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Déjate seducir por el mundo del vino

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…y el gordo…

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José Antonio López
Y mira que lo dijimos, que no te distraigas que llega un tío con dodotis, unas alas y un ojo tapao y te endiña una flecha que puede ser muy bonita al principìo pero que, como todas las heridas o las cuidas o te vas a criar malvas…

Siempre ha habido personas que viven en la amargura. Pero… ¿Cómo es posible que haya alguien que no quiera celebrar San Valentín?

Bueno… Esta es la parte romántica, pero les puedo asegurar que hay mas de uno y de dos y de… legiones de gente que les importa un pito San Valentín y que estarían dispuestos a tapar el ojo sano, de un puñetazo, al gordo con alitas.

Que no, que estamos equivocándonos otra vez.

Antes, en San Valentín, se ahorraba un poco de pasta y se le compraba un detalle a la pareja. Un colgantito, un perfume, una pastilla de jabón de olor… no se me rían que es como lo cuento.

Era la época del Heno de Pravia y de unas pastillas de jabón azul de Avón que olían una barbaridad. Claro que, entonces no había desodorantes de esos que te pones uno y te vienen todas las mujeres encima (ya no sale en televisión. Se habrán dado cuenta de que era mentira) y tampoco había colonias que te obligaban a aguantar al guaperas de turno o a la guaperas de turno disfrutando de un enorme constipado por la manía de llenarse de agua sea verano o invierno.

Ojos azules. Saltitos en la playa. Grupo de horteras oliendo a no sé qué y todos iguales. Eso se llama distinción y personalidad. Todos iguales u oler y disfrutar de lo mismo. Playa incluida y barco que rompe media ciudad para dar un pico a la chorva de turno.

Que no, que San Valentín, o lo que sea, es tan sencillo como decirle a la pareja que la quieres y que la apoyas en todo y más con lo que está cayendo. Y vale más una sonrisa, un buen vaso de vino y una comida o cena en un restaurante (los hay para todos precios) que aceptar la puñetera manía importada de poner rodilla en tierra y sacar un diamante y pedir que se case contigo.

La rodilla, ya está en tierra.

Es sólo el comienzo.

Besotes y abrazotes en el día de San Valentín.

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