora pone el foco en un capítulo poco conocido de su historia familiar y de la propia historia del vino de Alicante.
La tradición de Bodegas Ortigosa se remonta a 1880, cuando Juan Amorós fundó la entonces Bodegas San Juan en Monóvar. En una época de gran esplendor para la viticultura alicantina, la bodega apostó por elaborar vinos de calidad inspirados en las técnicas francesas, aprovechando el auge exportador que vivía la provincia durante los años de la crisis de la filoxera en Francia.
Aquella apuesta por la excelencia permitió que, con el paso de los años, sus vinos cruzaran el Mediterráneo hasta el norte de África. Durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, el protectorado español de Marruecos y, especialmente, la ciudad internacional de Tánger se convirtieron en uno de los principales destinos de los vinos elaborados en la bodega. Desde Monóvar, los toneles viajaban hasta el puerto de Alicante para embarcar rumbo a Ceuta, Tetuán y Tánger, donde abastecían a distribuidores que posteriormente los hacían llegar a hoteles, tabernas y establecimientos frecuentados por la colonia española y europea.
Aquella Tánger cosmopolita, donde convivían diplomáticos, comerciantes, artistas y viajeros de todo el mundo, encontró en los vinos alicantinos un producto muy apreciado. Para muchos españoles residentes en el norte de África, aquellas botellas representaban una forma de mantener el vínculo con su tierra.
Es precisamente esa historia la que inspira Tangerian. Su nombre juega con el gentilicio de los habitantes de Tánger y con el término inglés tangerine, en alusión al característico color de la mandarina, otro de los símbolos que unen ambas orillas del Mediterráneo. Un homenaje a una etapa en la que el vino se convirtió en un nexo de unión entre Alicante y Marruecos.
Este nuevo vino está amparado por la Denominación de Origen Protegida Alicante y elaborado a partir de un coupage de uvas de chardonnay y viognier. Una combinación con la que Bodegas Ortigosa busca recuperar el espíritu mediterráneo y cosmopolita que caracterizó aquella época y trasladarlo a una botella que mira tanto al pasado como al presente.
Con TANGERIAN, la bodega incorpora una nueva referencia a su catálogo sin perder la esencia que ha acompañado a la familia durante más de 145 años. Una historia en la que tradición, memoria y territorio vuelven a encontrarse para demostrar que, en ocasiones, una copa de vino también puede contar el viaje de dos ciudades separadas por el mar, pero unidas durante décadas por la cultura, el comercio y el Mediterráneo.
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