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Kelin: la atalaya de los íberos donde el bosque abraza el viñedo

10 junio, 2021

Texto: Jaime Nicolau / Fotos y Vídeo: Fernando Murad y Vicent Escrivá

Repartidos por todo el arco mediterráneo, los yacimientos de la época íbera escriben de manera clara la historia de nuestras tierras desde hace cerca de 2700 años. Uno de ellos es Kelin, a escasos metros de la actual Caudete de las Fuentes. Se trata de una ciudad que se convirtió en capital de la actual comarca de Requena-Utiel y que estuvo habitada durante 700 años, ocupando una amplísima superficie aproximada de 10 hectáreas. Hoy sabemos cómo vivían sus gentes y el papel que el vino tuvo en aquella sociedad, gracias a dos casas, la del agricultor y la del comerciante, así como a través de todos los restos que se encuentran depositados en la colección museográfica Luis García de Fuentes de la localidad. Allí hemos quedado con la arqueóloga Laura Hortelano, para conocer más de esos primeros caudeteños.

El orden de la visita para todos aquellos que decidan conocer Kelin es lo de menos, porque entre el poblado íbero y el museo van a hacerse una idea bien a las claras de como vivían aquellos habitantes de estas fértiles tierras. «La colección museográfica alberga todos los materiales de la ciudad íbera de Kelin y una buena parte de ellos demuestran que se producía, recepcionaba y comercializaba vino. Incluso la pieza que se ha elegido como imagen de Kelin, que es una boca de jabalí muy trabajada en lo que a la técnica se refiere y de enorme belleza, realmente es un pitorro para verter líquido en el recipiente en el que luego se bebía», señala Laura Hortelano.

Realmente en la exposición encontramos piezas de todos los ámbitos, que explican el tipo de vida que llevaban esos primeros moradores. Desde grandes tinajas o vasijas en las que se almacenaba el vino, a utiensilios del campo, de batalla e incluso monedas, que son precisamente las que han dado el nombre de Kelin a esa ciudad.

Y a Kelin nos trasladamos, a escasos metros del casco urbano de Caudete. «Era una ciudad muy grande de más de 10 hectáreas. Es una ciudad que va evolucionando en sus diferentes épocas, con calles muy anchas. En la casa del agricultor vemos claramente como vivía una familia dedicada a la agricultura, con espacios para el almacenaje y para la entrada y salida de carros. En la casa del comerciante, por su parte, se encontró incluso una bodega, con más de 70 ánforas con 70 litros de capacidad. También hay en ella un taller de trabajo de las metales. Muchos atisbos relacionados con el comercio» nos explica Laura Hortelano al tiempo que recorremos con ella las dos viviendas que se han recuperado. Apasionante lo que nos cuenta, y viniendo del museo, incluso uno llega a imaginarse a aquellos habitantes en sus quehaceres diarios desde una atalaya privilegiada. Y es que Kelin ejerce un amplio dominio visual sobre el llano circundante por ser una de las elevaciones más destacadas de la zona. Se ubica junto al río Madre de Cabañas, afluente del Magro, que con sus aguas y fuentes crea un rico valle agrícola: la Vega. Además, está junto a una de las vías naturales que comunica la Meseta con la costa mediterránea, lo cual le permitió controlar el tránsito de personas y mercancías.

Pero ya hemos dicho que la ciudad ocupaba cerca de 10 hectáreas. Y esa villa está bajo tierra en muy buenas condiciones. Estudios realizados por el equipo de arqueólogos han constatado que la ciudad se encuentra bajo nuestros pies, con decenas y probablemente cientos de casas como las dos que han sido recuperadas. Dispuestas a contar la historia de aquellos primeros caudeteños que un día eligieron asentarse en estas privilegiadas tierras, en las que el bosque abraza el viñedo.

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