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El mágico influjo del Mediterráneo

26 noviembre, 2021

Jaime Nicolau / Fotos: Miquel Francés

La influencia del mar que baña el sureste español es palpable en los vinos que llevan el sello Valencia pues, como cantaba Serrat, nacen en el Mediterráneo. Viñas felices recibiendo la influencia del mar, pero a suficiente distancia como para gozar de una notable salubridad de la uva. Y es que en la parte este de la provincia de Valencia encontramos la demarcación geográfica de la Denominación de Origen Valencia que se extiende a lo largo de cuatro subzonas. Al norte, en plena serranía valenciana, encontramos el Alto Turia y sus viñedos de altura. En la parte central, Valentino y Moscatel, mientras que al sur de la provincia queda la subzona de Clariano. El origen de esta DO se remonta a 1932, tras la aprobación del Estatuto del Vino, convirtiéndose en una de las denominaciones más representativas e históricas del sector vitivinícola nacional. Zonas de producción que pueden presumir de una clara influencia del Mediterráneo. Es en 1957 cuando se aprueba el Reglamento del Consejo Regulador para los vinos de la provincia de Valencia, amparados por las Denominaciones de Origen ‘Valencia’, ‘Utiel-Requena’ y ‘Cheste’. Esta última pasó finalmente a ser parte de la DO Valencia.

La cultura vitivinícola de la demarcación geográfica de esta Denominación de Origen es ancestral, encontrando sus raíces en los fenicios, quienes introdujeron las primeras cepas de vino en nuestro territorio. A lo largo de los siglos, la actividad vitivinícola ha venido incrementando y consolidando su implantación en nuestra provincia, y reforzando extraordinariamente la comercialización de los vinos durante los últimos años.

En Alto Turia encontramos tierras de altas cumbres, inviernos rigurosos y veranos secos, donde la vid se cultiva entre los 700 y los 1 100 m. Destaca en esta zona el trabajo con las variedades blancas, siendo las más notables la merseguera y la macabeo. Aunque también las tintas, de la mano de proyectos que han apostado por recuperar el peso del viñedo en unas tierras privilegiadas.

Valentino se encuentra situada en la parte central de la provincia de Valencia. Abarca las comarcas de la Hoya de Buñol, Camp de Túria y Los Serranos. El viñedo se cultiva entre los 200 a los 650 metros. Las variedades aquí son muy variadas, pudiéndose encontrar merseguera, macabeo o planta fina entre las variedades blancas más habituales, hasta las últimas incorporaciones como son semillón o chardonnay. Entre las variedades tintas destacan tintorera, tempranillo y cabernet sauvignon. La diversidad de suelo y clima que posee esta zona proporciona una gran variedad de vinos.

De enorme tradición vinícola es la subzona Moscatel, que encontramos en la parte central de la provincia de Valencia, solapada con la subzona Valentino. Su producción corresponde a la zona limitada por los municipios de Chiva, Cheste, Godelleta, Montroy, Monserrat, Real y Turís. Es la cuna de la mistela en la provincia de Valencia. De clima cálido y soleado, muy influenciado por la brisa del mar Mediterráneo, que permite obtener de la variedad moscatel romano o de Alejandría el vino más representativo de la historia de la Denominación de Origen Valencia, la Mistela de Moscatel o Vino de Licor Moscatel. Aquello de «la moscatel quiere sol».

Por último, Clariano, al sur de la provincia, que comprende las comarcas de La Vall d’Albaida y La Costera. Dentro de la primera de ellas podemos distinguir dos zonas bien diferenciadas; una más próxima al mar, donde dominan las variedades blancas y en tintas reina la tintorera, y otra en el interior, en el triángulo formado por los municipios de La Font de la Figuera, Moixent y Ontinyent, siendo Fontanars dels Alforins su eje. Se trata de una zona dominada por las variedades tintas, entre las que destacan monastrell, seguida hasta hace unos años por la cabernet sauvignon, merlot y tempranillo. En los últimos tiempos, sin embargo, los viticultores de este triángulo mágico, conocido como Terres dels Alforins, están mirando claramente a los orígenes recuperando variedades autóctonas como mandó, arcos, forcallà o bonicaire en tintas, o la verdil en blancas, que empiezan a sonar con fuerza en el panorama vinícola nacional gracias a los logros de estas bodegas entre los más prestigiosos presciptores del mundo.

Como ven, una enorme paleta de colores para dibujar vinos con personalidades muy dispares según la subzona de producción. Pero si algo une a todas estas subzonas de producción es el leitmotiv de esta DO: ‘Valencianos de origen, mediterráneos de corazón’.

Crecimiento notable

En sus orígenes, como ha ocurrido en el resto de Denominaciones valencianas, el granel era el destino de buena parte de la producción. Pero en las últimas dos décadas la historia ha cambiado claramente, de la mano de una nueva generación de enólogos y bodegueros que, al son que marcaba la DO, apostaron por la calidad y el embotellado. Es por eso que esta DO se ha colocado en los últimos años en el pódium del vino español en embotellado, siendo la segunda Denominación de Origen española que más vinos tranquilos exporta, únicamente por detrás de Rioja.

Otro de los frentes en los que se ha cimentado el éxito de los vinos marcados con el sello ‘Valencia’ es la apuesta del Consejo Regulador por ser profeta en su tierra comenzando por la formación, como base de un crecimiento que hoy puede apreciarse claramente en las cartas de los restaurantes valencianos. La formación continua a sumilleres, con un máster con los vinos autóctonos como eje troncal, durante más de una década, ha convertido en auténticos especialistas de nuestra tradición vinícola a centenares de profesionales de sala, que a su vez han sido el punto de unión del vino valenciano con los clientes finales.

También han contribuido claramente a este crecimiento las acciones de promoción realizadas por el Consejo Regulador, que tienen su punta de lanza en ‘La Noche del Vino’. Se trata del evento más importante de esta DO en el que se dan cita la práctica totalidad de sus bodegas embotelladoras y que se viene celebrando, excepto por el parón por la pandemia, de manera ininterrumpida en los últimos tres lustros en enclaves de enorme belleza como el Botánico de Valencia o, en sus últimas ediciones, en el Palau de Les Arts.

Todo este trabajo ha permitido a la Denominación de Origen Valencia consolidarse entre las zonas productoras más importantes de España, siendo respaldado todo este trabajo por la enorme aceptación que tanto la crítica especializada, como la distribución y el público final han dispensado a sus vinos. El camino está trazado y la apuesta por lo autóctono, por la cultura, la tradición, los pueblos y sus gentes está dando los frutos deseados, al tiempo que se convierten en garantes de un futuro esperanzador para todas esas zonas elaboradoras que salpican de norte a sur la provincia de Valencia. Porque finalmente a las copas llegan productos nacidos de viñas que son felices abrigadas por paisajes de singularidad belleza, pero recibiendo el mágico influjo del Mediterráneo

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