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La bodega durmiente que despierta en Tavella

9 julio, 2020

David Blay
El 13 de marzo de 2020 será una fecha que pocas personas olvidarán en España, puesto que corresponde al decreto oficial del Estado Alarma y, por lo tanto, al inicio del confinamiento.

En mi caso, además, subyace un segundo recuerdo: me despedí de la libertad de movimiento (provisional) comiendo en Tavella. Y recuerdo todavía la sensación de incertidumbre que vivíamos incluso quienes estábamos disfrutando de su legendaria corvina a la brasa.

Obviamente, esa preocupación era más extensible si cabe a los propios trabajadores y propietarios del local. No solo porque no habría opción de reabrir en un cierto tiempo, sino por la doble apuesta de integrar más producto fresco disponible diariamente y de surtir de caldos de muy alto nivel una bodega que poco a poco va convirtiéndose en legendaria en la ciudad.

Es precisamente de esta última sobre lo que trata este artículo. Una suerte de santuario a temperatura constante, iluminación continuada e idas y venidas de Sara López desde la sumillería que tendría un destino distinto al del resto del local durante el confinamiento: sobrevivir exactamente en las mismas circunstancias que viviría si se encontrara en su punto de máxima actividad.

Con el cierre temporal cesó obviamente cualquier atisbo de trabajo culinario, pero aquello percibido por muchos como un gasto irrechazable se convertía sin embargo en una inversión. Porque la luz y el frescor concretos para que ninguna botella perdiese sus propiedades se mantenían encendidos y pagados religiosamente. Al fin y al cabo, la comida perecedera puedes congelarla o consumirla, pero uno no va a abrirse cada día una botella de vino. Especialmente si está escogida para que la disfruten aquellos a quienes quieres invitar a visitarte en tu proyecto gastronómico.

Ciertamente más pronto de lo esperado la actividad se reanudó. Y, en el caso del personal comandado por Pablo Chirivella, además con un ritmo afortunadamente similar al acostumbrado antes de que nos dijeran que no podíamos sentarnos en torno a una mesa para ser felices.

Además, su apuesta (al menos hasta la fecha) está resultando ganadora. Los números hablan de un incremento en el consumo general, asociado además a comandas fuera de menú. Incluso en aquellos clientes conservadores, que pese a todo mantienen al menos las costumbres anteriores.

El cambio, eso sí, ha derivado hacia productos distintos por razones evidentes con el paso de estación. El calor, la propuesta de platos y las ganas empujan más hacia blancos y espumosos. 

Con la prudencia que otorgan los últimos datos de contagios y rebrotes, sí se aprecian unas (todavía mayores) ganas de disfrutar. De dejarse aconsejar. De maridar al máximo. Al fin y al cabo, nadie puede asegurarnos que no vayamos a tener que volver a quedarnos en casa. Y, al menos en esas circunstancias, tendremos la certeza de haber contribuido a que la gente que se esfuerza por hacernos felices haya podido ir saliendo hacia adelante.

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Un comentario en La bodega durmiente que despierta en Tavella

Santi el 11 julio, 2020 a las 2:24 am:

Sentirte como en casa es una sensación complicada de describir, porque yo no vivo en un restaurante y, por tanto, aunque sea un cliente regular, no dejan de ser visitas cortas con un objetivo prioritario: disfrutar de unas horas, solo (siempre en mi mesita, la que controla el
Pequeño porche que hace de entrada) o acompañado por amigos que hacen la estancia aún mucho más interesante.
Estoy en casa porque creo que ya algo de mi pertenece a esta bonita y orgullosa masía beniferra a la que siempre acudo y donde siempre me quedo querido y excesivamente bien tratado. Ah, y se come bien…, no, se come muy bien, porque al final te das cuenta que, rodeado de tantas excelentes botellas, el talento siempre marida bien. Y si, como en el caso de Pablo Chirivella, el talento lo dedica a jugar a los sentidos con los demás, queda claro que el juego se lo pasó hace años y que ya está en un nivel al alcance de pocos cocineros en la ciudad.
TAVELLA & PABLO CHIRIVELLA, gracias por cuidarme tan bien… Gracias por hacerme sentir como en casa S.F

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