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Expedición Punitiva a la Castilla de la meseta

25 julio, 2021

Con María del Yerro y Javier Alonso.

Pedro G. Mocholí

Sin lugar a dudas, lo que no cure un buen viaje no lo cura el mejor de los analgésicos o el más eficaz de los antibióticos.

Viajar es poner tierra de por medio de los problemas, de las insatisfacciones y de todo aquello que te rodea que no es de tu gusto. Además, después de año y medio que llevamos a cuestas, qué menos que un hálito de ilusión y esperanza, y desear que podamos vislumbrar un futuro más esperanzador del que nos espera a corto plazo.

Es por ello que cuando hace algo más de un mes nos juntamos para celebrar mi cumple, Josechu López, Ángel Massa, Gabi Ibor y un servidor, y decidimos poner rumbo a Valladolid, no lo dudamos un segundo, y el pasado viernes lo que en principio fue un sueño, se convirtió en una realidad.

A las 07:15 con tremenda puntualidad británica, Ángel, Gabi y un servidor poníamos rumbo a la capital del Pisuerga. Josechu, por cuestiones laborales (una de sus empresas se encuentra allí) había salido el día anterior y nos esperaba.

Yo, como buen previsor, ya había preparado un plan, que comprendía visitas a bodegas y comidas en restaurantes propios y característicos.

Lo que en su día fue Dulciora, hoy se ha reconvertido en Boston Nutraceutical Science, una empresa dedicada a la elaboración de componentes dietéticos, nutricionales y vitamínicos, enfocados sobre todo a los deportistas, fue nuestro primer destino. Allí nos esperaba Josechu y con la mayor presteza posible nos dirigimos a las bodegas Belondrade & Lurton, donde nos aguardaban Marta Baquerizo y Jean Belondrade. El recibimiento fue gozoso y cariñoso, saludamos a Marta, y a pesar de estar embotellando ya la añada del 2020, a continuación, Jean nos enseñó un mapa donde encontrábamos las distintas parcelas de los viñedos, y así comenzamos la visita.

Cada parcela ofrece una diferencia, las hay más de arcilla, las hay más arenosas y, por supuesto, las hay con mayor número de cantos rodados, lo que desvelaba que en tiempos prehistóricos fueron lechos de río.

Recuerdo a la perfección, pues lo he contado en innumerables ocasiones, que yo descubrí esta bodega gracias al sumiller de La Broche, en una cena que realicé en julio de 1998.

Aquella botella me llamó la atención gracias a su etiqueta, de un rojo bermellón y el gollete de color y tacto plomizo.

Aquella añada era la del 96, y los matices y sensaciones que encontré, me sorprendieron muy gratamente.

Pasó un año para volver a tomarlo, y en esa segunda ocasión fue en Joaquín Schmidt, y las sensaciones no solo se incrementaron, sino que mejoraron, pues el vino había estado unos meses más en botella, redondeándose al gusto del bodeguero.

Jean Belondrade.

Jean a continuación nos llevó a la nave de barricas, donde nos descubrió la utilización de la madera y barrica francesa.

Para finalizar la visita, qué mejor que realizar una cata de sus vinos.

Tuvimos la ocasión de catar: Belondrade 2019, Quinta Apolonia 2020 y Quinta Clarisa. Vinos muy actuales, de gustos abiertos y de gran frescura, que unidos a la naturalidad en su elaboración, nos ofrecen grandes sensaciones.

Para finalizar y a modo de detalle, Jean nos abrió un Belondrade 2013, un vino que se mantenía muy vivo, con una evolución perfecta: entre los aromas encontramos notas de hinojo, flores blancas y ligeras notas de barrica, pero muy sutiles y muy bien ensambladas. En el paladar sigue manteniendo una magnífica acidez, conservando la elegancia de antiguas añadas.

Una vez acabada la visita nos desplazamos a Tordesillas, al restaurante El Torreón, un establecimiento clásico de la localidad con más de 40 años de trayectoria. Jeremías, lleva más de 37 años al frente y hay que reconocer que en el mundo de la carne, son todos unos maestros.

Otra de sus especialidades es el foie, primero lo sacó en micuit, para después ofrecer foie fresco a la brasa, acompañado por una copa de Sauternes. Tengo que reconocer que a pesar del foie que he comido, me sigue atrayendo por su sabor y textura.

Continuamos con un carpaccio cubierto de una fina capa de foie. A continuación, llegaron unas chuletas de lechal con sus riñones incluidos, los cuales fueron para mí, aunque Josechu protestó, y no tuve más remedio que darle un par.

Para finalizar, una chuleta de retinta, con buen sabor y toques herbáceos.

La verdad, no conocía este restaurante, y es muy recomendable.

Una vez finalizada la comida, volvimos al hotel Mozart, en pleno centro de Valladolid.

Por la noche, dimos una vuelta por el centro, donde encontramos una gran animación, sobre todo en aquellas calles en las que había bares, pues las tapas son otro de los alicientes de la ciudad.

A la mañana siguiente, después de desayunar, pusimos rumbo a la localidad de Roa (Burgos), allí nos esperaba María del Yerro para realizar la visita a los viñedos y posteriormente a la bodega.

