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Déjate seducir por el mundo del vino

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Poema del vino

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José Antonio López
Corría el año 1974 cuando más de uno comenzábamos a buscar nuevos horizontes que nos permitieran vivir, el resto de nuestras vidas, con el menor esfuerzo posible.

Locura de juventud.

Como más de uno, para poder estudiar había que trabajar en lo que saliera y, les digo, que poco ha cambiado a día de hoy, que el trabajo más sencillo de encontrar, era la hostelería.

De friegaplatos, friegasuelos, friegabarras, friegatodo…

En la Plaza Redonda había una tasca que regentaba el inigualable Gerardo Borgoñón junto a su hermano Fidel. A su lado, su señora Irene y su inseparable y admirada por todos, María. ¡Qué tortillas de patatas hacía María!

La tasca se llamaba Casa Borgo. Algún día hablaremos de ella.

Aún existe, pero no está Gerardo ni Fidel ni Irene ni María ni los profesores, catedráticos, médicos, ingenieros, limpiabotas y vedettes, que de todo había en la tasca Borgo. Todos anónimos y con un nombre, no un cargo.

Tampoco está “el tío Manolo” que nos apestaba a todos con su pipa, pero fue quien recuperó, junto con Gerardo, algo que quiero compartir con todos ustedes.

En la pared de la tasca, sobre los dos barriles de donde nos servíamos el vino, había un cuadro, muy deteriorado por los años, con un texto que nadie sabía quién lo había colocado allí.

En mis siguientes años de profesión lo he vuelto a ver, con variaciones, en algún otro establecimiento. Pocos.

No sé de dónde viene ni a quién va dirigido, lo que tengo muy claro es que quiero compartir con ustedes algo tan sencillo como El Poema del Vino.

Reza así:

El vino

¿Hay algo mejor que el vino?

Beber es un acto que realizan las razas de linaje antiguo.

Cuando se hace uso del vino, moderadamente como todas las cosas preciosas, es salud y medicina.

El vino aumenta la fuerza muscular, exalta el sentido genético, estimula el sistema nervioso y psíquico, rinde fácil elocuencia, empuja a la benevolencia, predispone a la asociación, al perdón y al heroísmo.

El vino exalta la fantasía, hace lúcida la memoria, alivia los dolores, destruye la melancolía, concilia el sueño, conforta la vejez, ayuda a la convalecencia y da aquel sentido de la euforia por donde la vida transcurre leve, suave y tranquila.

He preguntado e investigado por el autor. Hasta el momento, nadie me ha dicho o aportado algo que me permita dar la enhorabuena a tan insigne escritor.

He pensado que una joya como esta no debe estar en un cajón, sino ser compartido por todos como, seguramente su autor, lo hubiese deseado.

Porque era amante del vino.

Porque si el vino viene, viene la vida.

Porque con pan y vino, se hace más corto el camino.

Añadan lo que quieran y corrijan más.

Sigamos unidos por el vino.

Brindemos.

2 comentarios en Poema del vino

bombonparati el 2 julio, 2015 a las 3:44 pm:

Y el vino acompaña al caminante,cura su soledad, y a veces le hace entonar canciones que le llevan a eso que llaman felicidad. Bsssssss

Seba el 23 octubre, 2017 a las 11:25 pm:

El mismo poema ha estado desde siempre en mi casa, años sesenta. Mi padre lo tuvo enmarcado encima de su barrilito de vino de Montilla moriles. Era una lamina blanca verdosa con racimos deliciosos de uvas verdes y unas letras negras que rezaban las excelencias casi divinas del vino. Desde que las leí, niño, no he podido olvidarlas. Durante mucho tiempo consideraba que tenía un tesoro único y mi egoísmo no ha permitido compartirlo. Actualmente la página, ya recortada de su imágenes de uvas verdes, sigue presidiendo el mismo barril, con un marco ahora ya con el color del tonel. Tonos añejos amarillean su fondo blanco, como si absorbiera con el tiempo la solera que tantos años lleva presidiendo. Prometo acabar con su encierro porque es justo compartir tanta verdad como encierra

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