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La “clòtxina”: el gran manjar de los meses sin erre

16 May, 2024

Pedro G. Mocholí

Un año más, los clochineros del Puerto de Valencia y de Sagunto nos vuelven a presentar uno de los productos más típicos de la primavera y el verano valenciano; la clóchina (clòtxina).

A principios del siglo pasado, unos pescadores vararon un par de viejas barcas de bajura para crear las primeras bateas de nuestro puerto, iniciando así el cultivo controlado de la clóchina, siguiendo especificaciones de otras zonas marítimas españolas como la gallega o la costa italiana. 

Hasta la fecha, la comercialización se producía gracias a las rocas que rodeaban el puerto y delimitando el malecón o la antigua Chitá, que daba fin al propio puerto y que desde las distintas ampliaciones ha sido engullida por ellas.

Lo recuerdo a la perfección, pues cuando nadaba la antigua travesía del Puerto de Valencia (25 de julio), esta la realizábamos saliendo en el transportador Cris que nos llevaba a La Chitá y, desde allí, teníamos que volver nadando y sorteando las bateas que allí se encontraban ancladas. La llegada después de los 4000 metros nadando se realizaba en la Escalera Real, que con tristeza también ha desaparecido. 

La comercialización de la clóchina caló muy pronto en la sociedad Valenciana por varios motivos, el sabor y la fácil elaboración fueron motivos suficientes para su gran demanda, si que es verdad que solo se podían disfrutar de ellas entre los meses de mayo a principio de agosto. O lo que es lo mismo, los meses sin erre.

Las crías o “crianço” flotan en el agua y antiguamente se adherían a las rocas y así crecían y eran recolectadas. Con la crianza en las bateas permitió generar el producto suficiente, pues todos los años la demanda crecía. La variedad valenciana se llama Mytilus Gayorovincialis, de mayor valor gustativo que el mejillón gallego o Mytilus Edulis.

Uno de los mayores valores que encontramos en nuestros puertos valencianos son las corrientes que encontramos y que transportan gran riqueza de plancton del que se alimentan las clóchinas. Es imprescindible que una vez recolectadas, pasen un par de días en las depuradoras para eliminar cualquier toxicidad que pueden albergar en su interior y esté proceso se realiza con agua Salada depurada.

Uno de los éxitos que posee la clóchina es la fácil elaboración y el gran sabor que posee. La forma más popular es al vapor y se suele realizar de la siguiente manera. En primer lugar hay que quitar los restos de las barbas que han quedado. En una cazuela colocamos un poco de aceite de oliva, unos dientes de ajo sin pelar (si se quiere pelar, sin problemas), después unos granos de pimienta y si se desea un par de guindillas. Lo calentamos buscando que los ajos se doren y acto seguido introducimos las clóchinas y un pequeño chorro de Tío Pepe (un dedal) y comenzamos a mover la cazuela con un paño para no quemarnos.

Pasados un par de minutos las clóchinas se habrán cocido soltando el agua de mar que poseen en su interior, resultando uno de los caldos o consumes más ricos que pudieran imaginar.

Para acompañar, yo recomiendo un buen cava blanco o rosado bien frío, les aseguro que les van a emocionar. 

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