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Ruzafa, tierra de vinos (I): Bodegas Biosca

27 febrero, 2020

David Blay

Año y medio ha pasado cerrada una puerta que se abrió en Ruzafa en 1932. Que mantiene cubas en su subsuelo donde caben 10.000 litros de líquido. Que está considerada patrimonio histórico. Y por donde ya han pasado cuatro generaciones, aunque quien la regenta hoy no sea (directamente) de la familia.

Elisa Vidal Cabanillas, sin embargo, se ha pasado 18 años detrás del mítico mostrador de madera del local. Compaginando su tiempo con sus estancias en Berlín, Estados Unidos o Sudáfrica. Y haciendo crecer la Asociación de Barmans de España, hasta el punto de convertir la trastienda de la Bodega Biosca en un lugar donde hoy se va a aprender y a disfrutar. A partes iguales.

Cuando le dijeron si podía hacerse cargo de la gestión solo puso una condición: promover la cultura del alcohol, no su venta. Esa que considera que todavía falta en Valencia, a pesar de los muchos y buenos profesionales que ya hacen en la ciudad de la coctelería su modo de vida.

Nombra a Ameyal. A Café Madrid. Y se va a Terre, en Alicante, para ejemplificar cómo y dónde darle rentabilidad y calidad a su oficio: con una barra al entrar al restaurante, en la que se te ofrece iniciar la comida por la parte bebible. Y terminarla antes de irte.

Aunque su vida ha girado en torno a los destilados, afirma que sigue vendiendo más vino que licores. Pero que no puede hacerlo si no le dan datos: para quién es la botella, con qué intención se regala, qué precio está dispuesto a pagar. Pero su ventaja es el tiempo. Quien cruza la puerta sigue haciéndolo sin apresurarse, consciente de que una buena conversación generará una mejor compra. Lo que significa que es uno de los pocos comercios que todavía cuentan con la connivencia de su clientela fiel y no con las premuras de la ocasional.

Por eso sigue teniendo garrafas de vermouth casero, que eso sí solo puede ser trasvasado si quien lo adquiere trae su propio recipiente por una cuestión legal. Por eso cada sábado más personas comienzan la jornada vespertina con una de las catas especiales que ella y su marido preparan. Y por eso, por qué no, mira a hacer centenario el negocio. No sería el primero en el barrio.

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