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Catando el Camino de Santiago

5 julio, 2017

Mª Carmen González

‘Con pan y vino se anda el camino’. Este es un típico refrán español que viene que ni pintado para ilustrar la iniciativa que un par de emprendedores malagueños lleva desarrollando desde hace tres años, el Cavino, y que permite ‘realizar’ el Camino de Santiago visitando sus bodegas, catando sus vinos y disfrutando de la gastronomía típica de las zonas que atraviesa.

El Cavino es un viaje de ocho días de duración en el que se recorren seis etapas no consecutivas del Camino de Santiago. En cada una de ellas, excepto la última en Santiago, se visita una bodega y se prueban sus vinos, pertenecientes a las DO Rioja, Ribera del Duero, Toro, Bierzo y Ribeira Sacra.

Los participantes en cada viaje, alrededor de 20, comen también en las bodegas y disfrutan de los platos típicos de la zona, como el lechazo, las costillas al sarmiento o el rabo de toro. No se trata de una peregrinación, aclaran los responsables de la iniciativa, sino de turismo; de enoturismo por la ruta más antigua de Europa, cargada de patrimonio y bellos paisajes.

Esta es una manera diferente de hacer el Camino; una alternativa cómoda y asequible –se camina una media de 13 kilómetros al día– para todos los públicos, dirigida a amantes del vino y la gastronomía, y en la que se logra una “gran comunidad” entre el grupo. Un autobús acompaña en cada etapa a los caminantes, que pueden dejar dentro su equipaje y realizar más ligeros y cómodos el camino.

El Cavino comienza en Logroño. Los participantes recorren a pie los 13 kilómetros que separan la capital riojana de la bodega Eguren Ugarte. Tras visitar las instalaciones, y sus 2000 metros de cuevas, los cavinantes prueban sus vinos y su gastronomía y, al terminar, siguen viaje en autobús hasta el punto de inicio de la segunda etapa: Burgos.

Burgos-Tardajos (11,5 kilómetros) es la segunda etapa, en la que se visitan Bodegas Portia, vanguardista creación arquitectónica obra de Norman Foster. La tercera cubre el trayecto Villafranca del Duero-Toro (13 km). En Toro se visita la bodega Divina Proporción, que mantiene el encanto de la empresa familiar.

La etapa correspondiente al Bierzo comienza en Ponferrada, un lugar cargado de magia e historia, y termina en Cacabelos (15 kilómetros). Allí se visita Bodegas Godelia, un lugar único para conocer las particularidades de las uvas mencía y godello, características de la zona.

La quinta etapa (Piñeiro-Belesar, 12 km) permite descubrir los bellos paisajes de la Ribeira Sacra y conocer la bodega Vía Romana, ubicada en una casa solariega del siglo XVI. La última etapa es la que, desde Lavacolla y tras subir el Monte do Gozo, llega a Santiago, a la imponente plaza del Obradoiro.

El cavino termina aquí, a los pies del apóstol, pero según afirma Enrique López, el ‘alma mater’ del proyecto, va mucho más allá, ya que la sintonía que se crea entre los participantes es tal, que se hacen amistades duraderas y se repiten las ‘quedadas’.

Enrique López es, junto a su socio, el artífice de esta manera diferente de hacer el camino. Sumiller de profesión, López ha realizado en cuatro ocasiones el Camino. Caminando, disfrutando del paisaje en estas peregrinaciones, pensaba en el lujo que sería poder realizar las etapas “pudiendo pararte en las bodegas“. Y pensado… y hecho. Decidió poner en marcha junto a su socio, profesional también de la hostelería, esta iniciativa “única”.

El proyecto, en sus tres años de vida, ha tenido una gran acogida. De hecho, para los diez viajes previstos para este año, solo quedan plazas disponibles en dos de ellos. El público que elige esta forma de viajar es “variado”, aunque según explica López, suelen ser personas de entre 45 y 50 años “amantes del vino y la gastronomía”. Y no solo es público nacional el que opta por esta forma de viaje. Turistas de Colombia o Puerto Rico han viajado a España ex profeso para realizar el Cavino.

Es una forma “cómoda y sencilla” de realizar el Camino, ya que las etapas son llanas y “asequibles para todo el mundo”. Además, el disponer de un autobús permite que si un día, por cualquier motivo, algún viajero no quiera o no pueda caminar, pueda realizar la etapa en el autocar.

“Se trata de un viaje original, diferente y único, en el que lo mejor es la gran comunidad que se crea entre el grupo, que acaba siendo una familia. Los participantes siempre acaban con las expectativas superadas”, afirma López.

Pues ya saben…, Buen Cavino.

 

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