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Bodegas Enrique Mendoza respira humildad y respeto por la viticultura

12 abril, 2022

Mar Lafuente

Los antepasados comenzaron a dibujar la historia vitivinícola de Alicante hace siglos. Han dejado un enorme legado cultural en estas tierras permitiendo que, a día de hoy, se puedan seguir escribiendo líneas en esta cronología tan especial. Y es que Alicante es un lugar privilegiado para el cultivo de la vid, algo que sin duda llamó la atención de Enrique Mendoza. Su inquietud por el mundo del vino le llevó a poner en marcha Bodegas Enrique Mendoza y escribir su propio capítulo. “El terruño es el alma de nuestros vinos”, esta frase de la bodega podría ser el título de un capítulo en el que la humildad y el respeto a los viñedos, el entorno y las personas formarán parte de la historia para siempre.

Bodegas Enrique Mendoza es un proyecto que se hace realidad cuando sacaron la primera añada al mercado en 1989, aunque fue en 1982 cuando Enrique construyó la bodega y compró los viñedos y la Finca El Chaconero. Él siempre había tenido vocación por el campo y una mirada agrícola que desencadenó en pasión por el mundo del vino. Esta misma pasión la han heredado sus hijos, uno de ellos Julián Mendoza, quien está actualmente al frente del proyecto. “Esto es algo que se contagia, el sector del vino realmente atrapa”, nos aseguraba Julián. Él ha sido el encargado de abrirnos las puertas de la bodega ubicada en el municipio alicantino de l’Alfàs del Pi. 

Nuestra visita a la bodega alicantina comenzó con una conversación de lo más interesante con Julián. Desde que se puso en marcha la bodega hasta ahora han cambiado muchas cosas, nos comentaba; en sus palabras, “ha cambiado el aprendizaje, es decir, ha cambiado que nosotros (las personas) somos 30 años más viejos, los viñedos son 30 años más adultos y la acumulación de experiencia de hoy es 30 veces superior a la de entonces”. Años que les han permitido comprender más el territorio, los suelos, el sol, el clima y que nunca hay un año igual al anterior. Es esta parte de incertidumbre lo que engancha a Julián a permanecer en este mundo, a estar atento y verlo desde el punto de vista de la humildad que requiere estar en un sector que todos los años empiezas de 0, porque “si tuviésemos la llave de cuando se riega, cuando llueve o si tuviéramos la clave de las horas de sol, esto sería muy aburrido”, añadía. 

Hay algo que no ha cambiado y ha permanecido todos estos años desde que empezaron, la filosofía de la bodega basada en el respeto por las tierras, el entorno y las personas. Y es que según Julián, “si trabajas con respeto y dedicación, la plantación funciona bien al margen de las dificultades que puedas tener ese año con la climatología. Hay que atender al ciclo vegetativo como requiere, darle todo lo que necesite la planta e ir a su ritmo”. 

En definitiva, 30 años que les ha permitido ver las cosas con perspectiva y darse cuenta que solamente es el principio. “Acabamos de empezar y acabamos de entrar en el sector. A nosotros nos corresponde escribir una página más de la viticultura de Alicante”. Ellos, sin duda, están escribiendo un capítulo en el que están cuidando lo máximo el viñedo e interviniendo lo mínimo para que viva muchos más siglos y dejar un legado a los que vienen por detrás. 

Otra de las partes fundamentales de la bodega por la que apostaron hace 14 años y a la que dedican gran parte del tiempo y de recursos es el enoturismo. Con este pretenden transmitir y explicar a los visitantes su trabajo y cómo es un día normal en Bodegas Enrique Mendoza, integrando así al visitante en el funcionamiento del día a día de la bodega. Nosotros pudimos vivir una de sus experiencias de la mano de Álvaro Ribon, guía de enoturismo de Bodegas Enrique Mendoza. 

Las visitas están divididas en dos partes, nos explicaba Álvaro. En la primera se hace un recorrido por las instalaciones de la bodega y la segunda una cata que se hace posteriormente. La visita empieza en el viñedo experimental que tienen a los pies de la bodega donde se explica la historia de la bodega, dónde están ubicados sus viñedos, la filosofía y los objetivos de la bodega. La siguiente parada son las instalaciones donde se explica cómo trabajan, el volumen de su trabajo. La visita termina en la cava subterránea donde tienen 1200 barricas de roble y explican por qué utilizan las barricas o el corcho, por ejemplo. Esta parte tiene una duración de unos 45 minutos. 

Una vez finalizado, se pasa a la segunda parte de la visita en la que se realiza una degustación de 7 vinos acompañados de unas bandejas individuales con tres tipos de embutidos diferentes (salchichón, chorizo y lomo) y cuatro tipos de quesos: un rulo de queso de cabra con pimiento y tomate, queso de cabra al vino, queso puro de oveja con seis meses de maduración y un queso de oveja manchego ecológico con 24 meses de maduración. Junto a esto también va una pieza de pan con aceite de oliva virgen extra que elaboran en la bodega con olivos que tienen ubicados en Villena. 

Entre los vinos que se degustan están dos muy especiales: Finca Xaconero y Santa Rosa. Finca Xaconero es el vino “más moderno”, asegura Álvaro. Tiene un nombre muy especial, el de su finca de Villena. Álvaro nos contó la curiosidad de este nombre y es que es una finca situada entre la carretera de Villena y Yecla, zona donde se empezó a cultivar en el siglo XVI-XVII. Se dice que durante el mes de septiembre llovía tanto que se formaba un charco enorme hasta el mes de enero, por lo que empezaron a llamarlo las tierras del charco de enero que se contrajo a ‘Chaconero’. 

Es un vino elaborado con un 90% de monastrell, 5% de syrah y 5% de garnacha que pasan 12 meses en barrica de roble francés de segundo año. Tiene aromas de vainilla, frutos secos e incluso de pimienta negra, posteriormente va saliendo la fruta con notas de ciruela y cereza picota. Sin duda un vino muy agradable y aromático en nariz. En boca es un vino muy fresco, característico de la monastrell, afrutado, pero con toques de madera. El resultado es un vino perfecto que según Álvaro es perfecto para el invierno y el verano y combina a la perfección con la comida mediterránea o carnes blancas. 

Por otro lado, Santa Rosa también es un vino muy especial. Probablemente sea el vino más conocido y su marca más longeva, ya que empezaron a elaborarlo en 1995. “Enrique se dió cuenta que iba a marcar una tendencia en la bodega y, tras pensarlo mucho, decidió ponerle el nombre de una de las personas más importantes de su vida, el de su madre”, nos contaba Álvaro. Un vino que honra a todas las madres del mundo y que está elaborado con cuatro tipos de uvas: 35% monastrell, 35% cabernet sauvignon, 15% syrah y 15% merlot. Pasa 17 meses en barrica nueva de roble francés, por lo que es un vino en el que está presente la madera con notas de vainilla, regaliz, frutos secos e, incluso, canela. Con cuerpo, estructura y potencia pero muy fácil de beber y elegante perfecto para combinar con comidas contundentes. 

En definitiva, vinos en los que se nota el sol y la luz que tanto caracteriza a Alicante y al mediterráneo. Algo que es posible gracias al respeto que tienen desde la bodega a los viñedos y al paisaje que les rodea.

 

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