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El vino a copas puede ser la solución

3 marzo, 2026

Pedro G. Mocholí

Desde hace años leo con mucha asiduidad la bajada del consumo de vino entre los españoles. Una bajada que se extiende por muchos países, demostrando que esa caída en el consumo es coyuntural, sobre todo, en los países europeos.  

En estos momentos el consumo por español renta per cápita se ha estabilizado en los 20 litros por habitante y año, un consumo muy inferior a los más de 30 litros que consumíamos en los años 70. 

Si al descenso sumamos el incremento en la producción se plantea un problema de compleja solución. 

España es uno de los mayores productores de vino tanto a granel como embotellado, compitiendo con países de nuestro entorno como Francia e Italia. A ellos hay que sumar los productores del nuevo mundo como Australia/Nueva Zelanda, Sudáfrica. También son grandes productores EEUU y Argentina, a los que en breve (si no hay que hacerlo ya) habrá que añadir a China.  

Qué tristeza que ahora, cuando encontramos una gran relación calidad/precio en nuestros vinos, su consumo disminuya. Los precios que encontramos en España son realmente atractivos y podemos disfrutar de excelentes vinos a partir de 10 €, una situación imposible si nos comparamos con países de nuestro entorno.  

¿Por qué si ofrecemos unos grandes vinos su consumo disminuye? 

El precio puede ser que incida en el consumo, sobre todo en los restaurantes, donde el porcentaje que se le aplica a algunos vinos supera el 125%, colocando una botella de 20 € en casi 40€, algo inexplicable y en muchos casos abusivo.

 

Es una batalla donde las bodegas deberían ser mucho más activas y pactar un ‘justiprecio’ para animar a disfrutar de un vino durante la comida y acompañarla como bien se lo merece. Pero es una contienda perdida de antemano, pues los restaurantes desde su libertad pueden poner (y mira que lo ponen) el que consideren oportuno. 

Como liberal que soy no tengo más remedio que aceptar esta circunstancia, pero es injusta, pues el vino no es un producto perecedero, lo puedes aguantar en tu bodega un par de años, una situación que incidirá en su mayor asentamiento y en una mejora en su percepción. 

Hoy las bodegas y sus distribuidores no exigen compras altas como antaño, donde las bodegas incitaban a la compra de grandes cantidades, obteniendo los restaurantes muy buenos descuentos. Ahora, la gran oferta que encuentras en muchos restaurantes, hace que se sirvan cantidades exiguas, insignificantes y la botellería esté a la orden del día, por lo que los restaurantes no tienen que almacenar en sus bodegas para obtener buenos precios.

El vino, como he dicho, puede mejorar con el paso del tiempo. Es una cuestión que no entendemos, y la mayoría de la gente suele pedir botellas de añada, sin pensar en que esa botella, pasados unos años, va a estar mucho mejor. Y esta sensación no solo pasa en los tintos, pasa también en los blancos jóvenes o del año o en aquellos de una larga crianza en barricas de roble. Tengo un gran amigo, conocedor como pocos del mundo del vino, que siempre que como con él, me dice: “Pedro, en España cometemos infanticidios, cuando hablamos o pedimos un vino”, y no le falta razón. Hagan ustedes la acción de comprar un vino de una añada antigua y luego compararla con la añada actual de ese vino y verán la gran diferencia que van a encontrar: sedosidad, redondez y, sobre todo, persistencia de sabores y matices. 

Hace años que colecciono botellas y las guardo varios años hasta tomarlas, y las diferencias me siguen sorprendiendo.  

Otra situación que observo y sigo manteniendo es la duración de un vino en un restaurante si lo comparamos con los productos que ofrecen. Entiendo que la caducidad de esos alimentos o productos con los que ofrecen su gastronomía están sujetos al periodo de consumo marcado por el propio producto. Una gamba tiene un periodo relativamente corto, en un par de días tienes que consumirla, si no su sabor y textura se pierde, por lo que entiendo que se aplique un precio alto para garantizar un riesgo contrastado. Si hablamos de las gambas, lo podemos aplicar a la mayoría de pescados y mariscos, mientras que las carnes, podemos dejarlas algunos días más en las cámaras hasta consumirlas.  

Cuando hablo del precio del vino como acicate en el consumo, también lo hago con cierto resquemor, pues una botella de 60€ en mesa entre cuatro comensales saldría a 15€ por persona, y no es precio exagerado si lo comparamos con los 15€ que nos cobran por un gin tonic o por una copa de whisky cuando acabamos de comer y realizamos un sobremesa.

Por lo que considero que el precio también habría que contextualizarlo dependiendo del momento, de la ocasión.  

Otra cuestión que los restaurantes deberían comenzar a estudiar es el servicio de vino a copas. Hoy la industria ha sacado al mercado diversos utensilios que nos garantizan el perfecto estado del vino a pesar de haber ido poco a poco sirviendo copas.  

El Coravin es uno de esos utensilios, aunque hay que reconocer que Le Verre de Vins (Bermar) es, sin duda, el mejor aparato que existe para después de abrir una botella, servir unas copas y volverla a cerrar, garantizando la perfecta conservación del vino que ha quedado en la botella.

Travieso Bar posee este último suministrador, el cual le permite tener más de 70 botellas abiertas y servirlas a copas, garantizando la calidad del vino que se ha servido. 

Además, este utensilio apenas ocupa espacio en la barra, por lo que su comodidad a la hora de utilizarlo es muy eficaz.  

Otros Wine Bar, como pueden ser Serralunga o Le Bars de Vins, tienen varias botellas abiertas y la constante rotación de estos vinos hace que las botellas se acaben en el servicio y no queden restos.  

Este servicio a copas permite que durante una comida o una cena podamos tomar diferentes vinos, descubriendo sensaciones distintas en cada uno de ellos, huyendo de la dictadura que supone solo poder pedir una botella durante la comida o la cena.  

Como pueden observar hay soluciones para incrementar el consumo; eso sí, siempre dentro de un consumo responsable y comedido.  

Travieso Bar. C/ Joaquín Costa 12. Tel.: 686 354 145. Valencia 

Serralunga Wine Bar. C/ Almirante Cadarso, 32. Tel.: 604 813 466. Valencia

Le Bar de Vins. C/ Centelles, 27. Tel.: 960 195 230. Valencia

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