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Operación Bikini

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José Antonio López Martínez
Pablo está muy enfadado.

Como a muchísimas personas le ha pillado de sopetón la noticia de que está muy próximo el verano, que ya hace buen tiempo y que hay que ir a la playa a tomar el sol para ponerse moreno.

Hasta aquí todo lo normal que es posible aceptar unas normas en las que, por decreto, hay que tomar el sol, ir a la playa y ponerse el bikini.

La vida normal de mi amigo se ha visto alterada y se ha puesto de los nervios. Me ha llamado por teléfono rogándome que le buscara un gimnasio de esos que en tres días te ponen una tableta de chocolate en lo que ahora no es más que un cinturón de grasa.

Además, está convencido de que debe seguir un riguroso régimen de proteínas que le permita perder peso inmediatamente. Lo que no tiene muy claro es lo del bikini y me pregunta si no es igual un bañador porque él, en bikini, puede quedar “como muy hortera”.

No me ha dado tiempo a contestarle.

Esta alma cándida se ha tomado muy en serio lo que todos los medios de comunicación le están diciendo y se ha propuesto, en una semana, tener y lucir un cuerpo diez.

Me lo explica.

Ya ha comenzado la dieta de la alcachofa y se zampa, diariamente, dieciséis botes de tan apreciado producto para que le limpie el hígado y le queme las grasas sobrantes.

Añade a su alimentación, un montón de tofu que son proteínas vegetales que “nongordan”.

Bebe entre cuatro y cinco litros de agua al día, sabiéndose responsable de que está colaborando a la sequía que padecemos en nuestras tierras.

Se prepara un batido de zanahorias que toma tres veces al día. Esto lo hace para que se le fije el moreno al cuerpo, según dice.

Y el resto de la dieta lo basa en mucha verdura olvidándose de los huevos y la carne para que el régimen sea más rápido y efectivo.

Vamos, que lo tiene todo controlado.

En tres días, cuerpo diez.

Lleva treinta y seis horas con tan espartana determinación.

Cuando le he llamado para ver cómo estaba, brama, no contesta.

Un amigo común me ha trasladado su preocupación porque se le está poniendo la cara de conejo. Sigue mi informador con que tiene una barriga monumental llena de agua que, si se pone de lado, no se puede enderezar. Los ojos se le están rasgando (por lo del tofu, intuyo) y le ha entrado una mala gaita que es mejor apartarse de su camino.

Se ha apuntado a un gimnasio que ha abandonado, con una tremenda frustración, tras veinte minutos de ejercicio. No puede con su alma. No llega a andar diez kilómetros en la cinta esa y menos practicar el “zumba” porque se cae de debilidad.

Tras muchos intentos he podido hablar con Pablo. Le he dado mi humilde consejo. Amigo, no entiendo lo de tu operación bikini, porque, como suele ocurrir, los hombres utilizamos bañador, pero claro, en la zona donde vives, esto te puede llevar a confusión.

Con tu peso de sesenta kilos y un metro setenta de estatura tampoco te hace falta demasiado régimen y más cuando te pasas catorce horas trabajando la tierra de sol a sol.

Es agricultor.

En cuanto a la morenez, mi querido amigo, no hace falta que te recuerde que eres de Guinea y, con sólo mirarte al espejo, notarás que ya eres moreno. Afirmo, muy moreno. Qué narices, negro.

Así que, amigo Pablo, apaga el televisor y procura ser tú mismo. Si quieres adelgazar hazlo poniéndote en manos de especialistas. Si necesitas un gimnasio (que no creo) sigue las mismas pautas del régimen. Ponte en manos de quien entiende y, sobre todo y ante todo, siéntete bien contigo mismo y pasa de la opinión de los demás que te exigen mucho y no te aportan nada.

Recuerdo la frase del gran nutricionista, Covián “lo que no engorda es lo que se queda en el plato”.

Pablo me ha mandado media caja de cervezas.

La otra media se las ha tomado él.

Y va a por más.

Vuelve a ser feliz.

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