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RUTAS PARCS NATURALS by ENGASA

Penyagolosa: el gigante de las dos caras

30 marzo, 2022

Texto: Rubén López / Foto y vídeo: Pedro R. Arias, Vicent Escrivà, Fernando Murad

El Penyagolosa es la cima por excelencia de los valencianos. Lugar de encuentro y peregrinación. Al volante del nuevo i4, la berlina 100% eléctrica de BMW ENGASA, vamos al encuentro de tres proyectos que lo sienten en el corazón: Bodega Flors, Mos de Bresca y La Casa de Neu.

Se le ve al poco de pisar la Plana Baja de Castellón. Un muñón calcáreo colosal, mostrándose a pecho descubierto, altivo y orgulloso. La cara sur es sin duda su perfil más fotogénico y carismático. Quién puede competir con una pared de más de doscientos metros de caída, recortándose en el mismo horizonte. Por el contrario, la cara norte se ofrece tan accesible que nos permite hollar su coronilla a 1814 metros de altitud sin alpinismo alguno. Un hito que responde a la perfección a la definición de K. Lorenz, etólogo y nobel de medicina, de que “la primera condición del paisaje es su capacidad de decir casi todo sin una sola palabra”.

Así se quedarán ustedes si deciden hacer cumbre y amanece un día despejado. Esos días en que la atmósfera está limpia gracias a los vientos de ponent y tramontana. Tan solo pedirá a cambio una exigente caminata desde el eremitorio de Sant Joan de Penyagolosa. Cinco kilómetros y medio de emociones engarzadas. Atravesando el enigmático Barranc de la Pegunta, las praderías alpinas del Corralico, y pisando la roca viva del Gegant de Pedra, como se le conoce entre los pueblos que viven bajo la atenta mirada de un macizo de personalidad poliédrica, dada su diversidad de ecosistemas y microclimas.

Centro de Interpretación
De eso precisamente nos hablará Juanjo Tur, educador medioambiental del Parque Natural del Penyagolosa. De su flora y fauna, de sus rincones y recovecos. De todo lo que atesora una montaña única en la geografía valenciana. De cómo la vida salvaje se abre paso. El Penyagolosa es uno de los últimos reductos del gato montés, así como de la mariposa Apolo, propia del Himalaya, apunta Juanjo Tur; o del lliri de neu o campanilla de invierno; o de árboles relícticos como el tejo. De todos estos pueblos silenciosos les darán cumplida información en el Centro de Interpretación, pero también de los otros, los que componen su paisanaje. Una forma de vida de hace cuatro días y que ha dejado unas huellas que les ayudarán a interpretar. Ermitas, masías, molinos, pozos de nieve, carboneras, caminos, paredes de piedra seca, abrevaderos, fuentes…; pueblos que mantienen intactas sus tramas medievales, impensable en el litoral.

Juanjo Tur, educador medioambiental del Parque Natural del Penyagolosa.

A mitad del Barranc de la Pegunta se encuentra la Font Nova. Hagamos un alto. Apreciemos cómo se filtra la luz por entre las ramas de los espigados pinos negrales: una luz húmeda, verdosa, que hace centellear el sendero. Percibamos cómo sopla el viento entre sus copas. Árboles de cuento, engalanados de hiedra desde la soca, la raíz, hasta la cabeza. Un paseo que de oxígeno sonoro incluye la cháchara del piquituerto, el picapinos y la chova piquirroja. Donde dejarse atrapar por un ‘lucus’, un bosque encantado. Lejos, muy lejos, del mundanal  ruido, del que huían aquellos que construyeron en 1706 junto a unas ruinas el antiguo convento de cenobitas de Sant Joan de Penyagolosa, desde donde comenzó esta ascensión.

Vicente Flors, bodeguero y peregrino
En este paseo nos acompaña Vicente Flors, en su doble condición de gerente de Bodega Flors e hijo de uno de los pueblos que, desde el siglo XV, celebra el peregrinaje más conocido, el que llega desde el pueblo de Les Useres a Sant Joan el viernes y sábado último de abril de cada año, y que conserva formas, hábitos, ritos y costumbres prácticamente inalterados. En la actualidad, esos doce peregrinos más un guía, que recorren en silencio unos 35 kilómetros bajo un ritual estricto, ya no piden por el cese del flagelo de la peste como en su día, pero sí, y lo sabe muy bien Vicente, por la llegada de la preciada lluvia que haga prosperar en su caso sus viñas de Tempranillo, Garnacha, Monastrell, Cabernet Sauvignon, Embolicaire, Macabeo y Tortosina, muchas de ellas octogenarias.

