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La digitalización como una herramienta de compra

29 junio, 2021

Salvador Manjón
De los muchos cambios a los que nos hemos visto sometidos en estos últimos quince meses, es el de la digitalización el que con mayor importancia ha incidido en nuestras vidas. La imposibilidad de desarrollar una vida normal durante un largo número de semanas nos llevó a tener que cambiar, casi por obligación, nuestros hábitos de compra. Y, con mayor o menor incidencia, estas modificaciones han venido para quedarse.

Según el estudio editado por la Fundación Telefónica “La sociedad digital en España 2020-21. El año en que todo cambió”, en las primeras semanas del confinamiento avanzamos el equivalente a un lustro en la tecnología de la digitalización. Y esta evolución no ha hecho más que empezar, obligando a nuestras empresas a destinar una parte de sus recursos a hacer frente a este reto, y a nosotros, consumidores, a integrar móviles, tabletas y ordenadores, en nuestras actividades cotidianas.

Y, aunque no todos (ni empresas ni consumidores) evolucionaremos al mismo ritmo en esta adaptación a lo que Klaus Schwab definió como la “cuarta revolución industrial”, bautizándola con el nombre de “Sociedad.5”; sus cambios irán mucho más allá de cuál es el papel que jugarán en nuestras vidas los equipos electrónicos, suponiendo una modificación profunda en nuestros hábitos de compra y de consumo.

La incorporación de aspectos relacionados con el medio ambiente, o los aspectos saludables que tiene el consumo de un alimento. La concienciación de que no solo hay que producirlo, sino hacerlo de manera sostenible, responsable y equitativa para todos los que integran la cadena de valor del producto. Son aspectos que van mucho más allá del simple “clic” en el botón de un móvil. Viéndose reflejados en las decisiones de compra y la oferta de productos.

Hablar de vino, ya no es solo hacerlo de su disponibilidad y precio, ambas circunstancias ampliamente modificadas por la puesta a disposición de un mercado globalizado, gracias, en buena parte, a esa digitalización. El origen, hasta ahora residual, adquiere un protagonismo principal y al que, poco a poco, se le van añadiendo otros elementos como variedad, respeto al medio ambiente en su cultivo y elaboración, concienciación social sobre las condiciones de los trabajadores que han participado, o aquellas otras cuestiones que tienen que ver con las mismas consecuencias ocasionadas por su transporte. Materias todas ellas que nada tienen que ver con el concepto estricto de la “calidad”, pero que han pasado a conformar un nuevo concepto, mucho más amplio, y en el que el gran factor determinante del precio pierde protagonismo.

Afortunadamente, en esto es una de las pocas cosas en las que hemos salido ganado desterrando al vino de nuestra alimentación. El vino se ha convertido en un producto de lujo, ya que su demanda está sujeta a la disponibilidad de la renta de sus compradores y no a la de satisfacer ninguna necesidad básica. Con su compra buscamos mucho más que la satisfacción de disfrutar de sus cualidades organolépticas, queremos que sean únicos, su presentación reconocida, las características del producto y de su elaboración puestas a nuestra disposición, su calidad manifiesta y avalada por prescriptores; sin olvidarnos de cierto grado de exclusividad. Características todas ellas cambiantes y adaptables a cada momento y circunstancia, pero que exigen de una oferta e información que supera en mucho la que pueda tener un establecimiento físico. Suponiendo un coste intangible en el producto que puede llegar a multiplicar varias veces el coste de todos los insumos que han permitido llevar hasta nuestra casa esa botella.

El desarrollo de esta Sociedad.5 supone un paso de gigante en la adaptación a los cambios que ha habido en el consumo de vino en el mundo, con especial incidencia en aquellos países tradicionalmente productores, donde el consumo per cápita se ha visto fuertemente perjudicado. Las bodegas deberán seguir haciendo grandes esfuerzos en poner a disposición de los consumidores esa información que hasta ahora no requerían y, especialmente, en adaptar todas aquellas cuestiones relacionadas con la calidad percibida. Pero los consumidores se verán obligados a dedicar tiempo en informarse, en bucear por la gran información y opinión (no todo lo publicado tiene la independencia que caracteriza la información) disponible para elegir.

Una gran oportunidad para nuestros vinos, dotados de una alta calidad objetiva, pero a los que les quedan grandes caminos por recorrer en esas otras características que empleábamos anteriormente para definir un producto de lujo. Lo haremos, sin duda. Y mientras eso llega, un consejo, lean, comparen y compren. Pero, por encima de todo, disfruten del placer de una buena copa de vino de nuestros vinos.

www.salvadormanjon.com

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