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Las carreteras que nos llevan

Con un presupuesto de 3,3 millones, la Diputació de València restaurará el tramo de carretera histórica comprendido entre Villargordo del Cabriel y el Puerto de Contreras

20 abril, 2026

Puerto de Contreras.

Texto y fotografía: Rubén López Morán

Al viajero no le cabe duda. Las carreteras como los ríos llevan y traen. Llevan y traen el conocimiento, el comercio, la cultura, la tradición; la vida en toda la extensión de la palabra. Lo que ocurre es que desde hace un tiempo la vida circula muy aprisa. Apenas se detiene en los márgenes porque en las vías rápidas no hay miradores. Solo áreas de servicio. Y ¿qué quieren que les diga?, el trayecto pierde atractivo cuando el viaje se reduce al destino, omitiendo lo que queda en medio. Alguno opinará que es una visión anticuada, pero a veces conviene asomarse por las sorpresas que pueda deparar. En este caso, la carretera histórica que salva la depresión del río Cabriel por el Puerto de Contreras.

Al común de los mortales, Contreras les remite única y exclusivamente a un embalse. Y no les falta razón, sin embargo, si a la altura de Villargordo del Cabriel, si vienen desde la capital del Turia; o de Minglanilla, si su carretera y manta les trae desde la capital del Reino; y enfilan la antigua Nacional III, la que corona aún el embalse, se toparán con la indicación que les conducirá sin solución de continuidad a un puerto de montaña inverso, ese que une las orillas de dos comunidades autónomas: la de Valencia y Castilla-La Mancha o viceversa.

Un monumento
Antes de meternos en harina y cruzar un puente de factura antigua y comenzar a ascender el puerto de montaña, una reflexión. En la actualidad, un acueducto o un puente de raíz latina, esto es, de época romana, son calificados de monumentos con independencia de su función original. Y de eso va esta historia de recuperación y rehabilitación de un trazado de siete kilómetros de longitud; un trazado que se lapa a las curvas de nivel del terreno de un modo estéticamente proverbial. “Toda esta obra es considerada un hito de la ingeniería civil española y uno de los ejemplos más brillantes de carretera hipomóvil -anterior a los vehículos a motor- del siglo XIX en Europa”, exclama el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Valencia y director de la Cátedra Demetrio Ribes, Luis Arciniega.

Hablamos por tanto de una carretera que fue proyectada para el paso de caravanas tiradas por energía animal. De ahí que en uno de sus márgenes se levantara una casa de postas, como las que salpicaban todo el camino entre Valencia y Madrid, y que hoy en día apenas son un eco desvaído en el recuerdo. No obstante, por una sucesión de azares y la voluntad de su propietario, Fidel García-Berlanga, la Venta de Contreras sigue en pie. En la que más tarde haremos parada y fonda una vez detalladas las obras de recuperación del trazado.

Puente Lucio del Valle.

Unas obras que pasan, entre otras, señala el autor del proyecto, el ingeniero Fernando Gozález-Moralejo, por “la limpieza de márgenes y cunetas, la mejora del firme, la reconstrucción parcial de la Casilla de Peones Camineros, y la restauración y reposisión de los guardarruedas, las barreras tipo valla y de los malecones (esos pretiles almenados de piedra revestidos de mortero y que aportan al puerto esa fisonomía del gran muralla China)”. Y además, “se habilitarán dos miradores en dos curvas del trazado, junto con la recuperación del pavimento original del puente Lucio del Valle y la reposición de las marcas viales tal cual existían en esa época”. Y agrega: “La velocidad de la vía se limitará a los 30 km/h. para poder compatibilizar con seguridad el tráfico viario y los ciclistas”, y los rebaños de cabra hispánica que la cruzan por donde les viene en gana, observa en el lugar el viajero.   

Rebaño de cabra hispánica.

Asomarse
Una vez hemos superado chino chano las 12 curvas de herradura del puerto, como diría un ciclista vintage, toca asomarse a todo lo que ofrece esta carretera de categoría insólita. Porque el Puerto de Contreras es un mirador continuo. Una invitación a dejarse conmover por una orografía que labra un río en su ímproba tarea de encontrar su salida al mar. Un río de discurrir sinuoso, que parece replegarse sobre sí mismo en las hoces del Cabriel, horadadas tras milenios de lentísimo pulimento, como si no quisiera abandonar estas tierras de interior que tanto le ha costado atravesar.

Paisaje con los Cuchillos al fondo.

Paisaje con los Cuchillos al fondo.

No le culpo. ¿Quién quisiera abandonar una tierra Reserva de la Biosfera? Un paisaje que puede ser contemplado cenitalmente desde el mirador de Peñas Blancas. Casi una vuelta de horizonte sobre una naturaleza que se expone sin intermediarios. Aun así, se recomienda acudir al Centro de Interpretación del Parque Natural de las Hoces del Cabriel, en la Venta del Moro, donde los técnicos les informarán de las rutas que recorren los parajes de Los Cuchillos, el valle de Fonseca, el puente medieval de Vadocañas y, por supuesto, asomarse al vacío de las hoces de Vicente y del Purgatorio.