Vista aérea de Bodega Flors, en Les Useres (Castellón).

La historia personal de Vicente es tan singular, como singulares son sus vinos, los Clotàs, unos pocos cientos de botellas. Unos vinos influenciados por la alta montaña y el mar Mediterráneo que se adivina tras el Desert de les Palmes. Unos vinos sinceros, de mínima intervención de la mano del hombre, basados en el mimo con el que se trata la viña. Unos vinos que pueden ser catados bajo un mar de estrellas de esa cúpula celeste que tiene en el Pic Penyagolosa uno de sus contrafuertes. Esta es una de sus propuestas estrella del verano, valga la redundancia, y que ha despertado verdadero furor entre propios y extraños, ya que las ‘Catas nocturnas bajo las estrellas’ cuenta con la participación del astrónomo Germán Peris que, puntero láser en mano, desmenuza un cielo libre de contaminación lumínica, y de los platos con los que se armonizan los vinos se ocupa La Cuina de Fernando.

Vicente Flors, gerente de Bodega Flors.

Retorno a la naturaleza
Y no podríamos abandonar estas tierras de interior de Castellón sin otro rayo de esperanza. Porque si Vicente regresó a los orígenes tras pasar media vida como empleado de banca en las tierras de litoral, y tras la jubilación, embarcarse en recuperar la bodega familiar; los jóvenes Alma Nebot y Pau Sos nunca se fueron del todo. Porque siendo hijos de otra de las poblaciones que vive al regazo del macizo, Lucena del Cid, decidieron que era aquí donde iban a desarrollar su actividad profesional teniendo el Penyagolosa como fuente de riqueza. Porque este es mucho más que un parque natural de fin de semana. Es un tótem capaz de fijar población, y luchar contra esa galopante despoblación que vivieron tanto Xodos como Vistabella del Maestrazgo o Villahermosa del Río, los términos municipales donde se apoya, iniciado en los años sesenta y que continúa hoy en día.

Alma Nebot y Pau Sos.

La familia de Alma Nebot es la propietaria del Mas de la Cambreta, la masía donde a principios de mayo Pau Sos sube sus cincuenta colmenas, y que con el sello ‘Mos de bresca’, comercializa una miel de mil flores, cruda, oscura, sin filtrar, que conserva todas las características organolépticas intactas, con un alto contenido en sales minerales y bajo en azúcares naturales. Y Alma, bajo la marca ‘La Casa de Neu’, que remite al pozo de nieve que aún se conserva intacto en el mas de su familia, ha elaborado un néctar de dioses, reuniendo ese oro negro que es la trufa con la miel de Pau, porque como truficultora ella se define, aparte de enóloga en Bodega de Vicente Flors.

Dicen que si el día amanece despejado, nos dice Juanjo Tur, los marineros toman como hito el Penyagolosa para llegar a buen puerto. Al fin y al cabo, de eso se trata, de llegar siempre a buen puerto. Como sus hijos, que a las siete menos cuarto de la mañana, llueva o nieve, acuden a la carretera que bordea el Pla de Vistabella para coger el autobús escolar, que tras hora y media baja hasta Atzeneta. El viajero se desplazó en un vehículo que desciende el puerto como si fuera sobre raíles, haciendo de la conducción un auténtico placer para los sentidos. Si han llegado hasta aquí arriba, hasta la misma cima, serán conscientes de que las emociones no se compran. Hablamos de las que palpitan muy cerca del corazón, como esa vuelta de horizonte donde el paisaje lo expresa todo sin decir una sola palabra. E imagínense entonces las emociones que es capaz de despertar la montaña de las dos caras en los hombres y mujeres que sienten la tierra que queda a sus pies como propia. Cantémosla entonces: “Penyagolosa, gegant de pedra, tu testa plena de neu, Penyagolosa, Penyagolosa, a la tempesta, al sol i al vent, fita senyera del meu poble”.

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Si te perdiste el capítulo I de la serie Rutas Parcs Naturals puedes leerlo y ver el vídeo aquí:

Las Hoces del Cabriel: camino de agua y vida

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