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La suscripción como modelo para salvar las ventas

10 septiembre, 2021

David Blay

Existen tres patrones hacia los que se dirige la sociedad, algunos provocados por la situación de la pandemia y otros que habían comenzado a desarrollarse meses o incluso años antes de que esta llegara.

Uno de ellos, derivado tanto de la capacidad adquisitiva como de la filosofía vital de las generaciones Millenial y Z, tiene que ver con el patrón de consumo. Ya no supone un prestigio social adquirir un coche o una casa. Es más, el nomadismo digital o la precariedad laboral lo impiden en muchos casos. Por lo que los gastos fijos destinados a ello prefieren distribuirlos en viajes o experiencias que les proporcionen satisfacciones tangibles.

El segundo tiene que ver, debido a los problemas económicos derivados de la COVID-19, con el modelo de negocio de muchos mercados. Como en la crisis de 2007 el consumo ha bajado. Y, ante la indefinición futura en temas como los ERTE, es difícil calibrar si el gasto subirá o se seguirá ahorrando por si esta situación continúa alargándose.

Y el tercero ha ido introduciéndose en nuestra vida poco a poco pero ahora parece irrenunciable. Hace 10 años descargábamos música y películas impunemente y cacareábamos que nunca pagaríamos por ello. Y hoy es difícil encontrar a alguien que no sume, como mínimo, suscripciones a Spotify, Netflix, Amazon, HBO o Disney Plus.

Este modelo no solo nos permite controlar mejor nuestros gastos, porque sabemos cuánto nos cuestan las cosas al mes. Sino también muy pronto, con la aparición en el mercado de plataformas como la española Simplr.io, activarlos y desactivarlos a voluntad cuando nos vayamos de vacaciones o simplemente cuando no dispongamos de recursos para mantenerlos.

De hecho, un viaje por este marketplace nos hace vislumbrar lo que posiblemente muchas bodegas deberían comenzar a plantearse: la transición (o adopción, sin perder obviamente de vista las ventas) hacia el ofrecimiento de productos o servicios por días o meses, lo que podría suponer un incremento del ticket medio de sus consumidores por el hecho de alargar su relación en el tiempo.

Desde 40 euros al mes descubrimos opciones para recibir entre tres y cinco tintos diferentes en casa o packs con cavas con la catalana Vallformosa. Pero es que desde 18 se pueden recibir cada 30 días vermuts, y así hasta un sinfín de posibilidades asociadas al consumo constante y variado de botellas de diversos precios e índoles.

Muchas de las quejas del sector en los últimos años vienen de que los jóvenes apuestan más por la cerveza o de que casi siempre se eligen los mismos caldos. Es el momento de variar la estrategia, proponer nuevas alternativas y poder sorprender con selecciones personalizadas que atrapen al consumidor.

Y todo ello sin tener que variar un ápice el funcionamiento diario de las bodegas y sus envíos.

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