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Tony, el rey de la plancha

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José Antonio López
Y una vez más la Trituradora se vuelve humana. Así es la vida. A veces una de cal, otras, una de arena.

He ido a saludar a Tony o Antonio, como quieran llamarle. Me han comentado que se va a tomar unas largas vacaciones y Tony, el hijo, se va a hacer cargo de perpetuar el buen hacer de la familia.

Pilar, su mujer, se lo va a agradecer.

Todos los parroquianos del mercado de Algirós, se lo tendremos en cuenta.

Desde 1982 Antonio está al frente del bar del Mercado de Algirós. “No puedes imaginarte, me cuenta, el esfuerzo que tuvimos que hacer para quedarnos con la concesión. Teníamos otro bar, pero queríamos estar en el mercado y aquí nos vinimos. Lo pasamos muy mal porque el mercado de Sancho Tello no cerró en su momento y este tampoco arrancaba. En medio de todo, donde no había nada”.

Peina menos canas de las que debiera tener y es la fuerza en su actividad lo que le mantiene vivo.

Antonio y Pilar han puesto las calles durante muchos años de su vida.

Antes de las cinco de la mañana ya hay que estar preparado.

Puerta abierta y los primeros cafés, las primeras conversaciones, los consabidos ánimos.

En el mercado se juntan, de momento, los de siempre, los que tienen que abrir las paradas para ofrecer, no sólo lo mejor de sus productos, sino también lo mejor de ellos mismos.

Un mercado, además de ser un local de compras, es un confesionario.

Superando obstáculos y con más ilusión que dinero. Hay que ganarse la confianza de todos y formar parte de esta gran familia. Antonio y Pilar no saben hacer otra cosa, pero lo que saben hacer, lo hacen bien.

En la plancha, Antonio. En la cocina Pilar. En el mercado, calle arriba y abajo, este rápido amigo que lleva el cortado aquí y el café con leche acullá.

Buenos bocadillos. Mejores vinos y cervezas. Buen producto.

“Quienquiera puede comprar lo que le apetezca del mercado y se lo hacemos en un abrir y cerrar de ojos”.

Y lleva paseando su sonrisa y su buen humor por todas las paradas y sabe que tiene que aguantar a los “changos” de siempre que, además de almorzar, comparten chascarrillos con quien saben, no hay nada que le siente mal.

Y sabe Antonio cuando alguien le va a decir que se ha olvidado la cartera o intenta marchar al servicio a la hora de pagar para salir por la otra puerta.

Y huele la plancha a buen embutido, a tortillas recién hechas, a pan horneado al momento. Se comparten aromas de buen café y algún chorrillo de cazalla que se desliza en el vaso a la espera de calmar más de un escalofrío en las mañanas de invierno.

Y Tony me mira con nostalgia desde la otra parte de la barra. Ya no está, en la que siempre estuvo. Ahora hay otro Antonio, su hijo, detrás sirviendo las brascadas, el lomo con queso y los embutidos.

Entra a la barra. Hay que hacer la foto. Puñetero amigo que nunca pierde la sonrisa.

Le resbala una lágrima. Sí, Antonio, se te nota, pero eso no es malo. Es el aplauso de todos los que te queremos por tanto tiempo que nos has dedicado.

No se vá.

Está.

Al otro lado de la barra.

 

6 comentarios en Tony, el rey de la plancha

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