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El vino que viene: Bar Biosca

23 septiembre, 2020

David Blay
¿Qué te lleva a cambiar tu opinión al respecto de sentarte en una terraza por la tarde y, aun apeteciéndote una cerveza, inclinarte por consumir una copa de vino? ¿Hay negocio en este sector en concreto en lugares alejados de la gastronomía grandilocuente pero que sin embargo cuando comienza a caer el sol llenan sistemáticamente sus mesas exteriores?

El Bar Biosca, en Ruzafa, es un poco todos los bares hoy día. Con servicio de desayunos y almuerzos para las horas punta, pero tan solo con Claudia (la dueña y ‘heredera’ de un lugar con más de cien años de historia) detrás de la barra ejerciendo todas las labores posibles. Cerrando a mediodía cuando antes se mantenía abierto por inercia. Y viendo cómo la gente se sienta a partir de las 18 horas pero no consume tanto como antes. Quizá por miedo. O porque muchos siguen en un ERTE incierto. Sobreviviendo, al fin y al cabo.

Porque Valencia es una ciudad de vida al aire libre, pero los caldos se suelen tomar en las comidas y en las cenas y por botellas. Y el 80% de las comandas se van hacia bebidas basadas en lúpulo, a pesar de la intensa educación que en los últimos años han recibido desde diversos canales muchos de los integrantes de la urbe.

Como decíamos, en un bar que es todos los bares solo un 10% pide copas. Y de ahí la diversificación es bastante evidente, pero con unos números de pedido muy lejanos a febrero de 2020. De hecho, un establecimiento de uno de los barrios con más vida puede sobrevivir a la semana con 24 botellas de blanco (ahora especificamos), 12 de tinto y seis de valenciano.

Verdejos y chardonnay copan las peticiones mayoritarias de los consumidores, hasta el punto de que la etiqueta Blanco Polar (de la bodega castellano-leonesa Frutos Villar) se lleva la palma como primera opción. Que en un 80% vienen solicitados por clientes del género femenino.

No nos alejamos de la misma situación que la de considerar únicamente tres tintos para servir por unidades: un Ribera del Duero, un crianza y otro de Utiel-Requena. Con la curiosidad añadida de que muchas veces son los más consumidos por aquellos que dicen estar a dieta. Y que, según las indicaciones médicas, es mejor que tomen vino que cerveza.

Aquí el vencedor es, curiosamente, el Rioja Plaerdemavida, aunque cada vez más quienes apuestan por este tipo de opción derivan hacia las marcas locales.

¿Es tiempo, como ocurrió durante la pandemia, de evangelizar y apostar por hacer llegar más información sobre productos propios para que estén en el imaginario colectivo en estas situaciones? ¿O las bodegas creen que su terreno de juego se circunscribe a restaurantes y entregas a domicilio?

En cualquier caso, esta es la realidad retratada. Y, en las actuales circunstancias, es bueno tener los datos para tomar decisiones. Porque no todo ocurre en los grandes templos. De hecho, en realidad, la mayoría de cosas ocurren fuera de ellos.

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