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‘El Carlón’, el vino de Benicarló que hizo las Américas

26 agosto, 2020

Texto: Pedro R. Arias / @PedroRArias5b. Fotos: Turisme Benicarló / Celler del Vino Carlón / Gustavo Alcaide

No se conoce un vino castellonense que haya logrado alcanzar tanto éxito en gran parte de Europa y América, siendo el vino más consumido en países como Argentina, como el Carlón de Benicarló. Un potente tinto de destacado cuerpo que fue el principal motor económico y social de la localidad castellonense a lo largo de cuatro centurias, entre el siglo XV y el XX. Y cuya historia se remonta a la mismísima época romana  hasta terminar desaparecido a causa de la crisis de la filoxera. No obstante, vuelve a nosotros un siglo después gracias a Celler del Vino Carlón, un proyecto que nace de la unión de siete amantes del vino. 

Benicarló es una localidad costera de la provincia de Castelló de la Plana, situada en la comarca del Bajo Maestrazgo. Un territorio donde se comenzó a producir este vino especial al que se le incorporaba durante su vinificación mosto concentrado cocido con el fin de preservarlo mejor durante más tiempo, al más puro estilo romano. Su variedad principal era la garnacha tintorera. Uvas de alto rendimiento en viñedo y con una carga importante de taninos y color que daban como resultado un vino pesado y sabroso en boca, de gran cuerpo, de alta graduación y de un color intenso azulado oscuro. 

La calidad del vino de Carlón empezó a pasar nuestras fronteras a partir del siglo XV, sobre todo por los países mediterráneos y del norte de Europa. La mayor demanda del Carlón hizo que la denominación de origen llegase a abarcar a todos los vinos de la comarca, elaborados y comercializados por los mercaderes en Benicarló. Incluso autores valencianos de renombre como Antonio José Cavanilles (1745-1804) o Bernardo Mundina (1827-1903) resaltaron las virtudes de este vino, mediante adjetivos como fuerte, espeso, dulce y de intenso color y cuerpo. 

Durante los siglos XVIII y XIX se vivió la época dorada del vino de Carlón, siendo el principal motor económico y social de Benicarló y posicionándose como uno de los vinos más excepcionales de nuestro país. Fue entre 1875 y 1910 cuando el vino castellonense consiguió su mayor apogeo, tras adquirir una destacable fama por gran parte del mundo. Sus exportaciones aumentaron extraordinariamente con un promedio de 30.000 hl al año, repartidos principalmente entre Reino Unido (40%), Ámsterdam, San Petersburgo y Hamburgo (20%), Italia (17%) y Francia (9%). 

Un éxito sin precedentes que llegó a cruzar el océano, situándose como uno de los vinos españoles más consumidos en toda la historia de Argentina. El principal motivo fue la ley impuesta por la Corona española, tras la conquista de América, que impidió el cultivo de la vid en el nuevo continente durante el siglo XVI. Prohibición que impulsó el consumo de vinos riojanos para los funcionarios y los altos estratos sociales y del vino de Benicarló para el resto de la población hispanoamericana, al resultar más económico. Aquello provocó que a partir de los años 1500 fuera un producto enormemente popular para los consumidores de vino latinoamericanos y, en 1890, Buenos Aires fuera su principal comprador. 

Pero el gran negocio del vino Carlón dejó de serlo paradójicamente cuando consiguió alcanzar su mayor pico de exportaciones. En el último tercio del siglo XIX, la demanda del vino de Benicarló aumentó considerablemente, 17 millones de litros por año, sobre todo al emplearse para subsanar la carencia del vino francés, una de las primeras víctimas de la filoxera. Todo esto a pesar de la pérdida de la calidad del vino en pos del aumento de su producción, abandonando su tradicional elaboración y envejecimiento y beneficiando al resto de bodegueros nacionales. Sin embargo, la plaga del parásito de la vid terminó expandiéndose por la mayoría de viñedos españoles durante los primeros años del siglo XX, lo que supuso el holocausto del vino de Carlón. 

Un duro golpe que el municipio castellonense no supo esquivar al haberle dedicado por aquel entonces la totalidad de su cultivo a la producción de su afamado vino, suponiendo su declive económico. En 1930 ya no quedaba ni una vid de Carlón en territorio castellonense, a causa del arrasamiento y abandono de los viñedos. Poniendo así fin a cuatro siglos de tradición y reputación vitivinícola durante los cuales el vino del Maestrat había deleitado a los más prestigiosos paladares europeos y americanos. 

En la actualidad, el vino de Carlón ha conseguido resurgir de la mano de Celler del Vino Carlón, un proyecto que busca recuperar el afamado vino que tanto significó para su tierra y sus gentes, poniendo en valor el patrimonio histórico de Benicarló. Una iniciativa que surge gracias a la unión de siete productores procedentes de diferentes áreas profesionales: Eduardo Arín, Josep Manuel Galán, Sergio Galán, Alberto Grau, Domingo Roca, José Antonio Simó y Juanma Urquizu, asesorados por el enólogo Rafael Bordalás. El proyecto se originó en 2011 y hoy cuenta con varias fincas productoras en las localidades de Peñíscola, Vinaròs, Càlig y el Baix Maestrat de Benicarló, sumando nada más ni nada menos que catorce hectáreas. 

Celler del Vino Carlón posee su bodega en el polígono industrial ‘El Collet’ de Benicarló, donde produjeron un total de 11 mil botellas en sus más de veinte depósitos de diferentes tamaños, durante el año 2018. Exquisitos vinos como el Renaixença-petit Carlón, un tinto violáceo con notas de piel de fruta madura y jugosa; quinientos del Renaixença Rosado, un monastrell explosivo, goloso y largo en boca; y el Renaixença Blanco, vendimia del 2019. Los tres están disponibles en algunos establecimientos de Benicarló, en el supermercado de la Cooperativa Benihort y en su tienda online www.benihort.com

En definitiva, el vino de Carlón es un claro ejemplo de que uva buena nunca muere.

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