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Mas de Rander, una bodega visionaria influenciada por el Mediterráneo

4 octubre, 2021

 

Berta M.ª López / Foto y vídeo: Fernando Murad

No es una historia más. La modernidad y la adaptación a los tiempos han estado siempre presentes en su filosofía. Ellos ya lo hicieron hace 11 años, se adelantaron a las tendencias actuales creando un proyecto que por aquel entonces resultaba inusual. Desde California hasta los montes costeros de Benlloch, la idea de sostenibilidad como pilar elemental de Mas de Rander nació bajo la inspiración de un viaje internacional que peregrinaron cuando decidieron construir la bodega. Y hoy lo celebran, sabiendo que cumplirán con los criterios ecológicos «sin tener que realizar ninguna modificación en la manipulación de los vinos ni en la construcción del edificio».

Mientras sopla el viento que ameniza nuestra visita, Juan Domingo Tárrega nos da la bienvenida en su casa. Estamos en una ubicación paradisiaca, aunque él prefiere catalogarla como «peculiar y única» por la originalidad de sus temperaturas. Son las cinco de la tarde, podemos escuchar con detenimiento el sonido de la fauna que transita por su parcela. Reina el silencio, los únicos que tienen protagonismo son los animales que cantan al son de su aleteo. Hace un día soleado y a cuatro kilómetros tenemos el mar Mediterráneo. Hablamos de las singularidades de sus referencias mientras tocamos el terruño y contemplamos sus viñedos, a pocos metros de la bodega donde sucede la magia.

Una bodega que fusiona el mundo vitivinícola con la sostenibilidad energética, un edificio bioclimático donde las condiciones medioambientales se utilizan para mantener sus viñedos. Porque «aquí lo reutilizamos todo», remarca nuestro anfitrión. Una idea que además de sonar bien, también podía mejorar la calidad de sus vinos. «Hacer una bodega enterrada bajo tierra nos permitiría la conservación del vino a una temperatura estable y perfecta durante todo el año y el menor uso de energía». Para ello, apostaron por su propia depuradora de sólidos y líquidos y se apoyaron en placas solares. El agua de la lluvia que se acumula en los techos y jardines de la bodega se filtra, para reconducirla a unos depósitos y poder volver a utilizarla. Su fin último: ser completamente independientes de las compañías eléctricas para convertirse en sus propios productores de energía. Respetuosos con el medioambiente por bandera como pensamiento desde su cimentación. «Nosotros hemos llegado después. Lo que tenemos que hacer es integrar la construcción dentro de ese paisaje en el campo. Lo que buscamos es que la naturaleza y el edificio tengan una armonía propia».

Nos habla de las variedades que crían y entonces se remonta en el tiempo para hablar de los inicios y las propiedades de las tierras. Hace referencia a su padre y su tío, Domingo y Javier Tárrega, dos figuras esenciales en todo esto. Ellos adquirieron terrenos para recuperar y continuar con la viticultura en la provincia de Castellón. Predominaban las hectáreas de uva moscatel, y con ellas continuaron esa tradición de cultivar viñedos cerca del mar. El valle en el que se enmarcan les aporta unas temperaturas excepcionales para la calidad de sus vinos; por el día un calor extremo, por las noches un frescor característico de la costa levantina y sus aires salinos, húmedos y marinos. Su terreno calcáreo de tierra, prácticamente sin piedra, obliga a la viña a desarrollar mucho su instinto para reproducirse. Este conjunto de circunstancias le dota de una fuerte personalidad a la uva que se transmite posteriormente al vino.

Con sigilo descansan los vinos que reposan en la madera. En la sala de barricas descorchamos las botellas que ha seleccionado para la ocasión, en este caso un tinto y una mistela. Catar sus botellas en este espacio es entender lo que saboreas desde el origen. Temps y su Mistela Roure son los afortunados frente a la cámara. Empezamos con un tinto que aúna ocho meses de crianza en barrica de roble y siete meses de crianza en botella. Creado con tres variedades, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, consiguen un color y aroma intensos. Para Tárrega, la clave de un buen reserva está en «la capacidad de unir el alcohol, la fruta y la madera». Seguimos con su la segunda referencia, una de las pocas mistelas tintas que se hacen en España y la única que se cría en barrica. Una referencia con dieciséis meses en barricas de roble francés nuevas y elaborado con tres variedades: moscatel de Alejandría, moscatel de grano menudo y moscatel de Hamburgo. Una combinación de uvas que proporciona ese tono tan característico de una referencia emblemática para Mas de Rander. El único problema, «su carácter adictivo», bromea el protagonista.

En este repaso general, no podíamos obviar el proceso de vinificación y sus técnicas secretas, pero nos cuenta que para él «cualquier técnica vale su el vino está bueno». Sin embargo, ellos consiguen desmarcarse del montón por «gravedad». Utilizan bombas para mimar la uva y que reciba los menores golpes posibles. Peculiares y flamantes hasta en esto. Seguimos conversando. No hay mejor lugar para hablar de tendencias que en una finca tan fresca y actual. Tárrega lo confirma, existe una corriente mundial por el vino blanco y las ventas lo cercioran. «Todos los años estamos duplicando las botellas, pero aparte de nuestras mistelas y vinos dulces, que hace mucho que están en el mercado, se está produciendo un aumento enorme de ventas de vino blanco seco hecho con Sauvignon Blanc», detalla.

Más de dos horas después tenemos que despedirnos, se acaba la visita en esta bodega que tanto nos ha sorprendido. Pero no lo hacemos sin comentar esa «transición ecológica» que tanto ha dado que hablar. Mas de Rander ha conseguido criar el primer vino de la provincia de Castellón con la certificación oficial de vino en conversión a la agricultura ecológica. De nombre Syrah, este vino se realiza bajo un control exhaustivo de su cadena productiva, con abonos naturales y sin agrotóxicos. El vino muestra su versión más moderna y natural en un entorno vegetal a pocos metros del mar Mediterráneo.

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