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Juan Miguel Tolosa, el hombre que salvó las viñas y ahora es referencia en la DO Manchuela

25 noviembre, 2022

Enrique Solves Leonés

Juan Miguel Tolosa es el artífice de lo que es Vega Tolosa hoy en día: una apuesta total hacia los vinos ecológicos y una filosofía de amar y mimar a la viña que han llevado a esta bodega de Casas Ibáñez a ser una de las potencias de la Denominación de Origen Manchuela, y un ejemplo a seguir en toda España de cómo hacer las cosas bien.

Cuando se supera un revés, uno se vuelve más fuerte. Esa podría ser la trayectoria de esta bodega albaceteña comandada por Juan Miguel, un hombre lleno de sabiduría, que actualmente vive uno de sus mejores momentos gracias a una serie de factores que tienen como denominador común el esfuerzo, el amor por la viña y la perseverancia.

Miembro de la familia Vega Tolosa, Juan Miguel es la cuarta generación. Su relación con el vino le viene desde el momento en que nació, y es que en la parte trasera de su casa había una pequeña bodega familiar, como era habitual en este territorio de España desde hace ya bastantes años. Su ‘maestro’ fue su propio padre, quien le enseñó el cultivo del viñedo y la elaboración del vino. Esto tuvo una incidencia clara en la vida de Juan Miguel, pues decidió estudiar Enología para afrontar retos futuros, pues él ya sabía que esa bodega dentro de la vivienda familiar se tendría que ‘mudar’ a otro sitio, de acuerdo a las tendencias de la época, las cuales estaban claramente influenciadas por una reconstrucción integral de este sector. Este sería el primer paso en su vida para hacer vinos de calidad, y asegura «año tras año hemos ido evolucionando para afrontar esas tendencias en la elaboración de los vinos a lo largo del tiempo».

Toda esta historia empieza en el municipio de Casas Ibáñez, Albacete. Juan Miguel destacó que todo el mundo que tenía dinero, tenía una bodega que solía estar en la parte trasera de los domicilios particulares. A día de hoy parece una posibilidad muy remota, por no decir imposible, pero en esa época era algo muy habitual. De hecho, esa primera bodega de su padre era muy conocida en el pueblo. Pero todo cambió con la Política Agraria Común. En el municipio se creó la cooperativa como «flotador salvavidas» para estas, dando más facilidades y menos problemas para vender el vino. Sin embargo, esa prosperidad acabó pronto, «los integrantes de la cooperativa poco a poco fueron evolucionando sus bodegas hasta convertirlas en algo parecido a lo que se ve en estos tiempos. Por desgracia mi padre no pudo porque no tenía los recursos económicos para construir una nueva, y le tocó cerrar», nos decía. Una vez llegados a este punto, Juan Miguel tomaría una de las decisiones más importantes de su vida: construir una bodega nueva a las afueras del pueblo.

 

 

Es imposible no sentir admiración hacia Juan Miguel, quien no sucumbió a las subvenciones de la Unión Europea y logró mantener los viñedos viejos de bobal de su padre en pie. Esta es otra decisión que marcó la vida de este bodeguero, pues cuenta con un verdadero tesoro en los suelos manchegos.

A lo largo de la entrevista, nos destacó  varias veces que su filosofía de trabajo siempre ha sido cuidar del viñedo, que es el verdadero patrimonio que tiene la bodega. «No dudé en mantener nuestros viñedos viejos de bobal, seguir con ellos, no arrancarlos, mimarlos, porque la calidad es nuestra identidad, y la calidad está en ellos», asiente. Unos viñedos que fueron de su padre y antes de sus abuelos, resistieron esta ‘caza de brujas’. En total eran unas 30 hectáreas de viñedos viejos de bobal, algunos incluso centenarios, que producen poquísima uva; concretamente 2 kg por cepa y 3000 kg por hectárea.

Destacó que el municipio vivió una época oscura. Durante la transformación se arrancaron muchos viñedos viejos y variedades foráneas porque la subvención era enorme. Juan Miguel tomó otra decisión ante este panorama, la cual no pudo ser más acertada. Salió a la captura de los campos de la zona que no eran pocos, comprándolos y evitando que se arrancaran los viñedos, «tratamos de comprar campos afectados y ofrecer al agricultor otra opción que no fuera el abandono definitivo». En este periodo, Vega Tolosa atravesó por un proceso de ampliación enorme, pasando de 30 a 80 hectáreas, que son las que posee actualmente.

