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El paraje que Javi Revert pinta en los vinos que enamoraron a Parker

4 junio, 2021

Texto: Olga Briasco / Jaime Nicolau – Fotos: Estanis Núñez

Más allá de la Font de la Figuera, cuando el camino de tierra comienza a estrecharse y la sombra de los árboles es mayor, se extiende un valle en el que el ser humano siempre encontró refugio. Lo hizo atraído por ese bosque mediterráneo que se muestra exultante y en la que la Penya Foradà ha servido de brújula para quienes transitan esta comarca. Un lugar alejado de las vías de comunicación actuales pero cuyos caminos son pisados hoy por quienes tienen en Santiago de Compostela su meta. También por agricultores y viñadores que, fieles a sus raíces, siguen cultivando estas tierras como lo hacían sus antepasados.

Un lugar mágico que siempre estuvo habitado y salpicado de cultivos hasta que la explotación comercial llevó a las poblaciones a bajar a la llanura, un lugar mucho más cómodo para el cultivo de cereales, del olivar o de las vides. Entonces, la vegetación brotó a sus anchas tapando aquellos bancales donde antiguamente había vides y creando un paisaje agreste en el que a primera vista parece que no hay sitio para nuevas plantaciones. Solo a primera vista porque precisamente en este lugar emergen bellas terrazas que el viticultor Javi Revert ha recuperado para su proyecto de vida: Javi Revert Viticultor, una de las firmas más destacadas de la Denominación de Origen Valencia.

Lo hace mientras peregrinos recorren estos caminos por ser una de las etapas del Camino de Santiago de Levante. Unas pisadas que transportan a otros tiempos, cuando por aquí pasaba la Vía Augusta que cruzaba Hispania para comunicar el Levante con el oeste peninsular. No es casual que la calzada romana más larga del territorio peninsular (unos 1.500 km) pase precisamente por la Font de la Figuera porque en este punto el camino principal conducía a la Mancha con dirección hacia Cádiz, mientras una bifurcación encaraba hacia Cartagena. Es más, se cree que el propio municipio de La Font de la Figuera se hallaba la mansio romana de Ad Turres, próxima a la Vía Augusta y que era una especie de posada.

Paradójicamente, un tramo de la calzada se descubrió gracias a los trabajos del ferrocarril que se estaban ejecutando en la zona de La Font de la Figuera. Sin embargo, este municipio siempre sirvió de paso pues aquí confluyen varios corredores naturales que comunican las comarcas alicantinas con el interior peninsular, las tierras altas de Andalucía y Murcia, a través del Altiplano Yecla-Jumilla, y el interior de las tierras valencianas. Por tanto, se trata del principal eje de comunicaciones entre la submeseta sur y la costa mediterránea. De hecho, más allá de la Vía Augusta, pasaba el Camino de Aníbal, la calzada árabe, el Camino viejo de Granada, el Camino de los valencianos y el Camino de Madrid.

Sendas con interminables curvas que se pierden en el horizonte, siempre con la Penya Foradà como punto de encuentro. En sus faldas habitaron las distintas civilizaciones que han pasado por aquí e incluso, en la zonas más altas de la Penya Foradà, se tiene constancia de que hubo un poblado de la Edad del Bronce que estuvo habitado durante el segundo milenio antes de nuestra era; época durante la cual se produjeron grandes transformaciones sociales y económicas. Unos hallazgos que constan que en esta zona fue ocupada por el ser humano ya en la prehistoria. Según explica la arqueóloga María Maronda, “el yacimiento no está excavado, únicamente catalogado”.

Precisamente en las faldas de la Penya Foradà los abuelos de Javi Revert ya tenían una pequeña extensión de tierra con variedades antiguas o desconocidas. Un regreso que supone recuperar parcelas a menudo desiertas en las que las viñas y terrazas fueron invadidas durante más de 50 años por esa vegetación que creció a su alrededor y las apagó. Sin embargo, Javi Revert recuperó esas vides que hoy crecen fuertes y plantó nuevas que ya comienzan a emerger en una tierra que esperaba la llegada de un viticultor como él, sensible al territorio y a las raíces.

En ellas Javi Revert correteó de niño, aprendió los entresijos de la viticultura y junto a ellas es feliz. Un sueño, una ilusión y un esfuerzo que hoy llevan el nombre de Simeta, Micalet y Sensal. Dos de ellos, Simeta y Micalet, el crítico americano Robert Parker los ha situado como los mejores del Mediterráneo en su “especie”. Pero es la viña la que ha robado el corazón a Javi Revert, que la mira con un brillo especial que encierra el amor que tiene a este paraje, Els Juncarejos. En lo más alto de esas terrazas augura el futuro de cada una de esas variedades que ha recuperado y pinta una botella que recoge la magia que la arcos, la tortosí o la trepadell son capaces de ofrecer si las mima como se merecen.

Javi Revert es consciente de que su proyecto no llenará los lineales de los supermercados y que jamás irá a volumen. Tampoco lo busca porque respeta la tierra y se adapta a ella, respetando sus tiempos y el suyo propio, marcado por su extraordinario talento y sus inquietudes. Y lo hará siempre en Els Juncarejos, un paraje único que Revert es capaz de embotellar en cada una de sus etiquetas. Es su pueblo y es su montaña. Son sus terrazas y sus suelos calcáreos. Es un paraje irrepetible que tiene enamorado a Luis Gutiérrez, el hombre de Robert Parker en España. Es un lugar mágico que Revert quiere preservar.

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