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La bodega de Rosario y Nicolás: un sueño hecho realidad

. Más de un año de trabajos de limpieza y desescombro sacan a la luz las tinajas más antiguas encontradas hasta la fecha en Utiel

Mª Carmen González

Lo que durante años fue la morada de un malvado ogro que atemorizaba a los niños o la despensa mágica a la que cada sábado bajaba la pequeña Conchi acompañando a su padre, se ha convertido hoy, tras más de un año de intensos trabajos de desescombro y limpieza, en una coqueta cueva-bodega que puede visitarse en la localidad valenciana de Utiel. Una ardua labor de recuperación realizada por los actuales propietarios de la casa en la que se encuentra, Concha y José María; un ejercicio de puesta en valor del patrimonio utielano y de amor a las raíces familiares, que ha sacado a la luz una de las numerosas bodegas que jalonan las entrañas del municipio, y de la que sus dueños pueden decir orgullosos que tiene las tinajas más antiguas encontradas, hasta la fecha, en la localidad.

Los padres de Concha, Rosario y Nicolás, compraron una casa en la conocida calle de Enmedio de Utiel allá por 1952. Años más tarde adquirieron el espacio de la bodega, si bien, estaba lleno de tierra y escombros. La pequeña Conchi soñaba entonces con que llegara el sábado y poder bajar a lo que llamaban la despensa que, aunque llena de tierra, dejaba entrever la parte superior de una gran tinaja. La que entonces era una niña ya imaginaba que aquel espacio guardaba un gran tesoro y, desde entonces, su sueño fue el de excavar y descubrir lo que había en aquella despensa mágica.

Estado en el que se encontraba la bodega antes de ser excavada.

Durante muchos años la bodega siguió colmatada y su única ‘función’ fue la de ‘mantener a raya’ a los niños de la casa. Así, para que los nietos de la familia se portaran bien se les asustaba diciendo que en la despensa vivía un ogro y que si no eran buenos se los iba a comer. Curiosamente, estos monstruos están muy documentados en la tradición popular de la zona.

No sería hasta el año 2018 en el que el marido de Concha, aquella pequeña que en los 60 esperaba con ansia la llegada del sábado para bajar a la despensa, comenzara a desescombrar el subterráneo de su casa. Sin embargo, el ‘tesoro’ se resistía, y por más tierra que sacaba José María allí no aparecía nada. “Continúa, no desesperes, que es una bodega que nos va a dar muchas alegrías”, decía Conchi a su marido, convencido de que allí no había nada de interés.

Pero por fin apareció una tinaja, pero rota, y luego otra, y otra…, hasta que emergió el ábside con varias tinajas más en perfecto estado. Habían descubierto el tesoro, lo que dio la razón a Conchi y la llenó de satisfacción. “Es un sueño y un orgullo muy grande, y supone un homenaje y un reconocimiento a mis padres, Rosario y Nicolás, que compraron la bodega”, afirma.

Tinajas utielanas de 1724

La bodega de Rosario y Nicolás cuenta con un total de nueve tinajas, cuatro de ellas completas y cinco partidas. Tres de ellas son de fabricación utielana, y las elaboró en 1724 el tinajero local Gabriel Ponce, según reza en las propias vasijas. Se trata, pues, de las tinajas más antiguas que se conocen, hasta la fecha, en la localidad. Las encontradas en Puerta Nueva, por ejemplo, y también visitables en el municipio, son de 1755.

Estas tinajas utielanas tienen una capacidad aproximada de 1500 litros. Por dentro son lisas, pero en el exterior tienen una serie de nervios horizontales que facilitan el arranque a la hora de fabricarlas y sirven al mismo tiempo de decoración. En la parte inferior albergan dos salidas (espitas o piqueras) para el vino. El hecho de tener un doble orificio se debe al abundante poso natural que deja la uva bobal, autóctona de la zona y con la que se elaboraban los vinos en la localidad. El sedimento quedaba en el fondo de la tinaja. Si se abría el orificio inferior salían estos restos, mientras que si el que se abría era el de arriba, se extraía el vino ya sin impurezas.