Fidel García Berlanga en la Venta.

Fidel García Berlanga en la Venta.

Turismo del conocimiento
Porque de esto va este viaje. De formarse y mejorarse. De participar de un turismo alejado de la berlusconización. Hablamos de un turismo del conocimiento que incita a mirar desde un ángulo distinto, “comunitario”, en voz de quien lidera esta causa desde principios de siglo: Fidel García-Berlanga. “Que sea la comunidad la que regule el turismo que llega hasta aquí”, remarca. Y como hechos son amores, la Venta logró la 2ª posición de Mejor Camping de Naturaleza de España en 2025. Un premio que llegó tras convertir ese valle en cul de sac que es su trastienda, donde se diseminan 46 plazas de cámping y ocho casas rurales, en un pequeño edén que cobija 250 especies vegetales y 105 especies de aves.

Entrada a la Venta de Contreras

Pero hay mucho más en esta Casa de Postas del siglo XVI hecha de madera y tapial. Fidel no se conforma con lo construido, quiere permanecer, que su manera de ver la vida propicie una Fundación que reivindique los principios que inspiraron la Carta del Cabriel. Y para ello cuenta con algo tangible, aparte de con la ayuda de su mujer Ana y sus hijos Olga, Víctor y Etna, porque si ellos quieren, podrán echar raíces aquí, y crear una memoria que atraviese varias generaciones y dé un sentido de permanencia a la empresa. La que trajo hasta aquí al viajero: “La puesta en valor de un patrimonio, el de las carreteras antiguas y el de las ventas y posadas, entendiendo su conjunto como esencial para dar a conocer estas y otras tierras”, subraya Fidel. 

Bodega Las Mercedes del Cabriel.

Conversaciones embodegadas
Para admirar una tierra de frontera, que hermana dos orillas. Un escenario donde viajar al pasado en el presente. A través de su gastronomía -obligado probar el gazpacho manchego y el ajo arriero de María la cocinera, la mujer de Gregorio, el que maneja el chac-chac de la tijera de podar en el jardín de la Venta-; de sus vinos con denominación de origen La Manchuela o los llegados de Territorio Bobal. Como por ejemplo los de Los Altos del Cabriel de la cooperativa de Villamalea, que ayudan a entablar una conversación de palabras embodegadas; o los vinos de refinada hondura, que invitan a la ensoñación, como los de Las Mercedes del Cabriel, de Villargordo. Y si queremos catarlos a pie de viña, la Venta organiza visitas guiadas. A Las Mercedes o a la de Sabores y Vinos Ecológicos, de Ángeles Novella, donde su Aniceta es su emblema; o visitar la casa decimonónica de Vera de Estenas, en Utiel, donde rendir pleitesía a su bobal o tardana bajo un jardín romántico. Viticultores que han logrado encapsular en una botella dosis de sosiego. 

La historia del desprecio
Unas dosis que se incrementarán con esta carretera histórica que remonta una montaña a base de armoniosas hiladas de ladrillos. Unos muros de sillería que se han convertido en una superposición de terrazas que ha evitado su desaparición. Porque desde su abandono en 1970 cuando la nacional se desvió por la coronación de las presas ha permanecido prácticamente fiel a sí misma. En un estado de conservación óptimo salvo por la natural degradación del asfalto y la desaparición por robo de la telas metálicas que protegían algunos de sus tramos. No en vano, cuando un camión de especial tonelaje debe cruzar el río Cabriel no lo hace por la A-3 o la antigua N-3, sino que baja hasta ese puente de sillería de siete arcos que se inauguró en tiempos de Isabel II, allá por 1850, y remonta las faldas de la sierra del Rubial por el vetusto Puerto de Contreras: obra de un tal Lucio del Valle. 

Seguramente este nombre no les diga nada. Un hombre por el que Fidel siente una profunda admiración. No solo por esta obra que tiene justo delante al abrir los postigos de la Venta; o desde una mesa del bar mientras el viajero toma un café caliente y anota en su bloc algunas frases inconexas que intentan capturar el momento presente. Lo admira porque Lucio del Valle representa lo mejor de un país de memoria quebradiza. Un país que envuelto en sus harapos/desprecia cuanto ignora en palabras de El Poeta. En este caso, los avances de un ingeniero que se recogieron en un cuaderno técnico que se utilizó hasta los años 60 del pasado siglo. Que proyectó una carretera en zigzag que como un Cabriel sinuoso corona la montaña con el debido respeto a su perfil. Al fin y al cabo, de eso se trata, del respeto que restaurará esa placa de piedra, que como un epigrama romano, reza en un costado del pretil del puente:

D. LUCIO DEL VALLE

INGENIERO DE CANALES, CAMINOS Y PUERTOS

PROYECTÓ Y DIRIGIÓ

ESTA CARRETERA Y TODAS SUS OBRAS

DESDE 1841 A 1851

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