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Las Fallas ya no son de los valencianos

Jaime Nicolau

… El titular es sólo una manera personal de traducir el estreno de las Fallas como patrimonio de la Humanidad. Pero no puedo borrarla de mi cabeza. Leo artículos de algunos compañeros que me refuerzan en mi impresión.

Viernes 17 de marzo de 2017, 13.00 horas. Uno de los días grandes de las Fallas. Intento salir del trabajo con el coche. Es materialmente imposible. Aquellos que no trabajan han tomado las calles. Una marea humana en dirección Plaza del Ayuntamiento me engulle y desplaza hacia dónde ella quiere. Llego a la calle Las Barcas y justo a la altura del edificio del Banco de Valencia consigue escapar. Tampoco se puede avanzar más. No hay forma de ver la Mascletà desde más cerca. Seguro que algún día, no muy lejano, alguien piensa en monetizar la cita de mediodía de los valencianos poniendo tornos en los accesos y cobrando entrada. Alrededor pocos hablan valenciano. Diría que pocos hablan castellano. Es lo que tiene ser Patrimonio de la Humanidad. Háganse a la idea. Las Fallas ya no son nuestras.

Que ciudades como Madrid tengan fiesta el día 20 y en Valencia se trabaje, ya es una pista importante. Que los niños falleros tengan que ir al cole mientras los madrileños siguen quemando los pocos petardos que les quedan es para que las autoridades se lo hagan mirar. O quizás ni siquiera eso. Quizás ellos ya sepan que somos meros actores secundarios de una película que es un éxito en taquilla.

Pasa la tarde y se acerca la ofrenda. Las Falleras desfilan emocionadas por delante de su patrona, la Virgen de los Desamparados. En las calles y en las tribunas ya no están sus tías y abuelas viéndolas pasar como antaño y si lo están ya no alcanzan a verlas. Mr. y Mrs. Parker, Li-Hoon, Friedrich… que empatizan tanto con la Patrona como Los Morancos con Aznar. Ahora son actrices, sin cobrar por ello, como en el circo romano.

En el paseo acierto a esquivar bombonas de butano, garrafas de aceite, mangueras… con las que los puestos ambulantes han tomado el centro, con permiso de las autoridades y en claro perjuicio de la asociación de comerciantes y de la hostelería local. Aquí leo a Paco Alonso y su adhesión al comunicado de los primeros y no puedo estar más de acuerdo. 

Llega la Cremà. Las calles siguen abarrotadas. El niño que te pide ver alguna Falla quemar y tú piensas en el madrugón del día siguiente, en el cole… Pero no pasa nada porque visitantes de otras comunidades que tienen fiesta el lunes 20 ya lo disfrutan por nosotros asegurando el lleno en televisión.

Pues esta es la radiografía de las Fallas Patrimonio de la Humanidad. Aunque señores políticos, harían bien en no pensar únicamente en hacer caja. Harían bien cuidando a los actores porque sin ellos, no hay nada que enseñar a los que vengan. Harían bien en garantizar el derecho al trabajo de aquellos que, por su buen hacer, tienen que trabajar en Fallas. Harían bien en cuidar a la hostelería no permitiendo las aberraciones que se permiten… y así podríamos seguir hasta no parar.

Como obvio voluntariamente las cuestiones puramente de seguridad. No entro en ellas pero no lo olviden.

En resumen, que las Fallas son de todos menos nuestras. Por lo menos en lo que al disfrute se refiere. Tenía razón mi vecino. Era mejor irse a esquiar.

 

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