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El gorrón: el retorno

Fuegos-artificiales

José Antonio López

Dentro de unos días, celebraremos uno de los santos más populares y una de las mejores fiestas del mundo, Las Fallas.

Miles, millones de personas, ostentamos el magnífico nombre de José. Pepes, Pepitas, Josefinas…

¡Cuidado, el gorrón lo sabe y… ataca de nuevo!

Es posible que este aviso le llegue tarde, porque, como estratega, el gorrón ya ha comenzado su andadura.

A primeros de enero, el gorrón tiene confeccionada una lista perfecta de cuántas personas van a celebrar su santo en tan señalada fecha.

El día 19 de marzo. Son los candidatos a ser “gorroneados” a mansalva. Tanto, que no le preocupa hacer la compra diaria porque “sus amigos” le van a proveer de todo lo que necesita. Y, además, en caso de no llamarse José, siempre queda la solución de felicitarle por ser padre.

La encerrona es perfecta.

Prepárese pues, porque, con la excusa de que estamos en fiestas y es posible que no “volvamos a encontrarnos” hasta después de las mismas, el gorrón puede aparecer en cualquier momento y situación con la excusa de felicitarle y “…ya que estamos”, pues nada a lo suyo.

Atento a su hora de tomar café, almorzar, cervecita, comer o incluso cenar que para el personaje no hay tiempos ni distancias.

Aparecerá en cualquier momento, le echará el brazo por el hombro y sin cortarse un duro, se pondrá hasta las botas de consumiciones, se fumará los cigarrillos de sus acompañantes y hasta le sacará un chupito gratis al dueño del bar que da la cara por usted. Eso sí, les contará los mismos chistes de siempre y contará, a voz en grito, todas las vicisitudes que han pasado juntos y que son el fundamento de su “fortísima amistad.”

Vade retro.

Recuerde que, el gorrón, siempre aparecerá “por casualidad”, por lo que hay que estar preparado y crear una estrategia que nos permita evadir tan minucioso plan de “gorroneo”.

Lo más sensato sería cambiarse el nombre. Lleva algunos problemas pero… por probar… Lo inmediato es estar de acuerdo con el sufrido funcionario del negociado, ya que le pedimos algo de ejecución inmediata.

Vale el ejemplo de mi amigo José Mierdecilla que tocó la fibra del profesional de turno y consiguió el cambio de nombre en tan sólo una hora.

Ahora se llama Carlos Mierdecilla.

El funcionario se retiró al Tibet.

Es posible que intente esconderse entre las multitudes que acuden a la mascletá cotidiana.

No se equivoque, el gorrón conoce, perfectamente, sus itinerarios normales y extraordinarios.

Le pillará.

Otra opción sería la de atacar con sus mismas armas. Argumente que, como él, se ha dejado la cartera en casa. Lo malo que tiene esta opción es que terminarán ambos en el cuartelillo de la policía y encima, le tocará pagar a usted.

Lo de irse al aseo a la hora de pagar ¡ni lo sueñe! posiblemente estará tan lleno que tendrá que hacer cola y además, él, se le habrá adelantado.

Decir que uno se va de viaje hasta después de las fiestas no vale para nada. Recuerde que el estratega lo tiene todo previsto y sabe quién y cuándo viajan en tren, avión e incluso coche particular. Esto último lo hace con el control de las gasolineras que vaya usted a saber cómo, controla matrículas y cantidad de litros consumidos por sus víctimas.

Pocas cosas le quedan salvo decir que está a régimen lo cual, al gorrón, le importa un “egg” (perdón por la licencia) y será peor porque puede que llegue a consumir lo suyo y lo de él.

Ante este panorama no nos quedará más remedio que asumir que nos toca “bailar con la más fea”.

Aguante el temporal, amigo, y no se enfade demasiado cuando reciba el abrazo del gorrón, después de haberle sableado vilmente, y se aperciba de que saca una minilibreta de su bolsillo y tacha, sin rubor, su nombre, preparándose para la caza del próximo.

Permítanme una licencia.

Con respecto a los gorrones, y en estas fechas tan señaladas, se me ocurre un eslogan exclusivamente para ellos: “ En San José, me acuerdo de tu padre”.

Pues eso.

3 comentarios en El gorrón: el retorno

Leti el 6 marzo, 2015 a las 8:26 am:

Tienes más eazón que un santo, Don José Antonio López. Y además por la Vega Baja eso pasa mucho…
Gracias siempre por tus buenos consejos!

Bombonparati el 6 marzo, 2015 a las 9:32 pm:

Usar y abusar de los demas, desde que nos bajamos de los arboles, siempre los listillos dejaron hacer y se apropiaron el merito.Las buenas personas tenemos nuestro corazón y el orgullo de la dignidad, y eso no hay gorrón que se lo apropie. ¿ verdad Jose ?. Siempre ocurrente, siempre genial

loslectores el 9 marzo, 2015 a las 2:23 pm:

Habrá que llevar cuidado con el famoso o famosos gorrones, en especial para los Pepes, Josés, Pepitas, … en estas fechas. Los que tenemos un nombre menos extendido no tenemos estos problemas y solo los allegados nos pueden gustosamente “gorronear”. Observaré en lo sucesivo los de la “minilibreta” por si acaso. Sigue escribiendo, nos encantará leerlo y hacerte algún comentario.

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