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Déjate seducir por el mundo del vino

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Es normal… ¿o no?

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José Antonio López
Mi amigo Manué (el de acento en la é y no es andaluz) ha encontrado trabajo.

Estaba más feliz que si le hubieran rebajado los impuestos. Un patrono ha visto que es un gran profesional de la hostelería y le ha contratado para los fines de semana en un bar-restaurante en el centro de Valencia. Y todo pese a no saber idiomas, ni sicología ni marketing de mesa ni dominar las artes de la adivinación y ser más paciente que Job.

Manué es un profesional que se está formando para ser mejor.

Como debe ser.

He dicho que estaba contento, porque su debut no ha podido ser más desastroso. Al trabajar solamente los fines de semana, se ha de dar mucha marcha para captar y atender el mayor número posible de clientes. Además de ofrecerles el mejor servicio, dejar el pabellón de su empresa lo más alto que pueda y conseguir que la parroquia repita la visita.

Eso se llama, profesional.

A lo que íbamos. El sábado, en la mañana, lo pasó de maravilla. Trabajó como lo que es, un guerrero, y la prueba de su trabajo se materializó en buenas propinas. Un bocadillo de pie y a preparar la tarde que se presentaba “de dulce”. Manué me decía que la gente había “cobrao” y que esperaba que se diesen un homenaje por el centro. Las tiendas, llenas, las cafeterías, a tope. Y él, a ganar su dinerito y sus buenas propinas.

Manué, no sabía que esa tarde se sábado, como otras muchas, había prevista y autorizada una manifestación que pasaba, justo, por la puerta de su cafetería. En sábado, el día teóricamente de más negocio, uno de los días que podía trabajar en la semana y a la hora de más movimiento.

Hay que entender que los mensajes reivindicativos han de hacerse donde haya más gente para oírlos y que participen de los mismos. De ahí, la elección del día, lugar y hora. (Perdonen si me equivoco).

Manué se dio cuenta, al servir el segundo refresco, que la cosa no iba a ser tal y como él esperaba. El jefe le adelantó que, en cuanto pasara la manifestación, todo volvía a la normalidad. Era gato viejo y había visto y vería otros actos como el presente. Paciencia.

Mientras desfilaban los componentes de la manifestación, Manué, que no puede estar quieto porque es un profesional, limpió los aseos sin que nadie se lo dijera. Aún no se había secado el suelo y un señor exigió entrar. Está en su derecho.

Manué pasó a fregar el suelo del bar en un momento en que el local se quedó vacío. Abrió puertas para que se secara el suelo cuanto antes. Recién dado el último mochazo de fregona, unos señores entraron mirando al techo y se pasearon por todo el recién limpio bar, marchándose tras hacer una mueca como si no encontraban lo que buscaban.

No quedó un palmo sin pisar y para colmo de males, el señor del aseo no apuntó bien.

Manué espera al próximo fin de semana. El primero no ha sido tal y como él esperaba, pero tiene ilusión y un trabajo, aunque sea sábados y domingos y le toque trabajar más para conseguir mejores propinas.

Es un profesional.

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