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Bodega Heretat de Cesilia, música para mis oídos

16 diciembre, 2020

Colin Harkness / Twitter: @colinonwine / Instagram: colinharkness53 / Traducción: Sergio Ramírez

English version available here!

La web da una pista sobre la longevidad de la Bodega Heretat de Cesilia. Originalmente cedida por el rey Jaume I al marqués de Romana para servir a la corona, la ‘heretat’ consistía en cuatro tierras de cultivo. La principal se encontraba justo a las afueras del pueblo de Novelda, donde el marqués había mandado construir su finca.

Actualmente, con un tour por este paraje se puede ver una fusión entre tradición y modernidad que es indicativa de los vinos elaborados por esta bodega de la DOP Alicante adquirida en 1984 por la familia Arias, de origen gallego. Las técnicas modernas se suman a una rica tradición en la elaboración del vino y contribuyen así a un portafolio admirable.

Heretat de Cesilia cuenta con un total de 85 hectáreas, 70 de las cuales son de cultivo, para olivas, almendras y uvas de mesa. Las 30 restantes son viñedos. En los viñedos se cultiva, para vino tinto, monastrell, cabernet sauvignon, petit verdot, syrah, merlot y garnacha; y para vino blanco, moscatel, malvasía, macabeo y albariño. Esta última variedad, bastante exótica en esta parte de España, atestigua los orígenes de los dueños actuales: albariño es la uva reina, casi consagrada, en tierras gallegas.

Aunque principalmente se dedica al vino, Bodega Heretat de Cesilia también se especializa en comidas gourmet, organización de eventos y celebraciones además de al enoturismo. De hecho, hace un tiempo yo mismo he llevado de visita a varios grupos y siempre hemos sido muy bien recibidos, con vino y comida de primera clase.

Tras el tour por la casa y la bodega, que incluía una visita a la cocina original de la finca, muy heterogénea, y al salón, así como al moderno y lujoso restaurante, a la zona de eventos, a los jardines y a los viñedos más cercanos, nos reunimos en el salón. Allí disfrutamos de una cata magnífica, con el Ad Gaude cosecha del 2007, el vino insignia de Heretat de Cesilia (¡Y que no estaba a la venta, por desgracia!). Le siguió una suntuosa comida donde disfrutamos de un arroz caldoso único, ‘Arroz Ad Gaude’ (Adivinad el porqué de su nombre).

En honor a los dueños, me gustaría comenzar escribiendo sobre el viogner 100 % que me dejó boquiabierto. Ad Gaude Vino d’Autor 2019 está elaborado a partir de viñas plantadas hace 20 años, bastante maduras, pero el tiempo juega a su favor. Me encantaría probar este vino de nuevo —pero de la cosecha del 2039—, espero durar hasta entonces (¡Ya veremos!).

Como yo, seguramente estéis preguntándoos cómo este vino, que es originario de la zona de Galicia, tiene un pase en las condiciones cuasi desérticas de Alicante. Pues os puedo decir que lo tiene. Y se desenvuelve bastante bien, pero se manifiesta en un estilo de vino singularmente distinto.

De hecho, es como es gracias al aporte del río Vinalopó, que provee a toda la zona de suficiente agua y humedad y también gracias a la influencia del Mediterráneo, que aporta cierta salinidad al producto final como ocurre en la DO Rías Baixas, donde algunos de sus viñedos se encuentran a poca distancia del Océano Atlántico.

Con un precio de únicamente 11 € en la tienda de la bodega —convenientemente dispuesta al lado del restaurante y frecuentada casi siempre por los comensales que querían comprar un poco más del vino que había maridado su comida—, este vino tiene una excelente relación calidad-precio. Tras eso, una impactante botella al estilo de Borgoña encerraba un vino igual de espectacular.

Un albariño que cuenta con menos acidez que los del norte de España, pero se nota, claramente, un frescor agradable en este vino blanco seco. Melocotones blancos en nariz y en boca (donde se siente bastante completo tras sus 6 meses en barrica francesa) con una ligera salinidad al final y, entonces, justo cuando uno piensa que ya se ha deslizado por la gargante y se ha acabado, viene un fino destello a cítricos y fruta —quizás una mezcla de pomelo y lima—. Compré una botella de este para casa y para comprobar cómo sabrá dentro de aproximadamente un año.