En una de las reformas realizadas en la bodega cuando estaba en uso se reforzó la bóveda con arcos de ladrillo revestidos de yeso y en los nuevos nichos se instalaron grandes tinajas procedentes de la localidad albaceteña de Villarrobledo. Estas tinajas tienen una capacidad de entre 2000 y 3000 litros y, al contrario de las de factura utielana, un único orificio de salida para el vino.

Además de estas grandes tinajas, en la bodega de Rosario y Nicolás también puede verse una trulleta o pila de decantación del vino, con una vasija para la recogida del sedimento, en el fondo. El vino llegaría a este cubículo rectangular desde el trullo, el lugar donde se dejaba fermentar el mosto, que se encontraba a una altura mayor. Esta estancia ya no existe y su lugar lo ocupa una vivienda anexa a la de Concha y José María.

En las obras de acondicionamiento de la bodega también ha salido a la luz parte del llamado ‘río de vino’ o canaleta que discurría por encima de las tinajas y desde la que caía el vino a los recipientes, así como una pequeña pila escondida en el suelo que recogía el líquido que se escapaba de las tinajas en el llenado o vaciado de las mismas. Además, han aparecido jarras y otros recipientes e incluso un arma de fuego antigua y desgastada en el interior de una de las tinajas.

Río de vino o canaleta para el llenado de las tinajas.

Las paredes de la cueva presentan también numerosas marcas (rayas y cruces) relativas a la contabilidad de la bodega, si bien se desconoce el significado exacto de las mismas; es decir, si se realizaban cada vez que se llenaba una tinaja o, por ejemplo, por cada arroba de vino que salía de la misma.

Esta bodega, que se cree que estuvo en funcionamiento hasta los años 30/40 del siglo XX, puede visitarse ahora gracias al trabajo de acondicionamiento realizado por Concha Blanc y José María Zambrano, una labor que les hizo ganar el premio Serratilla 2019. No se ha estipulado un precio de entrada, si bien los propietarios agradecen un donativo con el que, además, podrían seguir excavando en la bodega colindante por la que, según apuntan los arcos existentes, prosigue este ‘dormitorio de vinos’.

Para concertar una visita se puede contactar con José María (639 35 82 70) o con Marta (676 46 38 92), una de las nietas de Rosario y Nicolás que creció pensando en el ogro del subterráneo y que, como guía de turismo, puede contar muchas cosas sobre la tradición vinícola de Utiel.

Bodegas subterráneas

El subsuelo de Utiel oculta toda una serie de pasadizos que, desde la Edad Media, se han utilizado como almacenes y bodegas. Es frecuente, pues, encontrar muchas casas del municipio con un sótano o subterráneo en el que, tras realizar trabajos de excavación y desescombro, aparecen tinajas en las que durante varios siglos se ha elaborado vino de manera artesanal. Así, se calcula que en el centro histórico de la localidad puede haber unas 200 de estas bodegas, y otras 200 más diseminadas por otras zonas del municipio.

Y es que esta localidad del interior de Valencia tiene una gran tradición vitivinícola -y tinajera-, que vivirá sus momentos de mayor esplendor en el siglo XIX, en cuyas medianías producirá ⅔ del vino de la comarca. La llegada del ferrocarril a Utiel en 1885 y con ella la posibilidad de exportar sus vinos por toda Europa hizo que estas pequeñas bodegas caseras subterráneas se quedaran pequeñas y obsoletas y que poco a poco se fueran abandonando para dar paso a un tipo de bodega más industrial y más parecida a lo que conocemos hoy en día. Las bodegas subterráneas quedaron prácticamente en desuso tras la Guerra Civil.

El Ayuntamiento de Utiel ha ido adquiriendo y acondicionando algunas de estas bodegas y hoy en día pueden visitarse varias de ellas, concretamente las de Puerta Nueva, documentadas desde el siglo XIV, y las ubicadas en la Oficina de Turismo y en los bajos del propio consistorio, en la antigua casa Ariño. Unas bodegas que atestiguan el rico pasado (y presente) vinícola de Utiel y la riqueza de su subsuelo, uno de los más importantes de España.

Un comentario en La bodega de Rosario y Nicolás: un sueño hecho realidad

Bodega Rosario y Nicolas el 19 agosto, 2020 a las 11:34 pm:

Un reportaje e historia emocionante. Todo lugar tiene tras de sí una historia que es lo que le hace interesante, muchas veces más que el lugar o su antigüedad.

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