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De L’Alqueria Blanca a Sublimotion: la reinvención de las actrices en el siglo XXI

19 julio, 2018

David Blay Tapia
Hay un cliché en el mundo de la interpretación que dice que, si vives en una ciudad de España que no es Madrid, debes pasar por Londres y trabajar en la hostelería y probar suerte en la capital. Y en ese tránsito, una vez curtid@ en la experiencia de saber que aunque hayas salido ya en la pequeña (o la gran) pantalla te queda mucho camino por andar, retornas a tu tierra. Te arriesgas. Consigues mejores papeles a medida que maduras. Y, pese a la inestabilidad de tu profesión, te labras una carrera.

Pero como dijo Zygmunt Bauman, la actual sociedad es líquida. Y el CEO de una startup de éxito puede haber estudiado cualquier cosa que no tenga apenas relación con aquello a lo que se dedica. O, gastronómicamente, un campeón de España de atletismo puede reinventarse en chef durante el tiempo que dura una lesión grave.

En este contexto, incluso los restaurantes ya no son lo que siempre pensábamos que serían. Sin ir más lejos, más allá de su precio (lo primero que llama la atención), Sublimotion en Ibiza ha sido definido como un nuevo arte escénico que combina tecnología, arte y gastronomía. Y, por lo tanto, requiere profesionales procedentes de todos estos sectores.

Ahí entra en escena (nunca mejor dicho) la maestra de ceremonias. Que, lejos de los atributos de un jefe de sala al uso, debe de inicio dominar los idiomas español e inglés. Saber presentar cada plato y la performance que le acompaña. Cantar en un momento dado, convirtiéndose en una artista de cabaret de los años 20. Y ayudar a los comensales a integrarse en un show que va desde la visita a un mercado tailandés a la experiencia de una mesa táctil.

Posiblemente Iris Lezcano, nacida en Aldaia y protagonista en series como ‘Sin tetas no hay paraíso’ y ‘L’Alquería Blanca’, jamás se planteó en su infancia que su tránsito como actriz podría pasar por un verano en Ibiza y la renuncia a diversas ofertas profesionales de ficción. Pero lo cierto es que fue escogida en un casting organizado por el personal de Paco Roncero. Y desde junio se ocupa de acompañar en cada cena a las 12 personas que deciden dar un paso más allá en el ancestral concepto de sentarse a comer.

Pero desde su posición revive una noche tras otra lo que ha visto, por ejemplo, cuando tenía el público de su obra de teatro a un metro de distancia. O cuando se veía junto a su familia en la televisión. Hace poco, una mujer le mostró cómo se le había erizado la piel en una de las escenas. En otras ocasiones, ha visto a gente llorar. Todos ríen. Se emocionan. Y, sobre todo, llegan a una mesa donde en muchas ocasiones no se conocen y acaban saliendo por la puerta con un grado alto de amistad.

Y como en todos los espectáculos en vivo, cada uno es diferente. Y la función diaria se convierte en una vivencia distinta que te marca con recuerdos constantes. Como los que Iris interioriza cuando ve en una silla a personas que admira y que, por fin, podrá conocer. Sabiendo que, a este paso, alguien en un futuro cercano acabará sintiendo lo mismo cuando la vea a ella.

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