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Club de Enófilos Ciudad de Valencia, un amor por el vino que dura 36 años

23 diciembre, 2021

Texto: Olga Briasco / Foto y Vídeo: Fernando Murad y Vicent Escrivá

Desde hace más de treinta años, un grupo de apasionados del vino se reúne puntualmente cada martes en torno a referencias que hablan de la tierra y poseen personalidad. Un encuentro entre amigos que hoy mantiene viva esa tradición en las dependencias de la Real Sociedad Valenciana de Agricultura y Deportes, lugar en el que están desde 2014. Precisamente, en una de sus salas se encuentran Luzmila Calleja, Juan Parra, Juan Noguera y Tomás Delgado para dar a conocer el Club de Enófilos Ciudad de Valencia. 

Precisamente, esa curiosidad por los vinos y la calidad de las referencias españolas llevó en 1985 a Guillermo Caram, argentino de nacimiento, a poner la semilla de lo que sería el Club de Enófilos Ciudad de Valencia. Un nacimiento que se produjo prácticamente en paralelo a la creación de la fábrica de Ford en Almussafes y que en sus inicios contó con una quincena de personas. En poco tiempo el grupo creció tanto que se dieron cuenta de que, igual que el vino es internacional, ellos debían abrirse a la sociedad. Y así lo hicieron, pues en 1988 abandonan las instalaciones de la Ford y Juan Noguera, Marqués de Cáceres, se incorpora al club, del que es presidente desde entonces. “El club comenzó a abrirse en 1990 pero no fue hasta 1995 cuando nos ubicamos en València y se constituye oficialmente como sociedad”, explica Noguera, uno de los socios fundadores junto a Joaquín Delgado y Paco Flores.

Se podría decir que esa presidencia fue una premonición pues a los pocos años Juan Noguera heredaría de su padre el título de Marqués de Cáceres y quedaría vinculado a la bodega que lleva su nombre. Poca gente relaciona su nombre con la bodega de Rioja, un hecho que aprovechó el propio Noguera para darla a conocer: “En aquel momento pocas personas sabían que detrás del Marqués de Cáceres había una persona física que ostentaba el título así que aproveché para apoyar en todo a la bodega y difundir el conocimiento y la cultura del vino”. Una labor que sigue a día de hoy.

Sin embargo, el éxito lo pone en la figura de Enrique Forner, de quien explica que se marchó a Francia durante la Guerra Civil y tras adquirir experiencia allí —se hizo con la propiedad de dos châteaux en Burdeos— regresó a España en 1970 para fundar una bodega y poner todo ese conocimiento en la realidad vitivinícola de La Rioja. Y es así como en la localidad de Cenicero nació la bodega Marqués de Cáceres. “Enrique tenía una buena amistad con mi padre (Vicente Noguera Espinosa de los Monteros) así que le preguntó si podía ceder su nombre y mi padre no lo dudó ni un instante porque el grupo de personas que había detrás de la bodega estaba bien dirigido y era una apuesta segura”, comenta.

Desde entonces han pasado cinco generaciones —hoy al frente está Cristina Forner— y Marqués de Cáceres es una bodega con renombre, dentro y fuera de España. “Hoy la bodega está presente en 130 países y aunque en sus inicios se conoció antes en el extranjero que en España, hoy las ventas están al 50%”, comenta con cierto orgullo el marqués.

Al hablar de la bodega lo hace con pasión, un amor que descubrió al poco de comenzar a trabajar allí. “Trabajaba en la banca así que, al incorporarme en un mundo nuevo, me impliqué desde el principio y me enamoré del proyecto y del vino”, comenta. Lo hace con humildad y simpatía, algo poco común en los estereotipos marcados por los títulos nobiliarios: “estoy orgulloso de ser marqués porque ocupo una parcela en la historia de España pero más allá de eso creo que se le da más importancia al título de la que tiene”. Palabras que se ratifican con su actitud jovial y cercana. Eso sí, cuando se habla de la monarquía se pone serio: “La situación del rey emérito me tiene preocupado porque gracias a él cambiamos de una dictadura a una democracia, y eso no hay que olvidarlo”.

De hecho, los cuatro integrantes del club conversan alrededor de uno de los vinos del Marqués de Cáceres. Una reunión entorno al vino que hacen desde hace 36 años, por lo que “fíjate si hemos probado vinos”, dicen entre risas. La encargada de buscar esas referencias es Luzmila Calleja, que cada semana se pone en contacto con las bodegas para organizar los encuentros: “Busco bodegas pequeñas y artesanales, que hablen de la tierra, de la fruta y que en absoluto sean fábricas de hacer vino sino proyectos personales”. Una búsqueda que ha llevado al club a conocer referencias de todas las partes del mundo pero también a ver la evolución de los vinos valencianos. “En la Comunitat Valenciana hay proyectos muy interesantes y los vinos que se hacen aquí no tienen nada que envidiar a los de otras partes de España; ahora hay gente joven con ilusiones y proyectos muy buenos”, comenta Juan Parra.

En la actualidad el grupo lo forma una treintena de personas, que cada martes —menos festivos— se reúne para realizar catas y conocer nuevas referencias. “Los enófilos tenemos la inquietud de conocer, probar y descubrir nuevas referencias”, comenta Tomás Delgado. A esos encuentros denominan “martes rojos” pues es cuando todos los integrantes del Club de Enófilos Ciudad de Valencia se reúnen en el Casino de Agricultura de Valencia para hacer catas. En ellas, cada uno de ellos rellena una ficha con las sensaciones que ha tenido para, después, ponerlas en común. Y es que, como dice Juan Noguera: “el vino es un ser vivo que nace, crece y muere”.

Preguntados por las cualidades de un buen vino, lo tienen claro: “Ese vino que después de tomarte una copa tienes ganas de otra”. Un sentimiento compartido, al igual que la necesidad de una mayor educación enológica entre los más jóvenes: “la juventud prefiere otro tipo de bebidas alcohólicas antes que el vino y esto, en parte, se debe a que nadie les ha introducido en este mundo”. De ahí que animen a toda aquella persona con ganas de explorar la cultura del vino a hacerse enófilo: “el club está abierto para toda aquella persona, sin importar la edad, que quiera profundizar en el mundo del vino”.

Y como dice Noguera:

«Beber es todo medida,

alegrar el corazón

y sin perder la razón,

darle razón a la vida»

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