Realmente este era el segundo blanco que probaba. Nuestra cata comenzó con Cesilia Blanc 2019, un triunvirato de moscatel, macabeo y malvasía. Todo el frescor y sabor a fruta con un toque de cremosidad que son el resultado de la crianza sobre lías en barriles de acero inoxidable a temperatura controlada. El vino funciona muy bien, fruta en buenas cantidades, pero no es una ‘macedonia’, ya que tiene esa acidez penetrante muy necesaria y que asegura que el vino sea refrescante y seco al mismo tiempo. 7 € ‘more or less’.

Durante nuestra visita por Casa Cesilia, me atrapó aprender que su ‘bodeguero pródigo’ (que en este caso sí se fue con la bendición de su familia), Sebastien Boudon, había vuelto… Bueno, más o menos. Sebastien ahora vive en su Francia natal (exacto, la casa de la gran parte de los barriles en Heretat Cesilia) para hacerse cargo de la bodega de su padre, que se jubila. Aunque todavía se pasa por Novelda. Aquí hace de consultor trabajando para continuar con la excelente tradición vinícola que comenzó cuando, por primera vez y hace algunos años, se le encomendó trabajar con la bodega DO Bullas. Fue un periodo breve, pero muy fructífero (en el que también probé aquellos vinos).

Sebastien también trabaja en el nuevo proyecto de Casa Cesilia, aumentando la apuesta a su variedad de vinos rosados. Cesilia Rosé 2019 (sí, de nuevo influencia francesa) está hecho con monastrell, merlot y syrah. Proporciona una expresión frutal marcada, diría que a fresa, con una ligera acidez a grosellas. Correcto, preciso, fresco y ligeramente perfumado. Qué buen rosado. Perdona, Sebastien, ¡Quise decir rosé!

El rosé La Reserve 2019 se elabora únicamente con uva garnacha autóctona de Alicante. Aún joven, La Reserve 2019 se produce con uvas fermentadas en barrica de acero inoxidable y en barrica de roble para, posteriormente, permanecer 7 meses sobre lías a temperatura controlada en barrica de acero otra vez. Al beberlo, sabía que este vino debía madurar en botella y es uno de los que me gustaría probar pasados un par de añitos para echar por tierra la teoría de que el rosado siempre debe beberse joven, suave y fresco.

A este le siguieron tres tintos. Por desgracia, no tengo suficiente espacio para describirlos todos. En primer lugar, Cesilia Roble, 6 meses en barrica, de monastrell, syrah y de la cada vez más presente en nuestro país, petit verdot. Piel de cereza negra y pulpa en nariz, un barniz de vainilla también y un poco de la terrosidad de petit verdot.

Cesilia Garnacha 2018 envejece 6 meses en barrica y se beneficia del proceso, lo que permite que el vino envejezca unos cuantos años más. Buen sabor a bayas negras con un débil aroma a tofe combinado con el perfume de pétalos violetas. Un buen vino.

El Crianza 2017 tinto ha pasado 12 meses en barrica y surge de una fusión de monastrell y petit verdot. Un vino con sabor a carne (con ligeras notas a bacon, concretamente), con un mayor cuerpo y peso en boca que los anteriores. Desprende una gran presencia a fruta con un toque de regaliz al final. Excelente.

Tuve el privilegio de probar el Ad Gaude 2007, traído de la bodega privada de la familia. Con sus 13 años de edad, había soltado un sedimento en todo el lateral de la botella al haberse almacenado de manera horizontal durante todo este tiempo. En nariz, nada más abrirlo, notaba un aroma muy poco sugerente a acidez volátil que se disipó pasados 10 minutos ya en la copa. Y eso que lo decantamos media hora antes de la cata.

No obstante, el vino evolucionó según iba oxigenándose más después de haber pasado una década privado de aire. Se transformó en un vino tinto elegante, profundo, persistente, que maridaba excepcionalmente con el Arroz Ad Gaude, el plato insignia de alta cocina de su restaurante. Y sí, para cocinarlo utilizan un poco de este genial vino tinto.

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