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Ricardo, Corazón de Aragón

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José Antonio López
Es de justicia valorar y premiar a las personas que han trabajado honradamente y han hecho algo por los demás. Es, de mayor justicia, el hacerlo en vida de esas personas, porque tenemos la mala costumbre de elogiar a los grandes cuando ya no están. Tengo, como frase mantra, aquella del grandioso Vallejo-Nájera cuando afirmaba “respétame en vida y no me lleves flores cuando me muera”.

Con permiso.

Mañana se jubila mi gran y admirado amigo Ricardo. Ha tardado mucho tiempo, posiblemente demasiado pero, como él suele decir, “no puedes marcharte sin acabar tu trabajo, por muy duro que sea y por mucho tiempo que te lleve”.

Conozco a Ricardo desde toda la vida. Algunos “amigos” afirman que desde que se construyó la pirámide de Keops… tampoco hay que exagerar.

Ricardo de nombre y Sánchez de apellido ha estado siempre aquí… y allí… y en todas partes.

Aragonés de pro y valenciano auténtico. Aprendió los grandes valores en el seno de su numerosa familia de la que siempre se ha sentido orgulloso. Desde su nacimiento ha sido una persona muy inquieta tanto que, a la hora de encontrar su primer trabajo, lo eligió en una empresa de transportes que se movía como nadie, por todo el mundo.

Le atrajo el mundo de la comunicación y a él, le ha dedicado el mayor tiempo de su vida profesional junto a una vocación de ayuda a los demás. Más de un disgusto, y grande, le ha costado este empeño, pero siempre ha salido adelante con una sonrisa y quitando importancia a hechos que a otros les hubiera sumido en una gran depresión.

Es Ricardo.

He de respetar su filosofía de vida y, sobre todo, muchas cosas de las que ha hecho. No me perdonaría que las hiciera públicas y no por falsa modestia, sino porque para él, ayudar y entregar es un privilegio no una obligación. Lo difícil es fácil en sus manos, lo complicado está resuelto y lo imposible hace tiempo que lo olvidó.

Mi amigo, y lo digo con orgullo, se ha batido en encontrar nuevas formas de comunicación, en crear periódicos, dotar de voz a las radios, atraer con titulares verídicos a cuantos querían estar informados. Descubrió la forma de ofrecer servicios y artículos que llegaban directamente a quienes los demandaban y además, hacerlo de la manera más fácil y efectiva.

Nunca se quejó de las horas de trabajo ni de los lugares que tenía que atender. Siempre, siempre, ha estado allí.

En estos, sus últimos años profesionales, ha devuelto la sonrisa a muchas personas que tenían problemas de vista. Cuando se unió al gran equipo de profesionales de la Clínica Rahhal, sabía el poder que otorgaba el estar con los mejores, haciendo lo mejor.

Mano derecha, izquierda y centro. Está con todos, porque respeta a todos. Es respetado.

Tendría que escribir un voluminoso libro para decir todo lo que quiero sobre él, pero sé que me daría en la cabeza por decirlo. No ha cambiado. O un poco. Su fiel Merche sigue con él y sus hijos le han dado unos nietos de los que vacila –y con razón– hasta cansarse.

Mañana, Ricardo Corazón de Aragón se jubila y se lleva a su Virgencita del Pilar y a la Cheperudeta de su despacho. No es un cambio importante, sólo físico, porque tanta y tan grata compañía seguirá con él, allá donde vaya.

No te hagas ilusiones Ricardo. Tú vales para muchas cosas, pero no para criar lechugas.

No puedes irte y no dejaremos que te vayas.

Porque te necesitamos.

Y por esta misma causa eres la primera persona que inaugura una galería de gente normal e ilustre desde la humildad.

Ricardo Sánchez, a partir de ahora, añade a tus valores el nombramiento de AMIGO ENTRAÑABLE.

Porque es verdad.

Un abrazo.

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