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La Comarcal: Carmen, voy a tener que emborracharme

3 junio, 2021

Jaime Nicolau

Rectas curvas, curvas rectas imposibles de aprender que cantaba Antonio Flores. Amigos, viticultores y residentes en Valencia. Así se empieza a escribir hace ya un lustro la historia de La Comarcal. Javi Revert y Víctor Marqués, tanto monta, son amigos desde hace años y comparten una visión del mundo del vino en la que el ingrediente de la pasión juega un papel fundamental y claramente diferenciador y con la que han cautivado a público y crítica. La Comarcal nace con la única misión de hacer vinos sinceros y a la vez divertidos para ser disfrutados, que provienen de parcelas genuinas que se han ido encontrando en su viaje. Ahora han decidido dar una vuelta de tuerca a los diseños de sus etiquetas, al tiempo que han hecho crecer la familia con la llegada de un nuevo vino blanco.

El recorrido comienza con Carmen 2019, elaborado con las autóctonas bobal (80%) y garnacha (20%), con una crianza de 11 meses en depósitos de hormigón. Proviene de una parcela de Bobal de 2 hectáreas plantadas a 630 metros de altitud en 1965 sobre suelo arcillo-calcáreo en el paraje de los Tolluelos en Venta del Moro. La Garnacha proviene de una parcela de una hectárea plantada en 1978 con un alto componente de arena. Se vendimia a finales de septiembre y se encuba con un 100% de racimo entero al que se le realizó un suave pisado. Se inicia la fermentación de forma espontánea con levaduras autóctonas. Después del prensado se trasiega a hormigón donde acaba la fermentación maloláctica. En este envase permanecerá hasta el momento del embotellado con sus lías finas. Tiene una producción de 3.200 botellas.

La segunda parada de este viaje voluntariamente ejecutado por carreteras secundarias sería Lafont 2020, con la también autóctona malvasía como protagonista. Proviene de una parcela de 2,5 hectáreas plantada sobre suelos calizos en 1975, situada en la falda de la Penya Foradà, en La Font de la Figuiera, a una altitud cercana a los 700 metros. Se vendimia a mediados de septiembre y se realiza un prensado directo. Desfangado estático de 12 horas y se trasiega a un depósito de hormigón. Cuando se inicia la fermentación de forma espontánea se trasiega a barrica parte del vino. Una vez finalizada la fermentación se cría durante 6 meses junto a sus lías en reposo una parte en barrica y otra en damajuana, un ingrediente más en esta mágica ecuación. De este vino, que ha enamorado entre otros a críticos como Robert Parker, se elaboran 1.800 botellas.

Tercera parada: Delmoro tinto 2020, en el que manda la garnacha combinada con un 30% de syrah. «Delmoro es nuestro vino del pueblo de Venta del Moro, que proviene de distintos viñedos entre los 15 y los 50 años de edad», señalan los viticultores valencianos. Proviene de una parcela de 4 hectáreas plantada en 1987 en el paraje de El Guindal. Se elaboran las variedades por separado, fermentando con levaduras autóctonas y un 30% de racimo entero. La Garnacha permanece en depósitos de acero inoxidable, mientras el Syrah fermenta y se cria en depósitos de cemento durante 8 meses. 20.200 botellas es el resultado.

Y en la última curva de este apasionante viaje, la novedad: Delmoro blanco 2020, resultado de una combinación en iguales proporciones de merseguera y chardonnay, que reposan durante 6 meses en una mágica mezcla de fudres y cemento. «Delmoro es nuestro vino blanco del pueblo de Venta del Moro, que proviene de distintos viñedos entre los 8 y los 42 años de edad». Están plantados sobre suelo arcillo-calcáreo, a una altitud de alrededor de 600 metros sobre el nivel del mar, y con un clima continental con influencia del Mediterráneo. Se vendimia a finales de agosto y mediados de septiembre. Se realiza un prensado directo y un desfangado estático de 12 horas. El chardonnay fermenta en barricas de 500 litros y permanece con sus lías finas sin removido durante 5 meses. La variedad merseguera fermenta y envejece en cemento hasta el momento de la mezcla previo al embotellado. En esta primera añada: 8.100 botellas.

Y así se van sucediendo las rectas y curvas de La Comarcal, marcando un recorrido no previsto, en el que cada parada es espontánea y tiene un por qué. La pasión, ese ingrediente mágico, es el GPS del proyecto.

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