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La Granja: vale la pena conocerlo

21 junio, 2016

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José Antonio López
Tenía una asignatura pendiente y no podía esperar más tiempo en cumplir con mi promesa. Adolfo, alma, corazón y vida del Restaurante La Granja, en Sueca, me había invitado, en distintas ocasiones, a visitar su casa.

Es una persona sencilla que, cuando te invita, no puedes rechazar su propuesta y mucho menos cuando coincides con él en distintos eventos y notas, sabes y te reafirmas, en que estás ante un profesional como la copa de un pino.

0ed14d0080ce42e22d36e39c0ab47a52Detallista al máximo, exigente hasta decir basta, enamorado de su profesión hasta el punto que le fuere la vida en ello.

Adolfo se siente orgulloso de lo que hace y para quien lo hace. No desperdicia ninguna oportunidad de aprender y crecer.

Su humildad le lleva a preguntar hasta más que un servidor (soy campeón de preguntones), y saca las cartas de su baraja de conocimiento gastronómico esperando que los demás profesionales unan las suyas para conseguir un repóquer.

No se conforma con medianías, tiene que conseguir el máximo, y eso le honra, hasta tal punto, que es apreciado, querido y admirado por propios y extraños.

Me siento honrado en contar con su amistad y la de su magnífico e inseparable equipo.

Tony, mi gran amigo de Comer en Valencia, me situó en la plaza de copiloto y nos fuimos hasta la bellísima ciudad de Sueca para encontrarnos con Adolfo.

La primera sorpresa fue la ubicación del restaurante.

La segunda, la fachada, la entrada. Sencilla, atractiva, bonita, fácilmente identificable y, lo que es más importante, te invita a cruzar la puerta.

En el interior amplios espacios que te dan una sensación de tranquilidad irrepetible. Luz, luz y más luz. Haciendo honor a la dedicación de su dueño, el recinto está lleno de detalles que te hacen sentirte bien.

El equipo te recibe y te mima desde el primer momento en que abres la puerta.

No te sientes extraño.

Estás entre amigos.

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Adolfo sale de la cocina, nos da un abrazo de bienvenida y nos manda a hacer gárgaras porque hemos llegado en el momento en que la cocina va a tope.

No nos importa, sabemos que él ama estar en la cocina y privarle de ese momento creativo es una puñeta.

Antes de pasar a un reservado damos la vuelta por el local y “metemos, brevemente, las narices en la cocina”. Productos frescos del campo en la derecha. Carnes que acaban de llegar, pescados que hay que cerrar la puerta para que no se vayan, y el imperio de las paellas.

Nos marchamos a la mesa si no queremos que el cocinero nos dé, en la cabeza, con un cazo que blande por todo lo alto. Es su “sancta sanctorum” y no va a permitir que nadie ni nada trunque su quehacer.

Le entiendo pero no puedo prometerle que vuelva a intentar averiguar sus secretos.

El restaurante está lleno y sin embargo, el silencio es mayor que los ruidos. Todos hablan, disfrutan y comentan la comida, pero amigos, a un nivel sonoro que muy pocas veces he disfrutado. Gracias.

El equipo de Adolfo se pone en marcha y nos encontramos con unas botellas de Venta del Puerto 12, que va a ser el vino que nos guíe en la comida que comienza con unas anchoas del Cantábrico y tomate de El Perelló. Vamos despacio. Hay que saborear cada uno de los tomates y soñar con las anchoas. En ello estamos cuando invade la mesa una cazuela de angulas que levanta admiración.

Tony dice que Adolfo ha empezado con su sinfonía de platos. Va a ir “in crescendo” y el profeta acierta. Un calamar que más que un calamar es el “Kraken” de 20.000 leguas de Julio Verne, acapara toda la mesa. Más de un kilo y medio de un sabroso calamar.

Adolfo se asoma por la puerta para ver nuestra reacción ante “el monstruo”. Luego nos informará de que ese es uno de los “pequeños” y que lo tradicional en La Granja es sorprender con “animales como este.”

NO, no hemos acabado. Aquí viene el cocinero con una tremenda paella con carne de vieira, ventresca, alcachofa y foie. Para pasearla y no tocarla. No quedó ni un grano.

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Para terminar el festín nos ofreció, Adolfo, un sencillo flan de calabaza. Sencillo, sí. Tremendo también. Esto hace honor a que no hay enemigo pequeño.

Tuvimos la suerte de tener una larga sobremesa con Adolfo y, en el intercambio de opiniones, me di cuenta de lo generoso que es nuestro anfitrión a la hora de compartir secretos de cocina y lo empeñado que está en aprender cada día.

La Granja ofrece tanto menús diarios como una extensa carta de platos exquisitos para los que siempre hay un vino adecuado.

A Adolfo, a su equipo y a La Granja los pueden disfrutar en Sueca en Camí Vell de Cullera, 40. Su número de teléfono es el 96 171 01 43.

Vengan a conocerlo.

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2 comentarios en La Granja: vale la pena conocerlo

carlos el 1 agosto, 2016 a las 2:47 pm:

A mi..me encantó!En cúanto pueda repito!!

el xarcu el 2 agosto, 2016 a las 9:13 pm:

La granja es para repetir con una vez no basta,hay qque disfrutar de su encanto

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