21 mayo, 2026

Mar Lafuente
El pasado martes 19 de mayo, el Palau de la Música de València volvió a convertirse en el gran punto de encuentro del vino valenciano con la celebración de la XX Noche del Vino de la Denominación de Origen Valencia. Una edición especialmente significativa, no solo por la cifra redonda, también por el momento que atraviesa el sector, un cambio de ciclo claro donde el volumen deja paso al valor, la identidad y, sobre todo, la calidad.
La jornada comenzó con un acto institucional donde el presidente de la DO Valencia, Salvador Manjón, habló del contexto en el que se mueve hoy el vino: “La caída del consumo debe interpretarse como una oportunidad estratégica para avanzar hacia un modelo basado en el valor, la diferenciación y la identidad territorial”. Insistió en que el consumidor actual “bebe menos, pero exige más calidad, más autenticidad y más conexión emocional”, y defendió que el futuro pasa por “producir menos volumen, pero con mayor capacidad de diferenciación y mayor reconocimiento en el mercado”.

En ese relato, la pieza clave vuelve a ser el territorio. “La recuperación de variedades autóctonas nos permite elaborar vinos con personalidad propia, difíciles de replicar en otros lugares”, subrayó. También hubo una mirada hacia el propio centro de València, donde la DOP quiere reforzar su presencia con un centro de interpretación: “No podemos permitirnos que los miles de turistas que pasan por la ciudad no sepan qué somos ni qué hacemos”.
Y dejó una idea que actuó como hilo conductor de toda la noche: “Una denominación fuerte genera valor colectivo y orgullo de pertenencia. Orgullo de ser Vino DO Valencia”. Así, tras esa intervención y en el mismo sentido, llegó uno de los momentos más relevantes de la noche: la presentación de la nueva campaña de comunicación de la Denominación bajo el lema “Valencia deja huella”.
Esta campaña cambia el enfoque tradicional para situar el vino en un plano más emocional, experiencial y territorial. El mensaje es claro, no se trata de un producto, sino de algo que permanece. “Deja huella en el consumidor, pero también en el territorio”, se trasladó durante la presentación del vídeo, que conectó vino con paisaje, sostenibilidad y economía local. La campaña, que se articulará a través del hashtag #ValenciaDejaHuella, busca reforzar la idea de vinos que acompañan momentos cotidianos y especiales, pero que al mismo tiempo hablan de origen, de responsabilidad y de territorio.
Con la campaña ya presentada, llegó el turno de las distinciones de la DO Valencia, que este año volvieron a dibujar tres ejes muy claros del sector: montaña, identidad varietal y modelo cooperativo.

La primera distinción viajó hasta el Alto Turia, donde el proyecto 2L ha convertido la recuperación de la viña familiar en un proyecto de futuro en zonas de interior. “Dar las gracias a la cooperativa Santa Bárbara por dejarnos empezar aquí, donde trabajaron nuestros abuelos y padre. Y gracias a ellos por transmitirnos la pasión por el viñedo y el campo en general, sin ellos no sería posible”, explicaron al recoger el reconocimiento. El proyecto representa esa nueva generación que pasa de vender uva a elaborar vino propio, con la merseguera como variedad protagonista. Y dejaron también un mensaje claro: “Hay que apoyar más el vino valenciano entre todos para conseguir que esté en más sitios”.

El segundo reconocimiento fue para Javi Revert, uno de los nombres más sólidos de la nueva generación en Terres dels Alforins y en general de los vinos mediterráneos. “Me he sentido siempre muy identificado con la DO, me ha apoyado y escuchado”, señaló. Pero su discurso fue más allá del agradecimiento: “El camino es apostar por la calidad, por nuestras variedades tradicionales y por nuestra cultura. Es la forma de que nos vean con mejores ojos desde fuera”. Un mensaje alineado con el momento actual de la denominación con la identidad como ventaja competitiva.

La tercera distinción reconoció la trayectoria de Anecoop Bodegas, en un año especialmente simbólico por su 50 aniversario. Su presidente, Alejandro Monzón, quiso poner el foco en el modelo colectivo: “Este reconocimiento es de toda la familia Anecoop y de los miles de agricultores que han hecho posible este camino”. Y recordó la evolución del proyecto vitivinícola: “Desde 1986, el vino forma parte de nuestra estructura cooperativa, siempre desde el respeto al origen, la tradición y la innovación”.
Tras el acto institucional, el protagonismo se trasladó al Hall Naranjos del Palau de la Música, donde tuvo lugar la gran degustación con la participación de 32 bodegas de la DO Valencia.
Un recorrido amplio por la diversidad del territorio, con presencia de: Fil·loxera & Cía, Bodegas El Villar, Celler del Roure, Pago Casa Gran, Bodegas Enguera, Bodega El Angosto, Bodegas Valsangiacomo, Bodega Santa Bárbara de Titaguas, Clos de Lôm, Bodega La Viña y Bodegas Reymos, ambas de Anecoop Bodegas. También participaron Rafael Cambra, Vinya Alforí, Vegamar Bodegas, Can Leandro, Vicente Gandía, Bodegas Los Pinos, La Baronía de Turís, Bodegas Polo Monleón, Bodegas Arráez, Daniel Belda, Terra d’Art, Clos Cor Ví, Bodega Javi Revert Viticultor, Bodegas Urbanas, Casa Los Frailes, Bodega Casa de las Vides, Bodegas Godelleta, Baldovar, Dominios de MGP, Bodega Toni Beneito y Cañas y Barro.
Una puesta en escena que volvió a demostrar que la Denominación de Origen Valencia está construyendo un discurso basado en la historia y la identidad, dejando atrás el volumen.
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