Juan Miguel le debe mucho a la uva, y la uva le debe casi más. Estamos completamente seguros de que si los viñedos de esta zona pudiesen hablar le darían las gracias, entre otras muestras de cariño al que fue su salvador en esta época tan convulsa.

 

 

Después de atravesar este periodo, llegó la estabilidad a Vega Tolosa. Un día dio la casualidad de que Juan Miguel estaba cenando con un importador en Londres y pidieron un viognier, «me enamoré de esa uva», aclaró. Tras llevar a cabo una investigación sobre la viabilidad de la viognier en este territorio, llegó a una conclusión: «si la syrah se cultivaba en el Valle del Ródano con unas condiciones específicas y se adaptó aquí tan bien, ¿por qué no la viognier, si en el valle del Ródano funcionan las dos? Entonces nos decidimos a plantarla y estamos más que satisfechos». Esta uva guarda muy bien la acidez, tiene una maduración un poco más lenta que las variedades blancas que hay en la zona y la piel es un poco más gruesa. Al ser más gruesa, aguanta mejor las enfermedades, ya que todos los vinos de Vega Tolosa son ecológicos y no pueden usar muchos de los productos que existen en el mercado.

Y sí, absolutamente toda la producción de Vega Tolosa está certificada con ecológico. Juan Miguel se dio cuenta de que esos productos químicos eran bastante innecesarios, pues al llover poco, apenas hay enfermedades. Los resultados tardaron poco en hacerse notar; al primer año se ahorraron bastante en productos químicos. Los comienzos no fueron fáciles pero a los pocos años estos vinos ecológicos empezaron a tener demanda en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. «Hoy Vega Tolosa no tendría sentido sin sus vinos ecológicos. Yo no tendría mercado sin estos vinos, ya sea porque yo he ido buscando ese nicho o ellos me han buscado a mi», afirmaba.

Actualmente todos los vinos de Vega Tolosa cuentan con el certificado de ecológico

 

Focalizándose en el presente, Juan Miguel tampoco aparta la mirada al futuro. En la pasada década realizó una importante inversión en la bodega para adaptarse a nuevos tiempos. Empezó poniendo los equipos de frío y una bomba de calor para mantener la temperatura de los vinos en invierno. Pero esa no es la única novedad, filtros, varias embotelladoras, la maquinaria, tecnología puntera… Con esa larga lista de inversiones, Vega Tolosa afrontará los proyectos futuros como un coloso de la DO Manchuela, siendo uno de ellos el de elaborar espumosos por el método tradicional.

 

Pero eso no es todo, «trabajando bien en la bodega criamos un poco de futuro con las nuevas generaciones que se queden trabajando aquí y no se vayan del pueblo. Para ello mi hermano y yo dimos continuidad a este proyecto, para que los siguientes que vengan encuentren un lugar atractivo donde trabajar y no abandonen nuestra tierra». Este proyecto es, sin ninguna duda, elaborar vinos de calidad, embotellarlo, comercializarlo y darle vida en los mercados internacionales para asentarse después, afirmaba Juan Miguel.

 

«Hemos allanado el camino para que las nuevas generaciones que vengan a Vega Tolosa lo encuentren atractivo»-

El enoturismo es otro aspecto que han potenciado en Vega Tolosa. Hace 10 años que incluyeron la actividad de visitar la bodega y llevar a cabo una cata. Hoy sigue estado vigente pero perfeccionada, y para ello han construido una sala de catas para 80 personas con una cocina para poder degustar algunas tapas típicas de la comarca. «Aquí el enoturismo ha crecido de una forma muy notable, cada vez tenemos más visitantes en parte también porque tenemos Alcalá del Júcar a pocos kilómetros de Casas Ibáñez».

Sala de catas de Vega Tolosa

Lo que está claro es que Vega Tolosa, y en general las viñas de Casas Ibáñez, tienen muchísima suerte de contar con Juan Miguel Tolosa, el hombre que las salvó, saca lo mejor de ellas y les garantiza un futuro próspero a la vez que las da a conocer internacionalmente y las convierte en un orgullo no solo en la DO Manchuela, sino en todo el territorio nacional.

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