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Déjate seducir por el mundo del vino

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Diez años y cien mil botellas para levantar el vuelo

26 febrero, 2021

David Blay
Dicen que la pandemia nos ha hecho valorar más las pequeñas cosas, añorar el contacto con la naturaleza y buscar la conciliación. Podríamos discutir sobre esto, pero lo que no podemos rehuir es la historia: y esta que contamos hoy comienza en 2011 con todos esos ingredientes… pero sin un virus en la ecuación.

Hay herencias que marcan una vida. Y recibir unas viñas de tu familia lo hicieron con la de Carlos, que junto a su mujer y dos amigos más decidió que cada día fuera del trabajo lo pasarían dentro de la tierra. Y, sin prisa, comenzarían a buscar la alquimia del vino que soñaron sus abuelos.

Hacienda La Pajarera no nació con ambición, pero es innegable que sí lo hizo con cariño. Al final, hay lugar para los grandes productores, pero también para quienes buscan un mimo especial en el día a día sin la carga que supone dar el máximo resultado en base a kilos de uva.

Tanto es así que solo se usa uno y medio de cada cepa. Que se recolecta en cajas de entre 10 y 12 kilos. Que la unión encuentra bobal y monastrell para honrar la memoria autóctona. Y que, desde sus comienzos, la propuesta era presentar al mundo cuatro vinos de la mayor calidad posible.

Tiene todo el sentido, de hecho, que tres de ellos se etiqueten bajo el nombre de Especies nativas. Y que el cuarto, como en cada familia bien avenida, ponga la nota discordante. No en vano combina chardonnay y macabeo.

Pero, además de su década de trayectoria, existe un punto diferencial con respecto a otras bodegas: la sólida (y decisiva) presencia femenina. Y no solo con Laura a cargo de los números y su prima Sara como enóloga tras un camino transitado por Francia, Nueva Zelanda, Chile o Italia (donde conoció a Patrizio, el técnico de campo que completa el póker). Sobre todo, con iniciativas que ponen en valor que la mirada de la mujer puede cambiar desde el proceso hasta la definición de un producto vinícola. De ahí las jornadas como Ellas y el vino, que ponen en valor su creciente presencia en la industria.

Al final, con siete hectáreas en Requena, embotellado en Fontanars dels Alforins, 20.000 botellas al año y exportaciones a países como Suiza y Alemania, como a todo el mundo les ha golpeado el COVID.

Pero ya trabajan en un nuevo vino para 2022. En la esperanza de que la vacuna mejore la situación de la hostelería, que recibe el 80% de su producción. Y, sobre todo, que sus hijos sigan creciendo los fines de semana al aire libre.

Porque eso, al final, es lo verdaderamente importante. Aunque demasiada gente haya tardado demasiado tiempo en darse cuenta.

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