A María tuve el placer de conocerla hace unos años, durante una visita a Valencia. En ella, Pablo Bacete (Le Blosen) nos invitó a cenar en Ricard Camarena.

La bodega nació en el 2002, y desde el primer momento, los viñedos fueron el eje de su existencia, pues eran conscientes de que sin una buena uva, sería imposible elaborar grandes vinos.

María del Yerro.

Una vez adquiridos los viñedos, se rodearon de un gran equipo, Sthéphane Derenocourt y Claude Bourguignon. El primero sería el responsable de estudiar los viñedos y las uvas, mientras que el segundo estudió los suelos, parcela por parcela. Un binomio que ha sido fundamental a la hora de conseguir que las bodegas Alonso del Yerro sean unas de las más prestigiosas de la Ribera del Duero.

Una vez realizada la presentación, nos subimos a un 4×4 y pusimos rumbo a los viñedos. Todos ellos son propiedad de la bodega, por lo que todos sus vinos se elaboran con uvas que ellos mismos han cuidado y cultivado. Su hijo mayor, Miguel, (ingeniero agrónomo) hace las funciones de enólogo, con la supervisión de la propia María, toda una entendida en el mundo de la viticultura.

El primer concepto que nos transmite María es la preservación del terroir, por ello la influencia y el asesoramiento francés del inicio. El concepto ‘terroir’, comprende todo aquello que rodea al viñedo: suelo, microclima y ecosistema.

Para que se preserven estos fundamentos, los viñedos son ecológicos y las labores del campo se realizan a mano, por personal de la bodega.

Según dice el propio Miguel: “La tipicidad, el carácter de la zona y de la variedad es los que todos deberíamos intentar respetar al máximo”.

María nos enseñó los pagos más singulares, los cuales se encuentran a una altura que supera los 800 metros.

Una vez realizada la visita al campo, pusimos rumbo a la bodega, en concreto a la sala de barricas.

Dos son los vinos que se elaboran, ambos con la variedad tempranillo: Alonso del Yerro y María. Podríamos decir (aunque no se sigue esta denominación) que Alonso es el crianza, mientras que María es el reserva.

En ambos vinos encontramos una gran concentración, notas muy minerales y la complejidad propia de la bodega.

Hay que decir que María solo se elabora cuando la añada es excepcional.

Una vez visitada la sala de barricas, las cuales son en su totalidad de origen francés, pasamos a la casa, donde realizaríamos una pequeña cata, en la que se sumaría Paydos, el vino que se elabora en la D.O. Toro.

La elección que había hecho María para la cata era la siguiente: Alonso del Yerro 2016, María 2016 y Paydos 2016.

Alonso del Yerro 2016 viene marcado por ser un vino potente, carnoso y muy equilibrado. Esa igualdad que encontramos entre la fruta roja madura y los torrefactos de la crianza, ambas sensaciones trasmiten una deliciosa nariz. En boca lo encontramos intenso, con una gran golosidad y una gran persistencia en el paladar.

María 2016, de color rojo profundo, en nariz es dócil y muy aromático. Destaca por su fruta madura. En boca destaca también la golosidad y la gran elegancia y sutilidad que encontramos en el paladar.

Paydos 2016, elaborado con Tinta de Toro, destaca por los aromas de fresa, cacao y los toques florales. En boca encontramos una gran presencia de fruta, con toques especiados. El final es elegante y persistente.

Para agasajarnos y agradecer la visita, María abrió un María 2010, un vino que sigue manteniendo el color rojo intenso. En nariz encontramos toques florales y frutales, con los toques propios de su paso por barrica. En boca se mantiene vigoroso y  presenta un frescor con recuerdos a caliza, y las características notas salinas, acabando con una cierta mineralidad, para un final muy agradable y sutil.

El tiempo parece que no corre cuando estás a gusto y bien atendido, pues llevábamos más de cuatro horas, y parecía que habían pasado solo 30 minutos.

Pero hay que decir adiós a la familia Alonso del Yerro, Javier se ha añadido en el último momento después de su paseo matinal.

Así, que ponemos rumbo a Campaspero, donde nos espera Mannix y su afamado lechazo.

Un poco pasadas las tres de la tarde entrábamos en el asador castellano.

Atendidos en un primer momento por Carlos, hicimos la comanda: revuelto de perotxicos con torreznos, croquetas de queso, boquerones y anchoas.

Momentos después, fueron apareciendo los cuartos: dos delanteros y uno trasero, y la verdad, que todos ellos estaban como los recordaba el día que visité este restaurante en agosto de 2017.

Los toques lácteos de la carne y la precisión y técnica que posee Marcos no hace sino relucir a una carne lechal y casi única.

De verdad, es sin duda el mejor asador de Castilla León, y la regularidad de sus lechazos, hacen de Mannix un lugar de visita obligada para disfrutar de esta comida tan castellana como es el lechazo.

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Un comentario en Expedición Punitiva a la Castilla de la meseta

Guerrero63 el 25 julio, 2021 a las 9:10 pm:

La verdad es que este grupo de expedicionarios es muy singular y se nota que deben ser todos de buen comer y beber. Una suerte!!

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