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Carlos Julián, el campeón de Europa de 400 metros vallas

14 octubre, 2021

David Blay

Arrancamos una nueva visión de entrevistas con personas vinculadas al mundo de la gastronomía. Tienen prohibido pronunciar la palabra ‘cocina’ o cualquiera de sus derivados y realizamos junto a ellas un ejercicio de imaginación en el que tomaron un camino profesional diferente hacia algo que les apasionó laboralmente en su infancia (o lo sigue haciendo y está presente en sus vidas).

‘Yo tuve la suerte de convivir, aprender y competir con la gente que tenía colgada en pósters en mi habitación. Porque yo no idolatraba a futbolistas. Yo me fijaba en Antonio Andrés, Concha Montaner, Yago Lamela o Niurka Montalvo. Y resulta que pasé casi todas las tardes entre los 16 y los 18 años no solo entrenando con ellos, sino conversando de nuestro día a día’.

Carlos Julián es el chef ejecutivo del restaurante Ampar, en el Hotel Hospes Palau del Mar. Pero también un cocinero que llegó hasta su actual oficio como consecuencia de una lesión en su carrera deportiva.

‘Sufrí la rotura en la rodilla que me tuvo varios meses parado y en ese momento comencé a estudiar cocina con mi hermano. De lo contrario, sigo pensando que hasta hace cinco o seis años podría haber estado compitiendo a un nivel alto’.

Hasta ese instante su progresión había sido constante, llevándole incluso a proclamarse campeón de España de su modalidad y a ejercitarse con los entonces mejores técnicos del país, que pertenecían a la disciplina del Valencia, Terra i Mar.

‘Empiezas jugando al fútbol, como todos, pero ves que no te llena como al resto de tus amigos. Y un día, junto a mi padre en el río, le digo que lo que a mí me gusta es eso. Y lo hago mirando hacia una pista de atletismo. Luego resulta que tienes siete años, corres un cross por primera vez en tu vida sin saber nada de aquello y te encuentras cruzando la meta entre los diez primeros entre más de 60 niños’.

Sus profesores le decían a sus progenitores que su altura (y sus cuádriceps) estaban muy desarrollados para una edad tan temprana, aunque él asegure que nunca tuvo ‘ninguna cualidad espectacular por encima del resto’.

‘Realizábamos seis sesiones semanales de siete horas cada una. Y es ahí donde empiezas a ganar y a especializarte. Cuando hacía longitud detectaron que tenía mucho fondo y fui pasando por diversas disciplinas hasta encontrarme con el 400 vallas’.

Señala Carlos que llegó incluso a repetir cursos académicos porque su vida era el atletismo, aunque iba sacando poco a poco las asignaturas mientras en casa le apoyaban en su proyecto deportivo.

‘Nunca pensé en qué haría después de aquello porque la lesión me pilló a contrapié. Yo estaba ya viviendo un sueño y no miraba más allá. Vivía para mejorar centésimas, hacer las pasadas más rasas o comprarme las mejores zapatillas’.

De hecho, había dos cosas en las que él ni sus allegados se centraban: el dinero y las metas futuras, pese a la evidencia de su cada vez mayor dominio nacional en su modalidad.

‘Yo quería hacerme mayor dentro del atletismo. Correr en Campeonatos de España, competir en Primera División. No llegué a vislumbrarme en un Mundial o unos Juegos. Y hoy me doy cuenta de la capacidad que tuve de vivir el momento presente’.

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